martes, 29 de noviembre de 2016

De niño a abuelo



De niño a abuelo

Ahora me dicen abuelo,
me veo en esa imagen,
pasa ante mis ojos como una película;
parece como si el tiempo fuera tan poco,
desde estos recuerdos a mis seis años,
cómo jugaba en el patio de la casa,
de una lata de sardina hacía un camión volteo,
allá a orillas del Apure, en El Picacho,
o cuando me ponía a pescar,
lanzaba el guaral anzuelo y carnada y esperaba,
mientras esperaba, pensaba, soñaba…
Las toninas con sus resoplidos me distraían y alegraban,
las garzas me llevaban en sus vuelos,
otras pescaban, engullían las presas;
de pronto el guaral se deslizaba raudo sobre las aguas,
a veces reventaba el guaral el pez amante de libertad;
recuerdo las veces
de cuando amarraba con el guaral el pedazo de cuero de bagre o dorado,
que mi papá había pescado,
mi mamá si lo guisaba,
después del almuerzo yo me comía la carne guisada de pescado,
apartaba el pedazo de cuero
y al rato me iba hasta la cubierta de una chalana
abandonada en el río frente a la casa,
agarraba el pedazo de cuero,
lo amarraba con el guaral,
lo lanzaba al río
y con fuerza lo halaba de un tirón
y ahí pegados al pedazo de cuero venían varios caribes,
halaba hasta el fondo de la cubierta de la chalana
y uno a uno caían saltando
y asimismo iban cayendo de nuevo al río,
y halaba una y otra vez
y una y otra vez los caribes volvían a las aguas del río,
de aquellos tiempos de mis seis años,
cuántas cosas han pasado por mi vida,
hasta ahora cuando alguien me dice abuelo,
sonrío, miro dentro de mí,
en un celaje como si fuera una película;
no sé cuántas cosas gratas atesoro,
cuántos momentos sencillos, inolvidables;
claro que también existen los sufrimientos,
también tienen su propia esencia,
y así tejemos la vida con sustancia de fe y de amor,
para que prevalezcan por sobre todo los gratos momentos.

                                                                          Adelfo Morillo


Seminario: Prácticas sociales de la lectura y de la escritura I



Seminario: Prácticas sociales de la lectura y de la escritura      I

El universo de las letras

       Entramos al universo de las letras cuando nos iniciamos en el aprendizaje de la escritura, y este aprendizaje lo vamos logrando junto con el ejercicio de la lectura, escribimos y leemos, y con el tiempo nos podemos hacer lectores y escritores; somos lectores, si realizamos la lectura con gusto por lo que leemos, lectores selectivos de lecturas o lectores de cuanta cosa hallemos escrita; en el escenario más positivo deberíamos llegar a ser lectores cotidianos que aprendemos de la lectura, y que producimos a partir de la lectura nuestras reflexiones en ideas que suman nuevas visiones a las significaciones de tal lectura; y en este universo de las letras podemos llegar a hacernos escritores, y esto es así cuando creamos palabra tras palabra, línea tras línea, discursos para la buena práctica de algún oficio o profesión, en artículos de opinión, en ensayos específicos de algún aspecto relacionado con comportamientos y conocimientos propios de niños, jóvenes o de mujeres y hombres.
       El universo de las letras en teoría matemática es infinito, en teoría física es ilimitado, y en teoría físico-filosófica digo que es grandiosidad y en constante expansión, y esto es así porque a cada momento al universo de la escritura se le está sumando otra retahíla de escritura, y a los lectores cotidianos esta avalancha de escritura sobrepasa sus reales posibilidades de abarcar tal cúmulo de información; y el universo de la escritura cuenta también con los incontables escritores que hay y que a cada momento surgen en el mundo de cuentos, leyendas, mitos y relatos, de obras de teatro, de humor, crónicas, historias de vida, biografías, de novelas y de poesía; como terminamos de mostrar el universo de las letras por su grandiosidad y en constante expansión es inabarcable para el lector cotidiano; al universo de las letras además se suma la escritura en tantos idiomas, que el lector cotidiano no puede abarcar sino hasta un limitado número de idiomas, gracias a las traducciones impresas o digitales del amplísimo mundo de los medios de información y de comunicación.   

        La palabra derivada seminario proviene de la lengua latina seminarius, y esta se deriva de la palabra originaria semen, en lengua latina, que fue tomada por la lengua castellana con igual pronunciación, con idéntica escritura y con su natural significado de semilla.
        La escritura se conforma por dibujos, cada letra en su forma mayúscula o minúscula representa un dibujo, signo o carácter; y cuando agrupamos sonantes o vocales con consonantes y formamos una palabra y a esta le agregamos otras palabras, tenemos una idea que en sí es parte del cotidiano proceso de comunicación entre personas alfabetas, esta forma escrita de dibujos ha pasado a lo largo de miles de años por todo un proceso de ensayos y errores, que aun hoy en día tiene complejidades; mas en nuestro aprendizaje actual, aceptamos las múltiples formas de escritura con que hoy contamos; es tan cotidiano acceder a los medios de información y comunicación audiovisuales, una de ellas la telefonía celular en sus modalidades de redes sociales, en donde mandamos mensajes escritos o recibimos mensajes escritos; cada usuario de esta tecnología por distintas situaciones personales escribe según su real manera de redactar el mensaje, de tal manera que el receptor del mensaje entiende, medio entiende o mal entiende las ideas que lee, y aquí estamos en presencia de varios aspectos, ortográficos, lingüísticos, de palabras respetuosas o groseras, son tantos los mensajes que se pueden observar y considerar para conversar, discutir y llegar a consideraciones pertinentes de buen aprendizaje; en cuanto al amplio espectro de la televisión y de las computadoras de mesa o portátiles se debe considerar el universo de informaciones y comunicaciones que se generan a cada instante, en que lo sensacional e inmediatista son los aspectos que marcan pautas en la opinión de tantas personas; y en el mundo de los medios impresos, hojas sueltas, folletos, revistas, periódicos es tan vasto este medio de difusión que transmite sinnúmero de informaciones y comunicaciones.
       En tantos espacios de escritura nos ubicamos de lectores, hay lectores que apenas llegan a descifrar las palabras, por ende reciben el mensaje; luego existen lectores que tienen competencias de lectura, que después reflexionan y hasta conversan, discuten e intercambian ideas con alguien o con otros más; y también se encuentran los lectores que posteriormente se ocupan en escribir alguna nota que guarda o publica por algún medio de difusión concreta; ante tantas formas de acceder a la escritura, cuando nos ubicamos de lectores, la forma más sana, inteligente y pertinente es no quedarnos en el mensaje literal, sino que luego de decodificarlo, podamos comprender su mejor sentido, y nosotros nos demos nuestras propias ideas y criterios, y siempre con el debido respeto a las ideas y criterios de los demás con quienes lleguemos a conversar, a discutir y a intercambiar ideas y puntos de vista.
       En los entornos familiar y escolar nos hallamos con situaciones de aprendizaje de escritura, en la familia y en la escuela tenemos a los niños en edad de seis o siete años, y sabemos que ellos tienen impulso natural por imaginar y dibujar, si es en el ambiente familiar como padre y madre podemos participar de su mundo de imaginación y dibujo, mientras ellos dibujan sus creaciones maravillosas, nosotros, padres o madres, podemos dibujar por cada dibujo de ellos una letra, y si se ríen de nuestro dibujo, bien, reímos con ellos, y después preguntamos cuál es el nombre de su dibujo, y cuando nos pregunten por el nombre de nuestro dibujo, respondemos A, si es la mayúscula la que hemos dibujado, y esto se vuelve un juego, válido para los entornos familiar y escolar, y así de letra en letra, mayúsculas y minúsculas los niños llegan a reconocer sin darse cuenta el abecedario o alfabeto, y han salido del escenario de analfabetas. El paso que sigue debe ser bajo el mismo criterio de juego y de dibujar palabras, palabra tras palabra hasta llegar a ideas sencillas, cotidianas; esto que visualizo es solo una idea práctica dentro de las tantas formas que hay y que aun se pueden crear para llegar al mundo mágico de la escritura con los niños en el hogar y en la escuela, mundo mágico que se enlaza en el binomio de escritura con lectura, escritura en su fase primaria con lectura por igual en su fase primaria.
       Ahora bien, en el universo anecdótico, vamos a describir y a contar dos situaciones muy recientes dentro de mi vida cotidiana con Aníbal, un vecino, y con Domingo, un obrero de la Escuela de Historia; desde hace poco tiempo Aníbal me preguntó, si había comprado el periódico, para que se lo prestara, le dije sí, lo busqué y se lo entregué en las manos; otra vez le pregunté, si compró el periódico, me dijo , y fue a su casa a buscarlo; y ahora es cosa ordinaria que realicemos esta buena práctica de vecino a vecino; y con Domingo sucedió que llegué el sábado a la actividad que realizo con los participantes de la Mención Lengua, y nos encontramos, Domingo y yo, en la puerta de entrada de la Escuela de Historia, nos saludamos, y luego camino hacia dentro de la institución, y miro que sobre la silla en el zaguán de entrada está un libro, lo tomo en mis manos, lo hojeo y ojeo, leo Biblioteca de Selecciones, reviso el Índice y leo el nombre de cada uno de los cuatro títulos de los cuentos que conforman el ejemplar, y pregunto a Domingo ¿este es un libro de la Biblioteca? Me responde Si, me gusta leer…, y yo le agrego Es una buena forma de invertir el tiempo

                                                                                              Adelfo Morillo


El canoero



El canoero

El canoero va agua arriba o agua abajo,
cuando va agua abajo,
va cantando bajito a luces y sombras,
canaletea y canta,
piensa viejas memorias, ingratas y gratas,
piensa y canta con mirada lejana,
no descuida el rumbo,
mira a cada parte,
mira el aguaje de los peces;
el canoero es hombre de tantos soles a cuestas,
anda con piel brillosa de soles y chubascos,
va enhebrando recuerdos,
quizás recuerda de cómo le gusta tocar arpa,
entre cantadores y bellas mujeres,
perfila una sonrisa de ilusión;
el canoero ahora va agua abajo,
canta bajito y contento,
casi conversa con la canoa amiga,
casi dibuja una lágrima de nostalgias;
el canoero es hombre sin miedo,
conoce todos los atajos de los esteros
y otros tantos los imagina y se adentra,
lleva arco iris en el horizonte,
con estela de manatíes o celajes de chigüires;
en la distancia miro al canoero,
se me ha quedado en una imagen del tiempo;
el canoero es mi papá,
él gobierna la canoa con el canalete
y yo soy el que empuja con la palanca,
él todavía me habla de tantas cosas,
me habla de parrandas y copleros,
me dice nombres de bellas mujeres;
vamos cerca de la orilla, agua abajo,
él sigue cantando bajito
y me mira con alegre sonrisa.

                                                    Adelfo Morillo


La Bendición



La Bendición

Cuando llegamos a La Bendición
era tiempo de sequía,
los altos barrancos a ambas orillas del río
fue para mí un golpe de ojo de asombro;
nos bajamos de la falca,
entramos a la casa de mi tía Eladia,
una gran patilla sobre la mesa de la sala
fue otro golpe de ojo de anticipado gusto;
mi papá no estaba,
no había llegado de donde trabajaba,
cerca de ahí hacía una casa;
ratico después alguien en el patio alzó una bandera
y la ondeaba de lado a lado,
así avisaban a los que estaban en la vega,
al frente del otro lado del río,
que era el momento del almuerzo.
En ese entonces era tiempo de la cosecha del algodón,
desde la casa de mi tía Eladia,
las motas de algodón semejaban nubecitas muy blancas,
sobre el verde follaje de los algodonales.
En la noche refulgía la luna llena,
bajo su inmensa estela de luz
pasamos el río en canoa,
íbamos mi papá Tomás, su sobrino Tomasito y yo,
también era de patillas,
mi papá las palpaba por debajo,
no sé cómo sabía elegirlas,
cuando arrancaba una,
la rompía contra el suelo,
y así arrancó varias más,
a cada una le arrancábamos con las manos el corazón,
el resto de la patilla lo lanzábamos al río.
Al día siguiente cosechamos algodón,
la paga era un real por cada saco lleno,
al final de la tarde yo solía había llenado un saco,
y con esa ganancia de un real
compré en la bodega una catalina, queso blanco y una malta;
desde ese entonces,
de cuanto tenía seis años,
nunca más he ido a La Bendición,
no tengo idea de cómo es ahora,
sí quisiera ir en algún momento a La Bendición.

                                                                             Adelfo Morillo 




Recuerdos



Recuerdos

Recuerdo aquella mañana,
cuando salimos de El Picacho,
de allá en San Fernando de Apure,
salimos, mi abuela materna, mi mamá de crianza,
María Catalina eran sus nombres,
salimos en la falca La Niña,
conducida por su dueño, mi padrino Luis Castillo,
salimos rumbo a La Bendición,
donde estaba trabajando mi abuelo materno,
mi papá de crianza, Tomás Morillo;
yo tenía seis años
y me entretenía mirando el paisaje,
con las babas tendidas a orillas del río,
con sus fauces abiertas,
como si durmieran,
con los galápagos en su asoleo
y con las cotúas, garzas, guacamayas y culebras
y con el agua del río que salpicaba;
anduvimos agua abajo entre parajes y riberas
y poco después de mediodía llegamos a La Bendición,
muy cerca queda Casita de Paja;
las casas estaban a tiro de piedra del río;
un día caminamos mi mamá y yo,
caminamos desde La Bendición hasta Casite de Paja,
y ese mismo día estuvimos de regreso;
recuerdo que esos campos eran vegas o corrales de ganado,
algodonales, vegas de patillas, platanales
y sabanas abiertas hasta donde la mirada alcanza;
         recuerdos que me vienen de aquellos días en La Bendición
y de ese viaje de ida y vuelta en la falca.
                                                                         Adelfo Morillo



Joven mujer



Joven mujer

Después de una vigilia,
muy temprano de mañana,
anduve con una joven mujer,
mira con atisbos de gacela,
en sus ojos lleva cadencias de albahaca,
anda la vida con silencios de piscis,
con perfumes de febrero,
camina azules prestancias
que escucho en mi memoria,
ella no sabe que canta en estas notas,
ella no sabe que en estas líneas la sueño,
solo yo sé que ahora escribo para ella,
para que no la venzan los quebrantos,
para que deje ir las tristezas;
para mí es hermosa y nada más,
sé que es real
y existe en mi alegría,
me recuerda que puedo soñar
y no me rindo nunca jamás;
está viva,
existe para mi alegría y mi paz.
Después de una vigilia,
muy temprano de mañana,
me encontré con esa joven mujer,
me llenó de contento,
quisiera ser su único dueño,
que se me ofrezca
y me alegre, esta joven mujer,
que me mire con atisbos de gacela,
con sus ojos con cadencias de albahaca,
yo la sueño,
me sonrío en mi recuerdo,
me encumbro a las nubes,
me dejo llevar en vuelo de pájaros,
me vuelvo lluvia en los ojazos de esa joven mujer,
me vuelvo sueño en sus atisbos de gacela,
ella no lo sabe,
solo yo vuelvo a su encuentro
en mis horas quietas, en mi silencio,
me sumerjo en sus perfumes de joven mujer.

                                                                Adelfo Morillo