martes, 6 de abril de 2021

 

Respeto por la palabra     91

Luciérnagas

La rutina de nuestra cotidianidad la ilumina la mayor luciérnaga creadora, el Sol; a veces en horas diurnas, también miramos a la segunda luciérnaga, la Luna; y en la noche podemos mirar y admirar la Luna acompañada de las otras luciérnagas, los luceros; estas cosas son maravillosas y para la visión de los niños es magia el bailoteo de las luciérnagas; recuerdo a mis siete años de edad, aquellas estadas en campos a orillas del río Apure, en La Bendición, en Casita de Paja, cómo me entretenía siguiendo el vaivén encendido de las luciérnagas; luego en mis tiempos de bachillerato estuve tiempos en Palo Seco y en las noches aun me divertía mirando la procesión de luciérnagas, también estuve pernoctando en campo abierto en Los Chorritos y en las noches cómo me extasiaba dejando volar mis sueños con el candil de las luciérnagas; con el tiempo me fui a estudiar a la universidad en Mérida de Venezuela; años después torné a Villa de Todos los Santos y en los tiempos de luciérnagas sigo dejándome llevar en sus vuelos; como ahora donde vivimos desde hace más de veinte años, en la Misión de Arriba de Nuestra Señora de los Ángeles, en casa a pocos metros del río Guárico y en las noches aun siento que soy el niño de aquellos campos a orillas del río Apure, porque en las noches desde alguno de los corredores de la casa, casi siempre acostado en el chinchorro, mientras me mezo y me mezo, una de las cosas que me alegran el alma es poder mirar y admirar la continua danza de las luciérnagas... En la película El samurái ciego..., que ha quedado ciego por envenenamiento, libra combate con otro samurái que lo ha ofendido en su honor, se enfrentan y el samurái ciego sale airoso de cobrar la ofensa, regresa a casa y en la paz nocturna, bajo el alero del hogar, pregunta a la esposa, si todavía hay luciérnagas y la esposa para no disiparle la ilusión, le responde: sí y en este momento están bailoteando frente a la casa...; conmueve esa imagen de cómo este hombre de violencia que puede llevar hasta la muerte, en su tiniebla visual, tenga tiempo para detenerse en la idea de cuando solía distraerse mirando etéreo desfile de luciérnagas...

*Luciérnaga (del latín lucérnula: lamparita).

**Rutina es diminutivo de ruta, en este contexto ese es el significado.   

Adelfo Morillo

lunes, 5 de abril de 2021

 

Respeto por la palabra     90

Por el canto de las chicharras

En lo que llevamos de año 2.021, aquí en Villa de Todos los Santos hemos pasado por fenómenos extraordinarios, pareciera chiste, mas esta vez las chicharras lograron con alegría sus plegarias: cantaron,  cantaron que cantaron, cantaron y cantaron pidiendo lluvias al cielo y cosa asombrosa cayeron lluviecitas incluso el 31 de marzo, hasta esa última noche marcera disfrutamos de frescuras inusitadas; y como para que no olvidemos que estamos en tiempos de sequía, a las torcazas las escuchamos con su canto: templa sol, templa sol..., y nos llega abril con fuegos de sol templado; y si revisamos Florentino y el Diablo..., obra en octosílabos escrita por el poeta barinés Alberto Arvelo Torrealba, en dos de sus líneas, leemos: las chicharras atolondran / el cenizo anochecer...; sí, vuelven las chicharras, las miramos cómo cantan sobre los tallos de los árboles, en la plaza Simón Bolívar,  en la plaza José Antonio Páez, en la plaza Francisco Lazo Martí, en la plaza Rafael Urdaneta, también en la plaza Carlos Segundo Madera de Misión de Arriba de Nuestra Señora de los Ángeles, en dichas plazas miramos las chicharras sobre los tallos de los árboles, cuando cantan, cantan que cantan, cómo cantan, cantan y cantan pidiendo lluvias al cielo...;  porque sí, ahora estamos bajo este abril con fuegos de sol templado, como dándole gusto a las torcazas en su cantilena: templa sol, templa sol...

Adelfo Morillo

sábado, 3 de abril de 2021

 

Respeto por la palabra     89

Labor y cántico salvadores

Hace ochocientos años aproximadamente Francisco, il Poverello (El Pobrecito) de Asís, compuso Il Cantico di Frate Sole (El Cántico del Hermano Sol): Alabado seas, Señor, por todas las criaturas, / por mi hermano sol; / por él haces el día y nos alumbras... / Alabado seas, Señor, por el hermano viento / y por el aire / y por la nube, / por la hermana luna y las estrellas... / Alabado seas, Señor, por el aire / y por el sereno y por todo tiempo, / según el cual das a las criaturas su sustento...                          En ese entonces de Francisco de Asís no había el grado de destrucción de aguas, aire y tierras; se podía cantar a la naturaleza; hoy cuando somos los primeros causantes del envenenamiento de aguas, aire y tierras, sí podemos seguir cantando a la naturaleza; mas es tarea de nosotros, adultos de cada edad, jóvenes, niños y niñas sembrar, sembrar y sembrar árboles a cada momento en el día tras día; si amamos sobre todo a nuestros niños, hijos y nietos; pareciera que estamos en un callejón sin salida, las causas de aniquilamiento del planeta son tantas, difíciles y complejas, por tal debemos ocuparnos desde ya a sanear aguas, aire y tierras y a sembrar árboles, millardos de millardos de millones de árboles, labor y cántico salvadores de criaturas vegetales y animales, de las cuales somos parte nosotros, hombres y mujeres de este mundo de Dios...    

Adelfo Morillo

viernes, 2 de abril de 2021

 

Ofrendas

Hoy viernes santo a primeras horas de la mañana, salí al patio y ahí estuve rociando las plantas al este de casa, tomé un banquito y me senté y me anega perfume de una florecita de jazmín amela; recuerdo que a mi mamá también la alegraban los lirios sabaneros, porque cierta vez en la tardecita, veníamos desde San Fernando de Apure, yo venía manejando y mi mamá venía conmigo al lado, veníamos pasando por los esteros de Camaguán, era entrada de aguas, ella mira al lado derecho de la vía y dice: Mira, los lirios sabaneros, qué lindos se ven... Y sí, en sequía en la sabana pareciera que la vegetación estuviera muerta, se la mira amarillita de lo seca y mustia, mas basta que caigan las primeras lloviznas, para que se cubra de verdes y demás colores de vida efervescente... Mi mamá era apureña y cuando andaba conmigo, desde su asiento en el carro, expresaba raudales de alegría cada vez que andábamos paseando por partes de los llanos de Apure, siento que ella recordaba momentos de su niñez, cuando estaba con sus padres montes adentro, a orillas del Apure, si ella algo comentaba, lo hacía con nostalgia por esos momentos pasados, mas lo hacía con alegría de querencias aun presentes para ella... Hoy viernes santo recuerdo que también la Semana Santa a mi mamá la alegraba; a mí también me alegra Semana Santa y ahora te ofrendo, mamá, perfumes de florecitas de jazmín de amela y colores vivos de lirios sabaneros...   

Adelfo Morillo

 

 

Semana Santa marcera-abrilera

Hoy jueves santo, primero de abril de esta Semana Santa, reviso de nuevo la novela que Editorial La Oveja Negra, en 1.984, Bogotá, con el nombre de La piedra que era Cristo.., le publica al escritor barcelonés de Venezuela Miguel Otero Silva; en la página 157, Jesús dice a María Magdalena: Tus pecados te son perdonados... Tu fe te ha salvado, vete en paz... Y así fue como María Magdalena nació de nuevo por obra del arrepentimiento que es una revolución de la conciencia, por obra de la fe que hace crecer alas en el alma, por obra del amor que transforma el hollín en harina de estrellas... Hasta aquí parte de esa página de sin par obra...         Viene a cuento cuando estaba en Mérida de Venezuela, finales de los años setenta, entramos al cine Glorias Patrias para mirar la película El pájaro azul..., basada en el libro Blue Bird..., novela que no he leído; y el tema de la película trata de dos niños, varón y hembra, hijos de padres pobres; estos niños ven en el parque a unos niños ricos que disfrutan de tantas cosas de lujos materiales que para ellos por ser hijos de padres pobres son inalcanzables y se subestiman por ser pobres; entonces aparece una hada buena y les transforma el hogar puertas adentro en un lugar ahora visible para los ojos del amor: miran que el fuego en la leña despide estrellas de colores, la harina toma formas de mariposas o de pájaros, el azúcar se vuelve diamantes cristalinos, el agua en las tazas son mares y ríos de linfas azules y transparentes, la brisa que se cuela por las ventanas es música de melodías maravillosas, con que bailan las zanahorias, las cebollas, las papas, los cambures...; la que hace de hada buena en la película es Elizabeth Taylor la de ojos violetas... Mientras escribo, me inunda el perfume de una florecita de jazmín amela; en el jazminero ya hay un nuevo botón, para darse en perfumes por esta Semana Santa marcera-abrilera...    

Adelfo Morillo

miércoles, 31 de marzo de 2021

 

Respeto por la palabra     89

Fantasía

Anoche temprano había brisotes, rocío volandero y frescura, aun no asomaba la luna llena; salgo de casa y me inunda perfume de jazmín; esta mañana de miércoles, último día de Semana Santa marcera, después de mis oraciones, salgo al patio y miro bajo la palma una florecita de jazmín amela (de miel), recuerdo que a mi mamá la alegraba tanto esta flor; y sí, amigos lectores, si queremos escribir, miremos la naturaleza en sus infinitas manifestaciones; RBA Editores, S. A., en 1.993, Barcelona, España, publica la novela El nombre de la rosa..., del escritor italiano Umberto Eco, en la página 59 leemos, cuando Ubertino le dice a Guillermo: La naturaleza es buena porque es hija de Dios... Los poetas y las poetisas cantan cosas maravillosas: impresiones del palmar, a las tantas cosas bonitas, a las brisas, a los caminos terrestres o a los ríos, caminos que andan hasta llegar a la mar, a flores campanitas fucsias, azules o de cristal, a las candilejas, ilusiones que nos mantienen jóvenes hasta el último aliento de nuestras vidas, a las madres, a los padres, a los hijos, al amor, a los amigos... Amigos lectores, andemos con sensibilidad de escritores, de poetas, esa de mirar, de admirar y de asombrarse y luego pintemos con palabras y contemos grandes o pequeñas cosas de forma como puedan llegar a la fantasía teatral y mágica de los niños y de mujeres y de hombres con corazón de niño...

Adelfo Morillo