martes, 29 de noviembre de 2016

El amor a la vida y a la bondad



El amor a la vida y a la bondad

Frente a mi casa,
del otro lado de la calle,
ahí en ese jardín hay rosas rojas
y con sus colores me alegro
y me detengo a pensar,
y el verde del olivo me recuerda
que los evangelistas hablan de Jesús,
de sus oraciones en el monte de los olivos;
y pienso en los pobres,
si cada familia pobre tuviera techo propio,
qué bueno sería,
si los pobres que son mayoría,
tuvieran el pan de cada día,
qué bueno sería;
viviéramos en el reino de Dios,
como dijo Jesús.
Frente a mi casa,
del otro lado de la calle,
ahí en ese patio florece un araguaney de jardín,
y con sus oros me alegro
y me detengo a pensar,
si los hombres y mujeres fuéramos menos y más,
si fuéramos menos egoístas,
si fuéramos menos vanidosos,
si fuéramos menos mentirosos;
si los hombres y mujeres fuéramos más y menos,
si fuéramos más comunitarios,
si fuéramos más auténticos,
si fuéramos más dados a la bondad,
si fuéramos más portadores de la verdad;
si cada ser humano pobre o rico,
dejara de contaminar a este planeta
que cada día tanto asfixiamos
y que nos puede asfixiar,
este planeta ya no aguanta más,
casi lo vamos a reventar
y nos puede reventar.
En el patio de mi casa,
de este lado de acá,
me alegro,
cuando dejo de pensar en tantas cosas tristes
que nos hace lamentar y llorar;
y cuando sé
que triunfarán el amor a la vida y a la bondad.

                                                        Adelfo Morillo   


Hermosa mujer



Hermosa mujer

Pasa inexorable el tiempo
y el pasado se nos vuelve solo un recuerdo;
dejemos los ingratos momentos en el olvido,
revivamos una vez y tantas veces más los gratos momentos;
yo me acuerdo de las lindas muchachas 
de cuando éramos estudiantes
y más luego de tantas hermosas mujeres
que me regalan sonrisas o amables miradas;
de otras hermosas mujeres aun llevo sus perfumes en mi piel,
de aquellas que me han regalado su compañía
y me han dado su placentera cercanía,
mientras escuchábamos distintas canciones,
a cielo abierto o en espacios cerrados,
y cómo repetíamos algunas de esas canciones,
y nos mirábamos
y cada cual andaba por sus propios vuelos;
ellas son mis musas, esas hermosas mujeres,
ellas sobrevuelan las líneas de mis poesías,
esas hermosas mujeres son letra y música de mis madrigales;
alguna hermosa mujer a veces me depara tristeza,
mas su hermosura está por encima de la más dura tristeza;
para mí la hermosura anda en cadencias de mujer,
y mientras escribo, el tiempo pasa,
el tiempo pasa frente a mí
en recuerdos con formas de alguna hermosa mujer;
momento tras momento sumamos recuerdos;
el presente es tan efímero,
el futuro lo tenemos en la punta de la nariz,
y el dulce tiempo solo lo detengo,
cuando me quedo en los encantos de alguna hermosa mujer.

                                                                            Adelfo Morillo


Me supera el paisaje



Me supera el paisaje

Siempre tengo tiempo para mirar el paisaje,
me  supera el mar, la montaña o el llano,
y siempre me alegra el paisaje con sus formas y colores;
aspiro olores de pasturas,
verdores de lluvias o de securas;
me gusta estar en derredor del paisaje
en él me estoy en silencio y miro,
miro y pienso,
miro y siento,
y converso amable al paisaje,
en él siento esencias de vida,
en cada presencia que se mueve
o en las que se mantienen inertes;
mientras el tiempo transcurre,
el tiempo que se muestra en colores
y matizan mis pensamientos y sentimientos;
a veces me vuelvo burbuja cristalina de colores
o me vuelvo nube viajera de formas cambiantes
o me suspendo en hilos de arco iris;
me deslizo en aguas de ríos,
fluyo, corro, zigzagueo, refresco, riego,
y en mi fluir, cambio y vuelvo a cambiar,
me fundo en el paisaje,
me vuelvo cadencia,
me hago música,
soy música secreta de natura,
así comulgo con el abstracto silencio del Sublime.

                                                                   Adelfo Morillo


Dones de amor



Dones de amor

Cuántos innumerables gratos momentos hemos tenido,
cuántos innumerables favores hemos recibido,
esos momentos y favores son tantos, tantísimos,
y por eso en cada momento busco regalar dones,
con intención de pagar
esos momentos y favores recibidos por mí;
doy gracias por los espacios y tiempos de mi niñez
y de mi primera juventud,
cuando nací a orillas del Guárico,
luego con mis abuelos maternos a orillas del Orinoco,
yo tenía un año,
cuando me llevaron con ellos a Cabruita,
y de allá a los pocos meses se mudaron a orillas del Apure,
ahí vivimos en El Picacho,
hasta cuando tuve ocho años.
Recuerdo a tanta gente que se ha ido de este mundo,
recuerdo a algunos de ellos que me dieron amor;
me gusta convivir con gente que me brinda alegría,
de esta gente aprendo,
cuando con esta gente estoy,
se me hace fácil soñar y cómo sueño.
También doy gracias por los espacios y tiempos de mis estudios,
los de mi primaria y bachillerato en mi pueblo natal,
Villa de Todos los Santos,
y por los que viví en la Universidad,
allá a orillas del Chama, del Milla,
del Pedregosa, del Albarregas y del Mucujún,
allá en Mérida,
donde descifrábamos textos en griego antiguo,
frente a rojos bucares en lo alto de la montaña,
donde escudriñábamos latín clásico,
frente a la sierra nevada,
donde aprendíamos francés,
y aquella tarde cuando nos escapamos
y Pedro Luis, un compañero montaba caballo,
en una finca frente a la montaña azul;
también alimentábamos el ocio,
cuando caminábamos por la montaña,
y ahí en el río de frías aguas,
se bañaban río arriba nuestras compañeras de estudios,
y nosotros nos bañábamos río abajo,
y gozamos el momento
de cuando Enrique comenzó a tocar la guitarra,
estuvimos sentados sobre el pasto,
frente a la montaña azul escuchábamos armonías,
fue un concierto de guitarra entre flores.
Cuántos innumerables gratos momentos hemos tenido,
cuántos innumerables favores hemos recibido.
Una buena tarde me sorprendió el amor,
allá en Mérida,
una muchacha de Valera llegó a mi vida
y con el tiempo tuvimos nuestros hijos.
Doy gracias por espacios, tiempos y por tanta gente
con que he compartido
y con que vivo gratos momentos;
gracias a Dios y a la gente que tanto me ha dado;
Dios santo, dame las llaves de las puertas del amor,
con que yo pueda aprender y comprender
y para que en cada momento de mi presente
yo regale dones de amor.

                                                                           Adelfo Morillo  

Blancos perfumes



Blancos perfumes

Esta mañana vino con plumas de azahar,
un hilito de agua se desliza moroso entre follajes,
lirios sabaneros engalanan de blancos y rosas,
un caballo anda entre cielos abiertos,
aspiro estos blancos perfumes,
mis pensamientos tejen ideas y sueño,
mis sentimientos fijan bondad y paz;
esta mañana vino con ternura de tulipanes,
de no muy distante escucho una canción
y me regala notas con letras de mi niñez,
en ellas deletreo vivencias y recuerdo,
y añoro a aquella muchacha de mis primeros sobresaltos,
me encuentro con viajes y juegos y sueño;
esta mañana se me vuelve infinita bondad,
me regalan las nubes tantas formas caprichosas,
y me invitan a volar espacios sobre el tiempo;
me detengo,
pienso,
siento
y escribo,
me encuentro entre presencias y ausencias,
musito vuelo de mariposas,
escudriño mundos de hormigas y libélulas;
esta mañana transcurre
y paso a paso se acerca a la noche,
esta mañana aun conserva plumas de azahar,
y cuando llegue la noche,
me columpiaré en vaivén de luciérnagas,
y me detendré a escuchar la noche,
me esconderé entre sus sombras
y con ella me dejaré seducir con su concierto de armonías,
y me sentiré colmado entre blancos perfumes,
que andan entre malabar, jazmín y dama de noche,
más arriba las estrellas coquetearán con sus guiños lejanos,
eligo de entre ellas la más linda y brillante
y pienso en mi amada
y me embriagan esos blancos perfumes
que andan entre malabar, jazmín y dama de noche.

                                                                               Adelfo Morillo