martes, 29 de noviembre de 2016

Me supera el paisaje



Me supera el paisaje

Siempre tengo tiempo para mirar el paisaje,
me  supera el mar, la montaña o el llano,
y siempre me alegra el paisaje con sus formas y colores;
aspiro olores de pasturas,
verdores de lluvias o de securas;
me gusta estar en derredor del paisaje
en él me estoy en silencio y miro,
miro y pienso,
miro y siento,
y converso amable al paisaje,
en él siento esencias de vida,
en cada presencia que se mueve
o en las que se mantienen inertes;
mientras el tiempo transcurre,
el tiempo que se muestra en colores
y matizan mis pensamientos y sentimientos;
a veces me vuelvo burbuja cristalina de colores
o me vuelvo nube viajera de formas cambiantes
o me suspendo en hilos de arco iris;
me deslizo en aguas de ríos,
fluyo, corro, zigzagueo, refresco, riego,
y en mi fluir, cambio y vuelvo a cambiar,
me fundo en el paisaje,
me vuelvo cadencia,
me hago música,
soy música secreta de natura,
así comulgo con el abstracto silencio del Sublime.

                                                                   Adelfo Morillo


Dones de amor



Dones de amor

Cuántos innumerables gratos momentos hemos tenido,
cuántos innumerables favores hemos recibido,
esos momentos y favores son tantos, tantísimos,
y por eso en cada momento busco regalar dones,
con intención de pagar
esos momentos y favores recibidos por mí;
doy gracias por los espacios y tiempos de mi niñez
y de mi primera juventud,
cuando nací a orillas del Guárico,
luego con mis abuelos maternos a orillas del Orinoco,
yo tenía un año,
cuando me llevaron con ellos a Cabruita,
y de allá a los pocos meses se mudaron a orillas del Apure,
ahí vivimos en El Picacho,
hasta cuando tuve ocho años.
Recuerdo a tanta gente que se ha ido de este mundo,
recuerdo a algunos de ellos que me dieron amor;
me gusta convivir con gente que me brinda alegría,
de esta gente aprendo,
cuando con esta gente estoy,
se me hace fácil soñar y cómo sueño.
También doy gracias por los espacios y tiempos de mis estudios,
los de mi primaria y bachillerato en mi pueblo natal,
Villa de Todos los Santos,
y por los que viví en la Universidad,
allá a orillas del Chama, del Milla,
del Pedregosa, del Albarregas y del Mucujún,
allá en Mérida,
donde descifrábamos textos en griego antiguo,
frente a rojos bucares en lo alto de la montaña,
donde escudriñábamos latín clásico,
frente a la sierra nevada,
donde aprendíamos francés,
y aquella tarde cuando nos escapamos
y Pedro Luis, un compañero montaba caballo,
en una finca frente a la montaña azul;
también alimentábamos el ocio,
cuando caminábamos por la montaña,
y ahí en el río de frías aguas,
se bañaban río arriba nuestras compañeras de estudios,
y nosotros nos bañábamos río abajo,
y gozamos el momento
de cuando Enrique comenzó a tocar la guitarra,
estuvimos sentados sobre el pasto,
frente a la montaña azul escuchábamos armonías,
fue un concierto de guitarra entre flores.
Cuántos innumerables gratos momentos hemos tenido,
cuántos innumerables favores hemos recibido.
Una buena tarde me sorprendió el amor,
allá en Mérida,
una muchacha de Valera llegó a mi vida
y con el tiempo tuvimos nuestros hijos.
Doy gracias por espacios, tiempos y por tanta gente
con que he compartido
y con que vivo gratos momentos;
gracias a Dios y a la gente que tanto me ha dado;
Dios santo, dame las llaves de las puertas del amor,
con que yo pueda aprender y comprender
y para que en cada momento de mi presente
yo regale dones de amor.

                                                                           Adelfo Morillo  

Blancos perfumes



Blancos perfumes

Esta mañana vino con plumas de azahar,
un hilito de agua se desliza moroso entre follajes,
lirios sabaneros engalanan de blancos y rosas,
un caballo anda entre cielos abiertos,
aspiro estos blancos perfumes,
mis pensamientos tejen ideas y sueño,
mis sentimientos fijan bondad y paz;
esta mañana vino con ternura de tulipanes,
de no muy distante escucho una canción
y me regala notas con letras de mi niñez,
en ellas deletreo vivencias y recuerdo,
y añoro a aquella muchacha de mis primeros sobresaltos,
me encuentro con viajes y juegos y sueño;
esta mañana se me vuelve infinita bondad,
me regalan las nubes tantas formas caprichosas,
y me invitan a volar espacios sobre el tiempo;
me detengo,
pienso,
siento
y escribo,
me encuentro entre presencias y ausencias,
musito vuelo de mariposas,
escudriño mundos de hormigas y libélulas;
esta mañana transcurre
y paso a paso se acerca a la noche,
esta mañana aun conserva plumas de azahar,
y cuando llegue la noche,
me columpiaré en vaivén de luciérnagas,
y me detendré a escuchar la noche,
me esconderé entre sus sombras
y con ella me dejaré seducir con su concierto de armonías,
y me sentiré colmado entre blancos perfumes,
que andan entre malabar, jazmín y dama de noche,
más arriba las estrellas coquetearán con sus guiños lejanos,
eligo de entre ellas la más linda y brillante
y pienso en mi amada
y me embriagan esos blancos perfumes
que andan entre malabar, jazmín y dama de noche.

                                                                               Adelfo Morillo



Cosas reales y abstractas




Cosas reales y abstractas

En el espejo miramos nuestro reflejo
como abstracción de nuestra imagen;
las aguas también nos sirven de espejo
y nuestra conciencia igual nos da a la abstracción
de pensamiento y sentimiento.
El cerebro material es solo masa
y sus circuitos nerviosos emiten
pensamientos y sentimientos tan inasibles y abstractos;
ofrendemos pensamientos plenos de verdades,
de amor y ternura,
evitemos pensamientos de desamor y brusquedad;
demos pensamientos de razón no de sinrazón.
En el espejo miramos cosas reales,
en el mundo de las ideas damos cabida
a cosas concretas y a otras imaginarias, fantásticas;
miramos un paisaje
y cuántas ideas nos surgen tras su contemplación,
cuántos sentires nos produce pensar en el ser que amamos;
el paisaje y el ser amado son reales
que nos llevan a crearnos pensamientos y sentimientos,
y así nos sucede con cada una de las cosas,
con cada una de las cosas reales y abstractas
que nos vienen de Dios;
y esto es así, si logramos la abstracción perfecta del amor.
Pensamos, sentimos, entonces existimos
en nuestra cotidianidad de imperfecciones
que tanto nos alejan del amor.

                                                            Adelfo Morillo

No sé nada del amor



No sé nada del amor

¿Cómo descubrimos el amor?
En unos ojos llenos de luz,
en una sonrisa de ángel,
en pequeños detalles de seres amantes,
en silencios que dicen más que mil palabras.
Un hombre enamorado es tan evidente,
una mujer enamorada resguarda silencios.
Soy aprendiz en el amor,
sé muy pòco del amor,
a cada momento me sorprende,
me deja sin palabras,
me nacen dudas,
siento que sí es amor,
luego dudo,
me hago preguntas,
me alegro,
hago pausas.
No sé cómo ama ninguna mujer,
cada mujer es tan impredecible.
Yo amo a la mujer en el color de las flores,
en la lluvia menuda de luna o de sol,
en el perfume de su piel,
en las canciones que me gustan,
en palabras de azúcar, de anís y candor.
No sé cómo ama cada hombre a la mujer.
Yo quisiera ser el sueño más acariciado por la mujer,
quisiera ser su música más sentida,
quisiera ser su ternura y sus delirios.
Nada sé del amor,
puede estar en los rincones más insospechados,
podemos hallarlo en la aurora y en el atardecer,
podemos sentirlo en noches de luna,
y aun así sigo sin saber nada del amor;
así que no me pregunten por el amor,
no me pidan orientaciones acerca del amor,
no sé nada del amor,
he aprendido algunas cosas del amor,
y aun así sigo sin saber nada del amor,
solo sé que me alegro de luna y sol,
disfruto frío y calor
y también atesoro presencias y ausencias.
Me siento feliz por momentos,
sobre todo al confesar que no sé nada del amor.

                                                                     Adelfo Morillo