jueves, 22 de diciembre de 2016

Reino de amor


Reino de amor

No me pidas que cante,
no tengo voz para el canto;
mi canto está en mis letras,
si las lees, sabrás si te gustan;
en mis letras canto por los que sufren,
por estos tiempos tan difíciles;
el pan de cada día se nos hace tan difícil,
y aun así, en Ti confío, Dios santo;
los Césares cómo mienten a las gentes,
cómo los Césares se empuercan de dineros;
está tan cerca el reino de amor,
y está tan lejos el reino de amor,
no es cuestión de espacio ni de tiempo,
en espacio está dentro de nosotros,
o está fuera de nosotros;
si tenemos el reino de amor dentro de nosotros,
anda con nosotros en cada momento,
en las aves que vuelan o se posan,
en las aguas cristalinas del riachuelo,
en la suave brisa que nos besa las mejillas;
si tenemos el reino de amor fuera de nosotros,
qué triste es nuestro pasar por la vida;
es elección nuestra estar en el reino de amor
o estar fuera del reino de amor.


                                                     Adelfo Morillo 

Ojos de amor de gentes amantes


Ojos de amor de gentes amantes

Cómo canto tantas necesidades de los pobres,
cómo podemos aliviar sus penalidades,
cómo abrigamos su frío,
cómo aligeramos sus calores,
hasta cuándo se les ofrece tantas mentiras,
hasta cuándo se les castiga con injusticias,
cómo canto sus inmensas carencias,
cómo grito sus angustias,
son tantos los que andan descalzos,
otros caminan con zapatos rotos,
con rosarios de agujeros en las suelas,
son tantos los pobres con agujeros en el alma;
no puedo cantar a los que tienen tanto,
a los ricos que cómo despilfarran,
cómo desterramos la vanidad de tanta gente,
entre tantas diferencias de pobres y ricos
quiera Dios, y la igualdad sea dada por el amor,
apartemos el odio,
abandonemos egoísmos, mentiras, envidias, mezquindades,
solo la bondad debe reinar en nosotros,
líbrenos de la maldad,
no caigamos en tentaciones,
no hagamos mal;
vivimos cada día más carentes de agua potable y de pan,
son tantos los desequilibrios entre las gentes,
resentimos este mundo,
resquebrajamos este mundo
y el mundo bufa sediento, caliente, muy caliente,
el mundo busca equilibrio,
no sabemos dónde ni cuándo,
solo nos enteramos de los cataclismos cotidianos,
y en estos sufren pobres y ricos por igual,
cataclismos en donde la muerte muestra los dientes,
y más acá y más allá sigue la vida,
amaina el fuego,
flamean colores
en perfumes de flores,
en la aurora, en ojos de amor de gentes amantes.

                                                                  Adelfo Morillo


Airene



Airene

En mi memoria permaneces, Airene,
sé que vives en el alma de tu mamá;
en mí andas en el color de las flores,
en las mejillas fragantes de la brisa,
en el vuelo matutino y vespertino de las aves;
te miro en las sonrisas de los niños,
en cómo Fabio extraña que no estés en sus recuerdos
y te encuentro en la luna de magia y silencios;
me duele,
no supe tenerte en tu tiempo presente;
cuando te recuerdo
en ese momento hay en mí un singular sinsabor;
sigo en la vida,
callo, observo, busco comprender;
acepto los signos duros de tu partida,
creo en que Dios me perdona;
amo, sonrío, canto, sueño,
me muerden dolores, me sobrepongo;
ahora desecho nostalgias,
me dulcifican tantas alegrías;
estoy entre las plantas, entre flores,
agarro, recojo, huelo, palpo,
miro y saboreo algunas frutas;
me gusta la miel de los mangos,
el dulciácido de las naranjas,
el amargor de los nonis,
el picante de los ajíes,
el fruncioso de los mereyes;
creo en la paz, en los milagros,
tengo fe en el amor
y en hombres y mujeres de buena voluntad;
confío en la vida, en mis hijos, en los niños;
si los adultos soñáramos como niños,
si fuéramos como niños,
si jugáramos como niños,
gozaríamos un mundo de cotufas,
jugaríamos en un tobogán de fantasías y sonrisas;
así permaneces, Airene,
en noche de Reyes,
en navidad de ángeles,
en perfumes de flores y capullos,
en silabeo de arroyos y de arrullos;
estás, Airene, en el alma de María, tu mamá,
en sus palabras, en su regazo
y sobre todo y más que todo en sus silencios.

                                                                      Adelfo Morillo


Sol y Luna


Sol y Luna

El hombre se alegra con sorbos de agua fresca,
la mujer se alegra con regalos de amor,
el niño juega con hormigas en el piso o en el duro terrón,
la niña fija mariposas entre sus cabellos;
así vamos en la vida con sus bromas,
con sus alegrías, con sus dolores y amores;
instante tras instante la vida teje nacimientos y finales;
comenzamos con la aurora,
día tras día seguimos la rutina,
el sol surge, alumbra,
se alza, declina;
hombres, mujeres, niños y jóvenes avanzamos,
alumbramos, nos empinamos, declinamos.
En la vida andamos entre mentiras, egoísmos y maldades,
felices, si elegimos el amor
y ofrendamos sinceridad y bondad;
no canto a hombres y mujeres santos,
mi canto va para hombres y mujeres
con pensamientos y sentimientos de niños;
estos hombres y mujeres se encuentran en el campo,
también en la ciudad y alumbran con sus miradas y sonrisas,
y con su presencia ofenden a los portadores de maldad;
elevo una plegaria, otra y tantísimas más por las almas de bien,
pronuncio una oración, otra y tantísimas más por los seres de amor;
creo en los perfumes y en las bienaventuranzas,
cada vez me recreo en mis recuerdos de libélulas,
en la tarde santa, en el patio, frente al río;
persigo aleteos de mariposas monarcas,
rojinegras, verdes, amarillas, azules, vaporosas, volantines;
canto a hombres y mujeres portadores de sueños,
como niños y niñas en sus teatros, danzas, bailes y juegos,
en sus cabriolas y con sus originales discursos de fantasías y realidad;
con Francisco de Asís y Clara, seamos Sol y Luna,
con ideas y acciones de paz y bien;
cantemos el amor entre flores de luces y colores
y volemos con la brisa entre luciérnagas y mariposas.


                                                                                       Adelfo Morillo  

Mundos sencillos


Mundos sencillos

Pensamos un universo de ideas,
los niños piensan, sienten y sueñan
y en sus mundos todo es posible.
Los adultos pensamos, sentimos y soñamos
y complicamos nuestros mundos
con tantos enredos y hacemos difícil el mundo.
Si pensáramos para crear mundos sencillos,
sonreiríamos con el alba,
soñaríamos con la tarde,
volaríamos con las alas de la noche.
Los niños son poetas, magos de sueños,
son protagonistas de cada sueño que quieren ser.
Pensamos un universo de luces y sombras,
amamos, no dejemos de amar,
recordamos, olvidamos,
nos damos, nos alejamos.
Miremos a los niños,
sigamos a los niños,
volemos papagayos,
bailemos trompos y zarandas,
inflemos, llevemos y soltemos globos,
saltemos la cuerda,
juguemos en la arena, en el suelo, en la hierba,
montemos y corramos en caballitos de madera,
soñemos, ríamos,
seamos niños tras libélulas y mariposas,
tras lagartijas, flores, hojitas y cundeamores.
Pensemos tantos mundos posibles,
demos luces y buenas sombras;
si no hacemos mal, ganamos,
si nos cuidamos del mal, seguimos.
Somos adultos,
no dejemos de ser niños,
somos grandes, si seguimos a los niños.
Pensemos luces,
sintamos la canción,
sigamos la vida de luz y amor.


                                                     Adelfo Morillo

Aguas dulces de Edén



Aguas dulces de Edén

Era una tarde villatodosantina,
cuando me regalaste perfumes de Edén,
aspiré hasta inundar el alma,
me estuve flotando entre burbujas,
me llevaste a soñar aguas dulces de Edén,
sentí frescos alientos en mi ser,
soñé mundos mágicos,
de conversaciones francas, espontáneas,
flotaba y perseguía cabriolas de nubes,
soñaba, tejía y destejía mundos imposibles;
la tarde olía a lluvia,
anoche hubo lluvia,
las plantas de vestidos multicolores
y entre ellas el vaivén de pájaros de flor en flor,
unos se bañaban sobre las hojas,
otros cantaban, todos revoloteaban,
y en algún momento me alejé,
y antes de volver a mis quehaceres,
aspiré hasta inundar el alma,
seguí flotando entre burbujas,
soñé aguas dulces de Edén,
y luego me entregué a tejer mundos posibles.
Sé que debo comprender los pesares
y cuánto debo disfrutar cada instante de alegría,
tan efímeros y tan imperecederos el sabor de su alegría;
ando en el amor,
con él alegro mi vida,
cuánto me alegra la mujer que no conozco,
anda a mi lado,
desconozco su espacio y su tiempo.
Me echo mis problemas al hombro,
que sé son míos y de nadie más;
ando en el amor,
con él alegro mi vida,
y el perfume de la mujer que no conozco,
me lleva a soñar aguas dulces de Edén.


                                                              Adelfo Morillo