sábado, 26 de enero de 2013


Rómulo Gallegos

     La primera edición de la novela Doña Bárbara fue publicada en Madrid, España, por la editorial Araluce en el año 1929: veinticinco años después, el Fondo de Cultura Económica publica una edición de esta novela, y le solicita a Rómulo Gallegos, que escriba un prólogo alusivo a la trama y a la forma de la obra, y al respecto dice el autor: …”fui yo quien tuvo que ir a los llanos de Apure, por primera vez, en abril de 1927… Gente cordial, entre ella un señor Rodríguez… ¿Ha oído usted hablar de…? Y nombró a un personaje de la vida real, un triste caso de la vida real. Un doctor en leyes que se internó en un hato de su propiedad y administrándolo bien llegó a convertirlo en uno de los más ricos de la región; mas, porque un mal día comenzó a aficionarse a la bebida –acaso uno de esos de lluvia continua, a los que el llanero designa “de cachimba, tapara y chinchorro“, o sea de entretener el ocio con el humo de la pipa y el trago de aguardiente, este en el rústico envase de la tapara bajo la meciente cama-, de tal modo se entregó, que ya no hubo allí hombre que para algo sirviese. No estaba mal como personaje dramático y le puse por nombre Lorenzo Barquero.
     Pero ya el señor Rodríguez me estaba haciendo otra presentación: -¿Ha oído hablar de doña..? Una mujer que era todo un hombre para jinetear caballos y enlazar cimarrones. Codiciosa, supersticiosa, sin grimas para quitarse de por delante a quien le estorbase y…
     -¿Y devoradora de hombres, no es cierto? Pregunté con la emoción de un hallazgo, pues habiendo mujer simbolizadora de aquella naturaleza bravía ya había novela. ¿Bella entonces, también como la llanura?
     Allí supe de María Nieves, “cabrestero” del Apure, cuyas turbias aguas pobladas de caimanes carniceros cruzaba a nado, con un chaparro en la diestra y una copla en los labios, por delante de la punta de ganado que hubiera que pasar de una a otra margen. Con todo y su nombre lo metí en mi libro.
     En el hato de La Candelaria de Arauca, conocí también a Antonio Torrealba, caporal de sabana de dicho fundo –que es el Antonio Sandoval de mi novela- y de su boca recogí preciosa documentación que utilicé tanto en Doña Bárbara como en Cantaclaro.
     Llano adentro, más allá del Arauca, encontré a Pajarote –así se le apodaba-, el de la mano entregadora de hombre leal al estrechar la que se le ofrecía, y a Carmelito, el desconfiado, a quien había que demostrarle, con ejecutorias visibles, que se tuviera en el pecho corazón de hombre bueno de a caballo y bueno de verdad. Franqueza y recelo, dos formas de una misma manera de ser llanero.
     A Juan Primito con sus rebullones, tonto y bueno, lo conocí en un pueblo de los Valles del Tuy. Y a los de contraria índole: Mujiquita y Pernalete, Balbino Paiba y el Brujeador, me los encontré en varios sitios de mi país, componiendo personificaciones de la tragedia venezolana.
     Pintura de un desgraciado tiempo de mi país, no podían faltar, sin embargo, en mi novela, Santos Luzardo y Marisela, de pura invención de novelista.
     Se ponía el sol, suntuosamente, sobre el ancho río, y sobre la sabana inmensa, campo desierto, alimentador de la arrogancia del hombre ya recogida en la copla llanera:
   
                                                    Sobre la tierra la palma,
                                                    sobre la palma los cielos;
                                                    sobre mi caballo yo
                                                    y sobre yo mi sombrero.”

     Rómulo Gallegos nació en Caracas (1884), inició su creación narrativa con algunos cuentos publicados en el libro Los aventureros (1913), continúa con La rebelión (1922), que años después reeditará con otros trabajos similares, hasta Cuentos venezolanos (1949), El último patriota (1957) y Sus mejores cuentos (1959)… En el escenario de la novelística publica El último Solar, más tarde le cambia el título a Reinaldo Solar, La trepadora (1925), Doña Bárbara (1929), Cantaclaro (1934), Canaima (1935), Pobre negro (1937), El forastero (1942), Sobre la misma tierra (1943), La brizna de paja en el viento (1952), luego de su muerte se publica Tierra bajo los pies (1971).
      El último Solar o Reinaldo Solar es la forma de narrar la trascendencia de la familia Solar, en la vida del último de sus descendientes… La trepadora, símil con el que desarrolla una trama novelesca entre las diferencia de clase emparejadas en el amor de dos personajes, la mujer adinerada y de clase alta y el hombre sin planes en la vida, dejándose llevar por los impulsos de su fuerza joven y de reconcomios consigo mismo y con los de su clase… Doña Bárbara, en donde va a confluir una serie de situaciones sociales, enmarcadas en el conflicto de barbarie-civilización… Cantaclaro es la epopeya al llano recio, asiento del hombre cantador, mujeriego y fantaseador, el personaje en prosa de Gallegos, en el verso de Alberto Arvelo Torrealba, y en la Cantata de Antonio Estévez, prosa, poesía y música para un contrapunteador sin par:.. En el primer capítulo de la novela Cantaclaro, nos presenta al personaje coplero en su arrogancia firme sobre la ilímite sabana:

                                                 “Desde el llano adentro vengo
                                                  tramoliando este cantar.
                                                  Cantaclaro me han llamado.
                                                  ¿Quién se atreve a replicar?”

     Canaima, el nombre del dios del mal, desarrollo dramático que encarna a un personaje que le lanza topos a todo, a la audacia, a la aventura, a los desafíos a muerte, y que al final de la obra se deja llevar por la magia y el encanto de la selva indomable y cautivadora… Pobre Negro, la interminable historia del negro sometido, usado y burlado en cada una de sus circunstancias, como esclavo, como soldado y como ciudadano, en los campos, en los cobijos de negradas, en la guerra y en la república… El forastero, voz para darle cabida al foráneo de otra región del país o al de algún otro país… Sobre la misma tierra, la guajira venezolana con sus prácticas, sus costumbres y sus prometedoras posibilidades de hacer la mejor venezolanidad… La brizna de paja en el viento, ambientada en los espacios universitarios cubanos… Tierra bajo los pies, signo de amplitud para dejar sentado que la tierra es una sola, la paisana y la extranjera, suficiente para afirmarse, hacerse y trascender con el estudio y el trabajo creador y fecundo. Gallegos señaló aspectos de hondura regional, nacional y latinoamericana, su hacer literario abrió nuevos caminos en los enfoques de la escritura de aquellos años de comienzos y mediados del siglo veinte, fue un orientador de creencias en la fuerza creadora de nosotros mismos, con nuestros aciertos y equivocaciones, y sobre todo para que nuestras equivocaciones sean para obtener aprendizajes de nacionalidad, de arraigo en lo rural y en lo citadino, para el republicano que anunciaba Simón Rodríguez, y para la certeza de niños, jóvenes, adultos, hombres y mujeres para emprender, lograr y afianzar valores buenos para ser y proyectar en individualidades y en colectivo; la escritura de Gallegos es amplia en los cuatro puntos cardinales de Venezuela y más allá de sus límites.


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