miércoles, 13 de marzo de 2013

Entre gustos, deseos y enamoramientos, y amor del alma


Entre gustos, deseos y enamoramientos, y amor del alma

     Escuchamos cuando un hombre dice que tal mujer le gusta mucho, de igual manera escuchamos a una mujer decir que tal hombre le gusta mucho; también escuchamos decir de hombres y mujeres que desean estar con alguna mujer o con algún hombre en particular, y asimismo escuchamos decir que está enamorado o enamorada de alguien, y que darían cualquier cosa por lograr ser correspondido o correspondida; hombres y mujeres hasta acuden a sortilegios, oraciones, baños, quiromancia y demás artificios para tratar satisfacer tal enamoramiento… En la vida cotidiana esto es usual, y en el mundo de las artes, y entre ellas la literatura desde sus comienzos en la historia de la humanidad ha venido narrando y describiendo gustos, deseos y enamoramientos en las tramas noveladas, teatrales, legendarias, contadas, fabuladas, míticas y en el subjetivo y sugestivo de la poesía…Dichos gustos, deseos y enamoramientos tantas veces se ven realizados, pero en el tiempo son de efímera duración, porque obedecen a los efectos de los sentidos más que al estado del alma…
     Ahora bien, cuando se trata de la verdad del alma, entonces estamos hablando del amor, y aquí cuando un hombre le dice a una mujer que la ama, le está diciendo que la elige para renunciar al resto de las mujeres, porque es el amor con la esencia del bien, de igual forma pasa cuando una mujer le corresponde con la verdad del alma a un hombre, y lo acepta, ella también está renunciando al resto de los hombres, y es porque uno de los significados de elegir es renunciar, vamos con este ejemplo, si nos dicen que elijamos entre cambur, mango, guayaba, patilla o guanábana, si elegimos patilla, estamos renunciando a las otras frutas, así mismo es el amor del alma, y este amor perdura en el tiempo, y hasta más allá de la muerte física…
     Quizás esta sea la causa principal de por qué nosotros cada día vivimos tan confundidos, porque nos dejamos llevar por los gustos, deseos y enamoramientos, y renunciamos al amor del alma…


martes, 12 de marzo de 2013

José Antonio Páez… Autobiografía (2)


José Antonio Páez… Autobiografía (2)

     “Diré lo que era un hato para aquella época… en la gran extensión de territorio se veían de distancia en distancia ora pueblecillos con pocos habitantes, ya rústicas casas con techos de hojas secas de palmeras… Constituían estos terrenos las riquezas de muchos individuos, riquezas que no sacaban de las producciones de la tierra, sino de la venta de las innumerables hordas de ganado caballar y vacuno, que pacían en aquellas soledades con tanta libertad como si estuvieran en la patria que el cielo les había señalado desde los primeros tiempos de la creación.
     La habitación donde residían estos hombres era una especie de cabaña… La yerba crecía en torno a su placer, y solo podía indicar el acceso a la vivienda la senda tortuosa que se formaba con las pisadas o rastro del ganado.
     Constituían todo el mueblaje de la solitaria habitación cráneos de caballos y cabezas de caimanes, que servían de asiento al llanero cuando tornaba a la casa cansado de oprimir el lomo del fogoso potro durante las horas del sol; y si quería extender sus miembros para entregarse al sueño, no tenía para hacerlo sino las pieles de las reses o cueros secos, después de haber hecho una sola comida a las siete de la tarde. ¡Feliz el que alcanzaba el privilegio de poseer una hamaca sobre cuyos hilos pudiera más cómodamente restituir al cuerpo su vigor perdido!
     En uno u otro lecho pasaba la noche, arrullado muy frecuentemente por el monótono ruido de la lluvia que caía sobre el techo, o por el no menos antimusical de las ranas, del grillo y de otros insectos, sin que despertara azorado al horrísono fragor de los truenos, ni al vívido resplandor de los relámpagos. El gallo, que dormía en la misma habitación con toda su familia, le servía de reloj, y el perro de centinela. A las tres de la mañana se levantaba, cuando aún no había concluido la tormenta, y salía a ensillar su caballo, que había pasado la noche atado a una macoya de yerba en las inmediaciones de la casa. Para ello tenía que atravesar los escobares, tropezando a cada instante con las osamentas de las reses… y téngase presente que el llanero anda siempre descalzo.
     Montado al fin, salía para la expedición de ojear el ganado, que iba espantando hasta el punto en que debía hacerse la parada. Esta operación se conocía con el nombre de rodeo; pero cuando se hacía solamente con los caballos, se llamaba junta.
     Hecha la parada, se apartaban los becerros para la hierra, o sea para ponerles marca, se recogían las vacas paridas, se castraban los toros, y se ponía aparte el ganado que se destinaba a ser vendido. Si la res o caballo apartado trataba de escaparse, el llanero la perseguía, la enlazaba, o si no tenía lazo, la coleaba para reducirla a la obediencia.
     Cuando comenzaba a oscurecer y antes de que les sorprendiera la noche, dirigíanse los llaneros al hato para encerrar el ganado, y concluida esta operación mataban una res, tomando cada uno su pedazo de carne, que asaba en una estaca, y que comía sin que hubiese sal para sazonar el bocado, ni pan que ayudara a su digestión. El más delicioso regalo consistía en empinar la tapara, especie de calabaza donde se conservaba el agua fresca; y entonces solía decir el llanero con el despecho casi resignado de la impotencia:
                                       El pobre con agua justa,
                                        Y el rico con lo que gusta.”
     Para entretener el tiempo después de su parca cena, poníase a entonar esos cantares melancólicos que son proverbiales, algunas veces acompañados de una bandurria traída del pueblo inmediato, en un domingo en que logró ir a oír misa. Otras veces también, antes de entregarse al sueño, entreteníase en escarmenar cerdas de caballo para hacer cabestros torcidos.


     * El hato aquí descrito por Páez corresponde a los finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX…. Y recordemos que transcribo en el actual castellano…


lunes, 11 de marzo de 2013

La Bula de erección de la Diócesis de Calabozo


La Bula de erección de la Diócesis de Calabozo

     En el sesquicentenario de la creación de la Diócesis de Calabozo es necesario comprender este hecho a partir del análisis de la relación Religión-Cultura, partiendo como una realidad cultural enmarcada dentro de las actividades realizadas por los hombres en cualquier momento circunscrito dentro de los criterios de totalidad, sin excluir ningún elemento para su interpretación. Por consiguiente, se abordará no solo la dimensión religiosa sino también otros aspectos donde la sociedad tomó parte como actor del desarrollo histórico al ser abordado.
     En tal sentido, estudiar este proceso a partir de los sujetos intervinientes que en este caso tuvieron que ver con la conformación de la Diócesis de Calabozo, teniendo en cuenta que el día siete de marzo de este dos mil trece se cumplen ciento cincuenta años del decreto de promulgación por su Santidad Pío IX, gracias a la Bula Pontificia, y por consiguiente se debe tomar en cuenta todos los aspectos de interés, que tienen relación con la creación de esta Institución Diocesana, que ha sido decretada para su futuro desenvolvimiento en el tiempo. Se tiene el hecho de que la gran extensión del territorio eclesiástico de las Diócesis de Caracas y de Mérida impiden un mejor desempeño para la administración de la fe católica, y tras discusiones en los planos civil y religioso se llega al convencimiento de la necesidad de creación de otras Diócesis para lograr una mejor labor de esta actividad espiritual. Por lo antes expuesto, el Congreso Nacional el 8 de mayo de 1847 decretó la creación de las Diócesis de Barquisimeto y de Calabozo, en atribuciones del Estado venezolano, y con los acuerdos estipulados con la Iglesia (Patronatos y Concordatos), para un mejor y mayor servicio religioso a los pobladores de los llanos centrales, que abarcaban la Provincia de Caracas, los Cantones de Calabozo, Chaguarama, Orituco, San Sebastián de los Reyes y las Parroquias de Apure, los Cantones de Nutrias y Guanarito, la de Carabobo y el Cantón de El Pao; hoy en día dicho territorio comprendería todo el Estado Guárico, gran parte del Estado Apure, y algunos poblados de los Estados Cojedes, Portuguesa, Barinas y Aragua. Es necesario señalar que después del proceso independentista, siempre se buscó conservar incólume el espíritu religioso, y de allí el interés del decreto que autorizaba la creación de nuevas Diócesis para atender a los ciudadanos con estos servicios de fe, a pesar de los diferentes desencuentros entre la alta jerarquía eclesiástica y los gobernantes de turno hasta finales del siglo XIX.
     Una vez sancionado el Decreto por el Poder Legislativo, el Poder Ejecutivo lo refrenda, la Arquidiócesis  eleva ante el Papa la factibilidad de los puntos de vista religioso y de garantías económicas que la nación estaba dispuesta a aportar para el funcionamiento de las Diócesis de Barquisimeto y de Calabozo, y en consecuencia Pío IX emite la Bula Papal del siete de marzo de mil ochocientos sesenta y tres, con la que se hace oficial la erección de la Diócesis de Calabozo.
                                                                                                               José Aquino

domingo, 10 de marzo de 2013


José Antonio Páez… Autobiografía (1)

     Las referencias tomadas de la Autobiografía de José Antonio Páez, publicada en New York, en abril de 1867, las transcribo en castellano actual…

     “Además de los inconvenientes de adoptar principios exagerados en pueblos que empezaban a comprender las ventajas de la libertad, muchos patriotas sabiendo que España no desistía de sus pretensiones de reconquista, creyeron que solo podían ser respetados los nuevos países por medio de una fuerza central que en caso de peligro pudiese obrar sin estorbo alguno en el interior contra las agresiones exteriores. Nada de odioso ni despótico podía tener esta centralización del poder, puesto que el jefe del gobierno ejercía la autoridad que en él depositaba el pueblo por un limitado espacio de tiempo. Confieso que semejantes doctrinas no suenan tan bien como las que predican sus contrarios; pero en tratándose de intereses sagrados y vitales no hay que dejarse llevar por teorías que suenan gratas al oído, sino poner en práctica verdades que produzcan resultados positivos.
     … solo la unión y la fuerza material hacen fuertes y respetados a los pueblos que tienen intereses comunes.
     No creo que España vuelva a conquistar ni un palmo del terreno que antes poseyó, mientras haya llanos, pampas y sabanas que conviden al hombre al goce de la libertad; pero que la América del Sur llegue a ser lo que parece estar llamada a ser, obra será de muchos años.
     Yo tengo fe en el porvenir, pero no veo otro medio para que el pueblo pueda entrar sin peligro alguno en las vías de las reformas que exija el progreso de las ideas modernas, sino la educación propagada liberalmente en todas las clases de la sociedad.
     Terminaré esta introducción recomendando a mis compatriotas encarecidamente que tengan valor y armas solo para una guerra extranjera y que trabajen con fe y devoción por el porvenir de nuestra patria, que solo necesita paz, y más que nada orden, para el desarrollo de todos los variados elementos de prosperidad, a los cuales no se ha atendido por las disensiones y anarquía que han asolado siempre países tan favorecidos por la mano del Hacedor Supremo.”


José María Vargas: “el mundo es del hombre justo y honrado”


José María Vargas: “el mundo es del hombre justo y honrado”

     José María Vargas nace el 10 de marzo de 1786 en La Guaira, se gradúa de médico en 1808 en la Universidad Santa Rosa de Caracas, y comienza su profesión en Cumaná… En 1812 cuando el terremoto de Caracas ahí lo encontramos prestando sus servicios, y en este mismo año tras la capitulación de Miranda, Vargas es recluido en las bóvedas de La Guaira, donde permanece preso hasta 1813, y cuando regresa Bolívar, triunfante al final de la Campaña Admirable, Vargas es liberado, después de lo cual decide irse a la Escuela de Medicina de Edimburgo, que para ese entonces era un reconocido centro de estudio e investigación, y en donde Vargas además de las Ciencias Médicas estudia Botánica, Zoología, Química, Mineralogía, y a la par de la cirugía y de la medicina general se adentra en el estudio de la obstetricia, ginecología e histología; luego pasa a la Universidad de Londres y de allí se va a París… En 1823 se encuentra en Puerto Rico, y en 1825 regresa a Venezuela… En el año 1827 conoce a Bolívar, ambos se rinden mutuos respetos, y como la Universidad estaba en situación crítica en lo académico y administrativo, Bolívar lo designa Rector, y para esto el Libertador tuvo que modificar los estatutos de la Universidad, para que un médico pudiera ser Rector, y como cosa más trascendente, Bolívar decide que la Universidad no dependa del Poder Ejecutivo, y para ello le otorga autonomía, para que la Universidad nombre sus autoridades y se dé sus leyes de Alma Mater; el doctor José María Vargas asume el Rectorado y gracias a su gestión se le da cabida a los venezolanos de todos los colores de piel y de clases, a los extranjeros y a los de todas las religiones, y le da inicio a la experimentación, y los nuevos conocimientos empiezan a tener acogida en la Universidad venezolana… En el año 1835 es electo Presidente de la República, cargo que le es mancillado por el “Movimiento de las Reformas”, que derroca a Vargas, y en algún momento se da la escena entre el conjurado Pedro Carujo y el doctor José María Vargas, Carujo le solicita al doctor Vargas que renuncie diciéndole:
     “-¡Doctor, el mundo es de los valientes!”
     A lo cual Vargas le responde:
     “-¡No, el mundo es del hombre justo y honrado!”

viernes, 8 de marzo de 2013

Simón Bolívar… Íntimo (1)


Simón Bolívar… Íntimo (1)

                                                                          Pallasca, 8 de diciembre de 1823

         A su excelencia el general Francisco de Paula Santander
         Mi querido general:
                En medio de los Andes, respirando un aire mefítico que llaman soroche, y sobre las nieves y al lado de las vicuñas, escribo a usted esta carta que deberá estar helada, si un cóndor no se la lleva y la hace calentar con el sol. En fin, amigo, escribo a usted de la sierra del Perú, que es como quien dijera una caricatura del reino, pues todo aquí respira el aire de las montañas…
                He sabido que ha llegado de París un amigo mío, don Simón Rodríguez: si es verdad haga usted por él cuanto merece un sabio y un amigo mío que adoro. Es un filósofo consumado, y un patriota sin igual, es el Sócrates de Caracas, aunque en pleito con su mujer, como el otro con Jantipa, para que no le falte nada socrático. Dígale usted que me escriba mucho; y déle usted dinero de mi parte librándolo contra mi apoderado de Caracas. Si puede que me venga a ver…
                  Adiós, mi querido general. Soy de usted de corazón.

                                                                                                                   Bolívar