miércoles, 29 de enero de 2014

Cosas de abuelos



Cosas de abuelos

     Cada vez que nombro a mi papá y a mi mamá, me estoy refiriendo a mis abuelos maternos que me empezaron a criar desde el día, cuando mi mamá me parió… Nací en Calabozo, a orillas del Guárico, después me dijeron que habían vivido en Cabruta, a orillas del Orinoco, y luego se mudaron a San Fernando de Apure, de este pueblo sí me acuerdo, porque ahí vivimos en El Picacho, a orillas del Apure hasta cuando tuve ocho años, que decidieron mudarse a Calabozo… Mi papá me hacía los trompos con madera que íbamos a buscar y a cortar en el monte, me cortaba el pelo y también me cortaba con una navaja las uñas, y me decía que las manchitas que me salían en las uñas, eran regalos que me iban a dar, y yo no entendía que cada día recibía tantos regalos de ellos en sus incansables atenciones conmigo… Mi papá me decía cuentos, cuando andábamos en la canoa y cuando andábamos a pie, y en la casa y en todas partes, y me aconsejaba en todo momento, y ahora cuando han pasado tantos soles y lunas, confieso que todo lo bueno que hay en mí les pertenece a los amores de mi papá y de mi mamá, y lo malo que hay en mí corre por mi absoluta cuenta…
     Ellos me criaron libre, no me prohibieron nada, me orientaban y las decisiones eran mías, mi papá me hablaba de honradez y verdad que estaban por encima del fraude y de la mentira, y ahora que soy abuelo, sigo enrumbando mis pasos por el sendero de la honradez y la verdad… Ellos no me malcriaron, sí me mimaron, me consintieron y me atendieron en mi primaria y en mi bachillerato y en todas mis cosas cotidianas, hasta cuando me fui a estudiar a Mérida, en la Universidad de Los Andes, ella murió al año de haberme ido a Mérida, y él murió seis años después de graduarme en Letras, y cuando estábamos en la misa, en la Catedral de San Fernando de Apure, yo no lo miraba en la urna, yo andaba con él en la canoa por el torrente del Apure, yendo a tumbar vegas o buscando la madera para mis trompos…

martes, 28 de enero de 2014

Gustos y demás sentidos



Gustos y demás sentidos

     Me gusta escuchar música y canciones, me llevan a imaginar, a reflexionar y a soñar, sueño porque seamos auténticos seres humanos, para que no exista la envidia ni la mentira… También me gusta leer, y me meto en los escenarios de mis lecturas, navego, vuelo, camino, corro, me escondo, me pierdo, siento miedo, sonrío, sufro, lloro y canto… A veces hago la rutina de caminar en las tardes durante setenta minutos, y miro cosas y a la gente que pasa y a los que me saludan, levanto la mirada hacia el cielo, y me distraen las nubes con sus cambiantes y variadas formas… Desde hace un año abrí este blog, con la intención de hacer llegar mis ideas sencillas, porque cada día asumo con más nitidez que nuestra vida no debemos complicarla, y sí buscarle alegría a cada cosa que nos sucede…
     En septiembre de mil novecientos sesenta, un lunes iba por primera vez a mi clase de primer grado aquí en Calabozo, mi mamá me mandó con unos pantalones cortos y yo iba molesto, porque me daba pena, pero eso fue ese día nada más, después empecé a ir con mis pantalones largos, y desde esa fecha hasta ahora he venido haciendo cada una de tantas cosas que me gustan; desde pequeño me gustó la idea de pasear y de viajar, con mi papá navegaba en curiara por el río Apure, y también me llevaba de compañero, para cada sitio donde él iba en canoa o a pie, y me sigue gustando pasear y viajar, también me gusta los juegos de entretenimiento como dominó, cartas, escrable, bolas criollas y crucigramas…
     Me gusta escuchar a la gente, y me río y presto atención y aprendo, y cómo me encanta compartir con mis hijos, y me gusta el calor del hogar y de la familia, y me gusta que vivamos en paz, ruego a Dios, porque los hombres y mujeres trabajemos por la paz local y mundial, y que florezca el amor y la bondad…

lunes, 27 de enero de 2014

Real y medio o seis cuartillos



Real y medio o seis cuartillos

     La locha era moneda de doce y medio céntimos, el medio era moneda de veinticinco céntimos, el real también era moneda de cincuenta céntimos, y el bolívar era la moneda de cien céntimos, había asimismo la moneda de dos bolívares, que se le decía peseta, y la moneda de cinco bolívares que se le decía cachete o fuerte; a la locha también se le decía cuartillo, y había las combinaciones de medio y locha, de real y locha y de real y medio, incluso hay una canción popular venezolana con el nombre de Real y medio
     Esta mañana después de llevar a Fabio al Colegio, regresé a casa y mi mujer con su cariño y atenciones para mí, me hizo recordar lo grato que era calcular con aquellas monedas, y la fragancia de mi mujer es un real y medio o seis cuartillos de ternura infinita…
     Real y medio es un recuerdo de tantas cosas, en mis tiempos de muchacho mandadero de la casa un real costaba un kilo de queso blanco de cincho, también me servía para comprar en la bodega de Eleuterio una colita, una catalina y un pedazo de queso blanco de cincho blandito, y lo grato de la memoria es lo concreto y sonante de las monedas y de las variadas cosas que se podían adquirir y junto a eso aquellos sabores y olores, cuando comía frente a la calle, recostado del mostrador y mirando y escuchando lo que sucedía en la calle en el vaivén de la gente en su existir cotidiano, y por toda esta serie de hechos juntos, se me vino a los sentidos tener la certeza de que mi mujer es el real y medio sin par que cada día y noche me acompaña en las cosas que le digo y en las que callo a ella y a ustedes…
     Real y medio o seis cuartillos es un recuerdo y una canción, pero sobre todo para mí  real y medio es toda la conjunción de amor, ternura y atenciones en cuerpo y alma de mi mujer, y de cada cosa y persona que rodean mis espacios y tiempos invalorables para mis pensamientos y sentimientos…

viernes, 24 de enero de 2014

Sin lujo ni presunciones



Sin lujo ni presunciones

     Hace casi dos años estábamos visitando a mi hijo Adelfo Antonio en San Cristóbal, ya casi estábamos de regreso, cuando me llamó mi comadre, que vive frente a nuestra casa en Calabozo, para decirme que se habían metido en la pasada noche en la casa, nos fuimos de regreso, y se habían llevado dos televisores y dos chinchorros, y dejaron todo hecho un desorden, parece que buscaban dinero y joyas; yo vivo del sueldo de profesor que me paga quincenalmente la Universidad Rómulo Gallegos, mi mujer hace siete años se graduó de Licenciada en Educación Integral y todavía no le dan trabajo, por lo demás no somos amigos del lujo ni de las presunciones, además hace dos años no me pagan la pensión, porque no me han desincorporado del Ministerio de Educación, y la Universidad me descuenta el Seguro Social, pero no aparece registrada, porque no puedo tener dos patronos, lo cierto es que tengo mil quinientos cotizaciones…
     Ahora bien, nosotros tratamos de vivir sin exceso de consumo, adquirimos solo las cosas necesarias para una existencia digna, creemos que los verdaderos tesoros son la salud, el amor y la bondad, y otro tesoro que cuido diariamente son las plantas medicinales, frutales y florales que tengo sembradas en los patios de la casa, y esos tesoros no valen nada para los que buscan apropiarse indebidamente de las cosas de los demás…
     Ahora mismo terminé de regar las plantas, y mientras esto hacía caían algunos mangos, algunos bachacos se subían a mis piernas, y yo los desprendía con el chorro de agua de la manguera, y estoy sentado escribiendo al compás de variados pájaros que llegan hasta el frescor de las plantas de los patios, y los tucusitos se balancean en el aire, volando de flor en flor y libando el sabroso y odorífero néctar…

jueves, 23 de enero de 2014

Florece porque florece



                  Florece porque florece                           

                                                
     Si asumiéramos cada día de la vida de forma sencilla, nos daríamos cuenta de que el mejor tesoro es mantener la salud mental y física, si estudiamos, elegiríamos la carrera que nos gusta, y cuando estemos trabajando, lo realizaríamos con alegría, tendríamos ambiciones, pero sanas, que no nos perjudiquen ni perjudiquen a nadie más…
     Si estudiamos lo que nos gusta, se nos va a ir el tiempo sin darnos cuenta, leemos y comprendemos, y eso nos va a dar criterios propios de cada nuevo conocimiento, y nos queda tiempo para pasear, viajar, escuchar música, y también para estar con la persona que nos motiva sentimientos amorosos, y asimismo nos alcanza tiempo para compartir con las demás personas; y si trabajamos, lo hacemos con sentido humano, cumpliendo con eficiencia y con agrado y brindando atenciones y actitudes amables…
     El poder en la política es para servir a los más pobres y necesitados, el poder en el trabajo es para ser útil en todo momento, y el poder del dinero es para invertir en el bienestar de tanta gente que necesita de apoyo financiero…
     Si entendiéramos así las cosas de la vida, estaríamos colaborando para construir un mundo con auténtico sentido humano; seríamos humanistas, que consiste en prodigar amor en todo momento y espacio; el humanista protege la naturaleza, admira cada manifestación de vida, tiende la mano sin esperar favores a cambio, vive palabras y hechos de amor y bondad; los humanistas cantan y lloran, sonríen y hacen llamadas de atención, si alguien se está saliendo del camino humano, porque ser humano es asumir todo acto humano como propio, se es niño con los niños, y se es adulto sincero con los adultos, el ser humano florece en noches de luna o sin luna, y refulge bajo soles que abrasan o cubiertos de frío, neblina o nieve, y de tal forma podemos decir que el ser humano florece porque florece…    

miércoles, 22 de enero de 2014

¡Véngase, mi gordota..!



¡Véngase, mi gordota..!

     En mil novecientos sesenta y cuatro mi papá comenzó a construir nuestra casa, en un terreno de unos cuatrocientos metros cuadrados, en el barrio Merecurito, frente a la carretera nacional, y una de las primeras cosas fue cavar para tener el aljibe, una mañana tempranito llegamos y él empezó a hoyar con una barra y con la pala yo iba sacando la tierra, él cavaba y me hablaba con cariño y alegría, el primer metro fue suave, pero a partir de ahí comenzó el ripio y las lajas de arrecifes, la barra sacaba chispas del pedernal, y mi papá siempre tenía alguna ocurrencia graciosa, después fue con nosotros mi hermano mayor, Rafael, y se turnaban un rato uno y después el otro, también estuvo ayudando mi primo hermano, José, y también se turnaba con mi papá, algunas veces yo también hoyaba, pero lo que más hacía, era halar el balde con la tierra, y para ello mi papá había dispuesto unos parales, donde sujetó una polea y con un mecate amarramos el balde y así era cómodo subir el tobo con la tierra, recuerdo las veces, cuando mi papá estaba hoyando y para que bajara el balde, me decía ¡Véngase, mi gordota, como quien no quiere la cosa, pero embuste que la quiere..!, un decir que yo nunca le he escuchado a nadie más, pero confieso que a mí no me gustaba este trabajo, a mí me ponía de malhumor, y hasta le respondía mal a mi papá, y en medio de mi malestar, le decía ¡Qué gordota, nada..! Pero ¡qué alegría cuando llegó a la veta del manantial..!, al comienzo salía el agua revuelta con la tierra, pero como a la hora de seguir hoyando, el agua manaba tibiecita como leche de la ubre recién ordeñada, clarita y dulcita, y cuando pasó el tiempo, yo me inclinaba sobre el brocal del aljibe, y en algunas horas del día los rayos de sol se filtraban hasta el fondo del aljibe, y miraba a través de las aguas los colores del arcoiris, y esa limpidez azulacea del agua en ese trozo de río apresado en un cono hondo entre la tierra del solar de nuestra casa…