martes, 14 de enero de 2014

Dar para el mejor bienestar



Dar para el mejor bienestar

     Hoy martes, día de Marte, dios de la guerra en mitología latina, reitero que el último segundo ya está en pasado, y que el próximo segundo viene con fragancias de futuro, y el presente es tan frágil y efímero, y aún así nos aferramos con tanta vehemencia a las cosas materiales, que permanecen a pesar y después de nosotros; a nuestro lado está una inerte piedra, y podemos morir en un instante, y la piedra continúa impasible, indolente, mientras nos descomponemos y corrompemos, los gusanos cobran vida de nuestros despojos, y hacen fiesta en ese banquete de pudrición galopante…
     Mientras estamos en la vida, nuestro mejor festín es disfrutar de salud, y tantas veces abusamos de ella y la ponemos en peligro… En este momento estoy saliendo de un lumbago, que me atenazó punzantemente durante casi toda la noche del viernes, hace poco regresé a la casa, llegué con parte de lo que hoy vamos a comer, y de los mangos que recogí en el patio de la casa de una conocida, tomé uno y me lo comí, mientras caminaba frente a las plantas del patio de mi casa, y miré los limoneros que todavía no están cargados, y también miré las sábilas, y sabemos que el limón y la sábila tienen diversas aplicaciones medicinales y tantos otros usos, a mí me gusta la limonada con azúcar o papelón con limón, y la sábila la uso hasta como gel para el cabello…
     Y así voy llevando el transcurrir de mis días, sabiendo de la vanidad, arrogancia, petulancia, y de tantas otras actitudes engañosas, que nos confunden y que no nos permiten servir con sencillez a nuestros semejantes; Teresa de Calcuta dijo que la gente siempre nos va a criticar, sin importar lo que hacemos, y que solo debemos servir a los demás, para darles mejor bienestar…


lunes, 13 de enero de 2014

Día de la Luna



                         Día de la Luna

     Un domingo comenzando la tarde llevaba a una estudiante hasta su casa, y en algún momento me dijo que ella no entendía como era eso que las vacas crecían tanto y engordaban, y lo que comían era puro monte, y yo le añadí que las jirafas crecían mucho más y los elefantes y que ellos también son herbívoros…
     Y en la mañana de hoy estuve acostado pensando que voy a seguir comiendo hojas de las plantas que he sembrado en el patio, porque la colitis me la curó el cadillo pata de perro; los gases o cólicos los saco con poleo o toronjil, con malojillo o anís; los dolores musculares los amortiguo con hojas de atroverán o de colombiana; la presbicia se me fue con hojas de noni; y mientras riego las plantas, como hojas de guanábano, picapica, Juan de la calle, mapurite, rabo de ratón, merey o marañón, o de chaya; porque sé que las plantas tienen propiedades medicinales… En mis reflexiones me doy cuenta de que las plantas empiezan a alegrarnos desde el momento cuando comienzan a germinar, con sus primeras hojas inician el proceso de fotosíntesis, y prodigan oxígeno, con sus colores matizan los espacios, y las flores adornan y dan fragancias, y los frutos nos alimentan con sus variados sabores, y los grandes árboles nos regalan su sombra y frescura; y es porque la vida toda depende de las plantas marinas y terrestres…
     Soy humanista, busco andar en amor hablado y practicado, y creo en Dios y en el amor que nos envió en Jesucristo, y entiendo que el amor siempre es bondad, y si nos salimos de palabras y hechos de bondad, nos estamos apartando del camino de amor…
     Hoy lunes, día de la Luna, le escribo a todo lo femenino, y en particular a la mujer de bondad, como Clara la que estuvo y anduvo con Francisco de Asís…

domingo, 5 de enero de 2014

Flojeras y decisiones



Flojeras y decisiones

     Cierta vez, cuando estudiaba tercer año de bachillerato, sentí ganas de no seguir estudiando, y desde muy pequeño me he tomado mi tiempo a solas, para pensar y aclarar mis ideas y mis impulsos, opté por irme apartado en la parte de atrás del patio de la casa, ubicada en Merecurito, frente a la carretera nacional, aquí viví con mis padres los últimos años de primaria y todo el bachillerato, que empecé y culminé en el liceo Humboldt, y ahí frente al terreno donde estaba el depósito de materiales del Instituto Nacional de Obras Sanitarias (I. N. O. S.), me senté en la acera externa de la letrina, y me hice la reflexión de que si no seguía estudiando, el tiempo iba a seguir pasando, al igual si seguía estudiando, y que si dejaba de estudiar, más tarde al pasar el tiempo me iba a lamentar, mirando como mis compañeros se graduaban, se iban a la universidad y se hacían profesionales, así que lo mejor para mí en mi condición de pobre era que siguiera estudiando, y así lo hice, dejé a un lado para siempre la flojera por el estudio, y lo que sí puedo decir es que desde cuando llegué al mundo de la lectura, en ningún momento me he apartado de ella, desde mis años de primaria recuerdo mis primeras lecturas, una de ellas De la Tierra a la Luna, escrita por Julio Verne, y que me la gané junto con otros libros, después de completar un álbum con cromos alusivos a la Independencia de Venezuela, también quiero escribir que cuando estudiaba sexto grado, fue una mañana la maestra de cuarto grado, Alina Parra, vendiendo a un bolívar la acción de una rifa, que consistía en tres premios, el tercero era un balón de voleibol, el segundo no recuerdo, y el primero era un Pequeño Diccionario Larousse Ilustrado, mi maestra de sexto grado Ermila Camacho me anotó, al día siguiente pagué y unos días después se efectuó la rifa en la Dirección del Plantel, cuando me tocó a mí, lancé tres veces los dados y la suma fue de 47, me dijeron que hasta ese momento era el puntaje más alto, pasaron los días y una mañana llegó la maestra Alina Parra con el primer premio hasta mi salón, y me llamaron porque me lo había ganado yo, eso fue en 1966, me lo llevé a Mérida y lo conservé hasta 1980, cuando se lo regalé a una amiga estudiante de Medicina de Calabozo…

sábado, 4 de enero de 2014

El receso, Marisela y el mito



El receso, Marisela y el mito

     Fue un lunes de septiembre de mil novecientos sesenta, cuando comencé primer grado en el Grupo Escolar Ramón F. Feo, era una mañana de sol y brisa, estábamos dentro de la escuela y el Directos Alí García nombraba por el micrófono a la maestra de aula y a los alumnos que iban a estar con ella en ese año escolar; el plantel lucía nuevo, ordenado y limpio, de la maestra tengo un mal recuerdo, pero fue con ella con quien aprendí a leer y a escribir y a efectuar las primeras y sencillas operaciones de suma y resta…
     Asdrúbal, mi primo hermano, estudiaba conmigo en el mismo salón, y le dije que tenía ganas de orinar, y me dijo que esperara hasta el receso, yo no entendí que era eso del receso, pero al poco rato sonó el timbre y la maestra nos dijo que podíamos salir, mi primo me llevó hasta el baño, y después me fui a corretear en los grandes patios de la escuela, y me divertía mirando, cuando alguna avioneta aterrizaba en el aeropuerto, que estaba como a doscientos metros, al frente de la escuela más allá de la carretera nacional, también desde el aula nos entretenía el despegar y aterrizar de las avionetas, porque por el lado del aeropuerto el salón no tenía pared sino barandas…
     En el salón tuve de compañera a Marisela, nos hicimos amigos y me gustaba bastante, a ella le gustaba estar conmigo, y tenía destreza innata para dibujar, recuerdo un día, cuando fue la maestra de actos culturales a buscar a alguien del salón que supiera dibujar, y nuestra maestra llamó a Marisela y se fue con esa maestra hasta el auditorio, que lo estaban decorando para un acto cultural, Marisela después me llevó y me mostró el pato que nadaba en una laguna al pie de la sierra nevada de Mérida, porque la obra se trataba del mito, recopilado por Tulio Febres Cordero, Las cinco águilas blancas
      Cinco águilas blancas volaban un día por el azul del firmamento… Cinco águilas enormes, cuyos cuerpos resplandecientes producían sombras errantes sobre los cerros y montañas… 

viernes, 3 de enero de 2014

Querencias de llano



Querencias de llano

     Desde cuando tengo uso de razón, tengo conciencia del llano, como desde los cinco años recuerdo que vivíamos en la casa grande de barro, que la había hecho mi papá, estaba enclavada a una orilla del río Apure, en El Picacho, al frente está Puerto Miranda de Guárico, y sí el llano sigue siendo el inmenso llano, para andarlo a pie, en bestia o navegando las aguas de sus ríos, caños y esteros… Y sí, claro está que no olvido aquella noche de no sé cuándo, comenzaba a oscurecer y de pronto se desató el chubasco, y se fue cerrando la noche, y mi mamá con su letanía Santa Bárbara bendita, San Bartolomé, y mi papá agarró el arpa y empezó a tocar sin parar, afuera zumbaban el chubasco y los truenos, y nos alumbraban los fogonazos de los relámpagos, y el río rugía en su caudal de aguas revueltas y cargadas de troncos y de vegas…
     En mil novecientos sesenta nos vinimos a Calabozo, pueblo de río Guárico, en mil novecientos setenta y dos me fui a estudiar a la Universidad de Los Andes, en Mérida, y en mil novecientos ochenta y ocho volví a mi tierra natal, Calabozo… Aquí hasta ahora dos mil catorce he ejercido la docencia, y desde mil novecientos noventa y tres me vengo desempeñando a Dedicación Exclusiva en la Universidad Rómulo Gallegos, con su lema Caminos y Horizontes… Caminos para andarlos a pie, en bestia o surcando las aguas de sus ríos, caños y esteros, caminos de tierra y caminos de agua, caminos que andan como dijera y escribiera Alberto Arvelo Torrealba, y horizontes ilímites para las miradas, porque en la distancia el llano y el cielo se juntan y no hay lazos que los pueden sujetar…
     Cada parte del mundo tiene sus encantos, y por ellos la gente le brinda sus querencias, yo, como los amantes del llano, me guardo mis más sentidas querencias por esta tierra tendida, plana, ardida de soles y bravía de aguaceros y chubascos, y, claro que no, tampoco olvido en El Picacho aquellas tardes de no sé cuándo, que me entretenía engañando caballitos con granos de maíz amarrados a una cabuya, y los alcanzaban y caían enredados sobre el plan del patio…

jueves, 2 de enero de 2014

Hay ángeles en la casa



Hoy hojeé y ojeé el libro La huella invisible, escrito en 1960 por el poeta de San Sebastián de los Reyes y del mundo Miguel Ramón Utrera, y línea tras línea o verso tras verso me fui llenando de la luz de su escritura, maestro de las letras, como lo fue Armando Reverón en la magia de su pincel, y quiero brindarles de dicho libro a ustedes, lectores, esta plegaria hecha poesía por el poeta que sigue cantando hoy y siempre más allá de su partida física:

                                   Hay ángeles en la casa

                                        Que nadie lo diga ahora
                                   ni nunca, que no hace falta.
                                   Sólo sabemos –y es cierto-
                                   que hay ángeles en la casa.

                                        ¿De dónde el mágico acento
                                   y la encendida fragancia?
                                   La madre canta. Por eso
                                   hay ángeles en la casa.

                                        El tiempo azul y el tiempo
                                   de la sombra inesperada
                                   llevaban raíz de lumbre
                                   cuando la madre cantaba.

                                          Que nadie lo diga ahora
                                    ni nunca que no hace falta.
                                    Alguna vez, en silencio,
                                    también la madre lloraba.
                                    Por eso, todos sabemos
                                    que hay ángeles en la casa.