jueves, 22 de diciembre de 2016

Aguas dulces de Edén



Aguas dulces de Edén

Era una tarde villatodosantina,
cuando me regalaste perfumes de Edén,
aspiré hasta inundar el alma,
me estuve flotando entre burbujas,
me llevaste a soñar aguas dulces de Edén,
sentí frescos alientos en mi ser,
soñé mundos mágicos,
de conversaciones francas, espontáneas,
flotaba y perseguía cabriolas de nubes,
soñaba, tejía y destejía mundos imposibles;
la tarde olía a lluvia,
anoche hubo lluvia,
las plantas de vestidos multicolores
y entre ellas el vaivén de pájaros de flor en flor,
unos se bañaban sobre las hojas,
otros cantaban, todos revoloteaban,
y en algún momento me alejé,
y antes de volver a mis quehaceres,
aspiré hasta inundar el alma,
seguí flotando entre burbujas,
soñé aguas dulces de Edén,
y luego me entregué a tejer mundos posibles.
Sé que debo comprender los pesares
y cuánto debo disfrutar cada instante de alegría,
tan efímeros y tan imperecederos el sabor de su alegría;
ando en el amor,
con él alegro mi vida,
cuánto me alegra la mujer que no conozco,
anda a mi lado,
desconozco su espacio y su tiempo.
Me echo mis problemas al hombro,
que sé son míos y de nadie más;
ando en el amor,
con él alegro mi vida,
y el perfume de la mujer que no conozco,
me lleva a soñar aguas dulces de Edén.


                                                              Adelfo Morillo

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