miércoles, 12 de marzo de 2014

Matices de albas



Matices de albas
                                                                                               A Francisco Lazo Martí

                               La mañana tiene matices en el llano,
                               amanece vestida de luna
                               o fulgura en púrpuras de sol…
                               Va la muchacha a la escuela de lirios
                               y se engalana con copla de brisas,
                               y el espinito en flor esparce ternuras…

                               El alba en el llano tiene variados matices,
                               viste amarillo de paraulatas
                               y se sonroja en flores de josefinos…
                               Y el monte viste estrellas de rocío,
                               y mi voz busca la mejor letra para este canto…

                               La aurora llega cada vez con matices de asombro,
                               viste de blanco en flor de apamates,
                               y se cambia en oro flor de araguaneyes,
                               y la muchacha sonríe entre lirios sabaneros,
                               y el tañido del llanero con el cuatro
                               se enciende en albricias de amores…

                               La mañana es un canto tierno de sabana abierta,
                               así quisiera hilvanar mi canto
                               para Lazo Martí,
                               busco hilar fino, cual flor de boras
                               y como alegría de niñas en el campo…

                               Para Lazo Martí no sé si basta
                               esta letra sin lontananza,
                              siento que cada vez están más cercanos
                              y tienen más vigencia los heptasílabos
                              y endecasílabos de Silva Criolla,
                              y a Crepusculares
                              le escribo matices de albas…  
                           
                              No basta con cantarle al monte
                              y a natura toda,
                              sembremos la tierra,
                              y el campo fértil nos colme caudales de alegría,
                              sintamos amor
                              por este campo nuestro de ahora y por siempre…

                              La mañana en el llano nos persigna
                              con caricias de luna
                              o nos abriga en púrpuras de sol,
                              y completa el sutil momento
                              un vuelo de garzas rojas y blancas…

                              La mañana cada vez es un encanto en el llano,
                              nos aroma de verde mastranto
                              y nos ofrenda frescura de perfumes…
                                                                                                           
                                                                                                            Adelfo Morillo

En El Picacho 12



En El Picacho                              12

     Mi hermano mayor Rafael le preguntó a mi papá, si podía llevar a la casa a la novia Yolanda, porque ellos dos querían hacer vida conyugal, mi papá le respondió que para eso tenían que hacer una pieza pegada a la casa, y un día fuimos en la curiara a cortar la madera para horcones, viguetas y caballete, y al día siguiente fuimos a cortar cañas y bejucos para las paredes, el tercer día hicieron los hoyos para los horcones y en dos días estaba hecha la armazón de la pieza, y tempranito una mañana empezaron a hacer un redondel en el suelo como de seis metros de diámetro, le dejaron la tierra hoyada y le agregaron paja seca y le echaron agua del río y empezamos a pisar con los pies descalzos esa mezcla de barro, y cuando estuvo bien mezclada, empezaron a agarrar las pellas de barro y las pegaban al encañado de las paredes por dentro y por fuera y en la tardecita se terminó la faena, y finalmente al día siguiente techaron la pieza con láminas de cinc, no olvido el olor peculiar que despedían esas láminas nuevas…
     No recuerdo como era Yolanda, sí me acuerdo de que Rafael a veces se lanzaba del barranco al río, caía en forma de clavado y zambullido volvía a salir lejos de la orilla, me daba gusto mirarlo nadar, porque yo tantas veces que me bañé ahí en el río frente a la casa, mientras mi papá hacía una canoa, bongo o calafateaba alguna chalana, y yo braceaba y no me sostenía a flote, y nos vinimos de El Picacho cuando tenía ocho años y no logré aprender a nadar, en cambio mi papá decía que Rafael era una cotúa en el agua…
     Recuerdo la tarde cuando mi papá estaba trabajando carpintería y escuchamos unos gritos, alguien vino y le dijo que habían herido a Rafael, mi papá agarró una maceta y salió corriendo hacia la chalana donde trabajaba de motorista Rafael, otro hombre de nombre Saturno, que también trabajaba en la chalana le dio dos puñaladas a Rafael, una sobre la tetilla izquierda y otra en el codo derecho y después Saturno salió corriendo y se lanzó de la chalana al río; llevaron a mi hermano a una clínica y lo atendieron, en la tardecita estuvo de regreso en la casa, mi papá le dijo que tuviera cuidado de estar con Yolanda, Rafael no entendió que le quiso decir mi papá, y al día siguiente lo llevaron de emergencia a la clínica, el brazo lo tenía hinchado y morado y gritaba del dolor, en la clínica le hicieron una cirugía de limpieza, faltó poco para que se le gangrenara, y mirando lo que le hacían y por el fuerte dolor, y a pesar de la anestesia, Rafael se desmayó, cuando terminaron, lo reanimaron y en la tardecita volvió a casa, esta vez sí le dijo el médico muy claro, que mientras las heridas no cicatrizaran, se abstuviera de tener relaciones sexuales…

martes, 11 de marzo de 2014

En El Picacho 11



En El Picacho                                 11

     Algún día mi papá y mi mamá me dijeron que después de cuando nací en Calabozo, el quince de marzo de mil novecientos cincuenta y dos, se habían mudado a Cabruta, y me mostraron una fotografía que nos tomaron a Aleida sentada en una silla, me tenía en brazos, yo tenía diez meses de nacido, y de pie estaba Asdrúbal, que ya tenía más de un año, Aleida y Asdrúbal, dos primos hermanos, que también fueron criados por mi papá y mi mamá, eran hijos de mi tía Amelia, la otra hija de mi mamá y de mi papá, y el otro era Rafael, mi hermano mayor, también hijo de mi mamá Cecilia Filomena, y criado asimismo por mi mamá y mi papá…
     También me contaron mi papá y mi mamá que de Cabruta se mudaron a San Fernando, donde vivieron en varias casas alquiladas, hasta cuando mi papá hizo  casa propia ahí en El Picacho…
     Y ahí a ese sitio llegaban los bongueros con cargas de maíz jojoto, patillas o sandías, plátanos, tortugas, pescado fresco, y competían entre ellos, cuando alguien decía un precio, el de al lado ofrecía más barato, y gritaban y ofrecían, pero nunca peleaban entre ellos, ya para ellos era como un juego…
     También atracaban las chalanas por el lado de El Picacho, Apure, y en Puerto Miranda, Guárico, cargadas de algodón, patillas, ganado, o tortugas; no olvido parte de la letra de una canción, que se escuchaba ya por ese tiempo:

                                      Llegando a Puerto Miranda
                                      encontré el consuelo mío…

     No sé cuántas veces cuando caminábamos mi papá me contó acerca de la mujer que vivía con un hijo como de nueve años, la madre amaba a su hijo, y el hijo también la amaba, y sucedió que un día la madre enfermó, y pasaban los días y ningún remedio le recuperaba la salud, y una mañana el hijo tomó una linda flor del jardín y se la llevó a la madre, y ante tal gesto de amor, la madre al siguiente día se levantó y volvió a ser la mujer cumplidora de los deberes consigo misma y también reanudó las atenciones maternales para el hijo…

En El Picacho 10



En El Picacho                       10

     Una mañana iba para el patio trasero de la casa, y miré un galápago grande queriendo salir por una parte de la cerca de alambre gallinero, trataba de trepar y resbalaba, corrí gritando y le dije a mi papá, él incrédulo me acompañó, y miró el galápago y lo agarró, y antes de matarlo y prepararlo para el almuerzo, no entendía de cómo entró ese galápago al solar, revisó la cerca por los cuatro costados de la casa, y no había hueco ni portillo por ninguna parte y la reja estaba cerrada, al final comentaba que eso era como una cosa de milagro…
     Después de mediodía una vez estábamos en el corredor que daba frente al río, y alguien de nosotros miró a un hombre que se había lanzado al agua desde la otra orilla, el río estaba bastante crecido, y mirábamos cómo el hombre braceaba, zambullía y volvía a surgir braceando, y así hasta cuando logró llegar a la orilla frente a nuestra casa, salió del río y estuvo buen rato tomando aire y descansando, alguien le preguntó, si se estaba entrenando, para participar en alguna competencia, y él cuando pudo hablar, respondió que solo lo hizo para probarse que lo podía lograr, y nada más para eso…
     Un día llegó a la casa un señor con una cajita que mostraba un espejo con una mancha, que parecía una especie de rostro humano, el señor, que dijo llamarse Basilio, afirmaba que era la imagen de la virgen, y para el caso le había hecho ese nicho con una base donde le colocaba una velita encendida, y más abajo una gavetica donde la gente que creyera y quisiera colocaba monedas o billetes, resultó que dicho señor también dijo que no tenía casa ni familia, y le llegó la noche con nosotros, mi mamá le preparó una vieja cama que no se usaba, y ahí comenzó a estar con nosotros, salía en el día, regresaba en la tardecita y algo traía para la cena y se lo daba a mi mamá, y pasó algún tiempo, y una mañana mi mamá fue a llevarle café y el señor Basilio estaba muerto, mi papá participó al prefecto y mientras comprobaban y certificaban, mi papá hizo una urna y la forró con lienzo negro y le colocó una cruz de madera, y después del breve velorio, lo fueron a enterrar en el cementerio de San Fernando de Apure…

En El Picacho 9



En El Picacho                         9

     Una tarde miré a mi papá preparando cosas de viaje y revisando la curiara, y en la mañana tempranito me despertó, todavía no había clareado el día, él ya había llevado las cosas hasta la curiara, cuando salimos del frente de la casa, me dijo que íbamos para Medanito, el fundo de Pedro Venero, marido de Ana Olivares de Mendoza, sobrina y ahijada de mi mamá, en algún momento de la travesía dejamos el Apure y nos adentramos por un caño de aguas limpias y caudalosas, recuerdo una parte donde se hacían remolinos y borbollones de agua, y tampoco olvido que mi papá miró una manirota en el suelo, a orillas del caño, arrimó la canoa al barranco y me mandó a que la agarrara, y ese olor fuerte y sabroso, y el color anaranjado encendido, me dijo que la manirota es muy caliente, que la pusiera en agua para que refrescara y comérnosla, y cuando la comimos, no sé decir a qué sabe, hay que mirarla, olerla y comerla, para disfrutar de una fruta sabrosa por demás…
     Llegamos a Medanito a media tarde, allá estaban Pedro Venero y dos de sus hijos, Pompilio y Hermelinda, nos recibieron con muestras de alegría, nos dieron para comer, y cuando empezó a oscurecer prendieron una fogata para alumbrarnos y le colocaban bosta de ganado, para espantar los zancudos, y alrededor de la fogata nos sentamos, mientras ellos hablaban de las cosas del fundo y del campo y contaban diversos cuentos, hasta de muertos y aparecidos, y yo no hallaba donde poner las piernas, y me acurrucaba, y al momento de irnos a acostar en los chinchorros, estos estaban cubiertos con mosquiteros, y yo dentro del chinchorro me arropaba hasta la cabeza, para no mirar al muerto, si llegaba, y para que no tuviera por donde tocarme…
     En la mañana nos despertaron antes de que amaneciera, y nos llevaron hasta el corral, ahí estaban ordeñando las vacas, echaban la leche en totumas, y le pasaron una a mi papá, la totuma rebosaba de espuma, y la bebimos en la totuma, se sentía tibiecita y tan sabrosa…
     En ese fundo caminando por campo abierto había una laguna y también se encontraba animales de caza, un día salimos con Pompilio, que llevaba una escopeta de esas que se taquean por el cañón, pero no cazamos nada, y cuando regresamos a la casa del fundo, Hermelinda estaba acostada en un chinchorro, era una muchacha como de catorce años, catira colorada, pelo amarillo, y mi mirada decía que me gustaba, y mi papá me preguntó, si me gustaba Hermelinda, y yo dije que sí, que estaba enamorado de ella y que me iba a casar con ella, Hermelinda me invitó para que me acostara con ella en el chinchorro, y yo lo hice, y nos mecíamos y nos decíamos cosas graciosas, que a ellos les daba risa…

lunes, 10 de marzo de 2014

En El Picacho 8



En El Picacho                     8

     Un día después del almuerzo me fui hasta la canoa, el río había bajado bastante su caudal, yo llevaba los aperos de pesca, y le coloqué al anzuelo de carnada un pedazo de blanco pobre que terminaba de pescar, lancé el guaral lejos y me estuve esperando, pensaba en mi papá y en mi mamá, pensaba en lo que yo sería, cuando fuera grande, pensaba en las muchachas bonitas que estudiaban en el kindergarten, donde yo también estaba estudiando, y sé que pasó bastante tiempo y no ajilaba, me cansé y me fui a la casa, allá me estuve montando sobre un palo de escoba, que para mí era un caballo muy veloz y hasta volaba sobre el mágico caballo, y me acordé del guaral que había dejado amarrado de la canoa, me llegué hasta allá y empecé a halar y lo sentía pesado, y estuve halando hasta cuando salió a la superficie, frente a la borda de la canoa una raya muy grande, la vi y del susto solté el guaral y subí corriendo el barranco, para llegar gritando a la casa y decirle a mi papá que había pescado algo muy grande y feo, mi papá bajó conmigo hasta la canoa, y cuando haló, miramos una raya sobre otra, y mi papá dijo Sí, son dos rayas que están encastando…, le sacó el anzuelo y se las dio a un vecino, este se las había pedido porque la grasa servía para remedio, y que él también las preparaba y era un manjar muy sabroso…
     Otro día almorzábamos bagre guisado, yo me comí la carne y aparté el cuero, y después de almorzar me fui con una cabuya y el pedazo de cuero del bagre hasta la chalana que estaba encallada y abandonada frente a la casa, el río tenía menos de media caja de agua, y me ubiqué sobre la cubierta de la chalana, amarré con la cabuya el pedazo de cuero como carnada, y la lancé al río y halé fuerte y venían varios caribes pegados del cuero, cayeron sobre la cubierta y saltando volvieron a caer al río, y volví a lanzar el pedazo de cuero amarrado con la cabuya, volví a halar fuerte y otra vez venían varios caribes pegados del cuero, cayeron saltando sobre la cubierta, y con la mano derecha quise retenerlos, para que no se fueran al agua, y uno de ellos me mordió el dedo meñique, sentí el pinchazo de los dientes, y volví a mirar como caían al río con sus colores plateados y rojos, y yo me fui hasta donde mi mamá, le conté lo que me pasó, me curó y con todos los años que han pasado, todavía conservo la cicatriz de esa mordida de caribe en el dedo meñique de mi mano derecha…