martes, 9 de marzo de 2021

 José María Vargas

José María Vargas nace en La Guaira, Capitanía General de Venezuela, el 10 de marzo de 1.786. En 1.798, ingresa en la Universidad Real y Pontificia de Caracas, donde se gradúa de bachiller en filosofía el 11 de julio de 1.803; obtiene los grados de bachiller, licenciado y doctor en medicina en el año 1.808; termina los estudios de Medicina y se traslada a Cumaná, donde reside hasta 1.812; se encuentra La Guaira cuando se produce el terremoto del 26 de marzo de 1.812, y allí presta destacados servicios como médico y hombre público a la comunidad, que son reconocidos oficial y públicamente por la municipalidad guaireña;​ después de su destacada participación tras los sucesos del terremoto de 1.812, Vargas regresa a Cumaná para seguir con sus labores médicas. Es encarcelado en 1.813 por el jefe realista, Juan Francisco Javier Cervériz, que al llegar a Cumaná reduce a prisión a todos los que habían formado parte del Poder Legislativo, en el cual Vargas toma parte debido a sus ideologías independentistas. Posteriormente, es exiliado a Europa donde perfecciona sus estudios médico- quirúrgicos en Edimburgo; cursa, a su vez, estudios de cirugía, química, botánica, anatomía y odontología. Asimismo, en esta época es incorporado en Londres como miembro del Real Colegio de Cirujanos. En 1.819 regresa a América, se establece en Puerto Rico,  donde se hallan refugiados la madre y sus hermanos que huyen de la desoladora guerra de independencia venezolana. En Puerto Rico desarrolla una importante labor profesional y científica, escribe numerosos trabajos y colabora con la Junta de Sanidad de la isla. Retorna a Venezuela en 1.825, desde su llegada se dedica de al ejercicio de su profesión,  se incorpora a la Universidad de Caracas como profesor de Anatomía. En 1.826, el Libertador Simón Bolívar, durante su última estada en Venezuela, llama al doctor José María Vargas para confiarle la importante misión de restaurar la Universidad de Caracas (actualmente Universidad Central de Venezuela). Así en el año 1.827 Vargas inicia una Universidad nueva, implementa sus conocimientos acorde con los grandes centros europeos en los cuales ha estudiado. Abre la Facultad de Medicina en dicha Universidad, enseña anatomía, botánica, mineralogía y química (ramas que hasta ese entonces eran desconocidas para la sociedad venezolana); trae consigo estas ciencias al país. De esta manera, Vargas dedica un cuarto de siglo a la orientación de las próximas generaciones, sin cobrar ningún sueldo por ello. Es a partir de esta época, cuando Vargas recibe el reconocimiento y el respeto de diversos sectores de la sociedad caraqueña, debido a su exitosa labor administrativa, gracias a la cual consigue poner al día las cuentas de la universidad, también se dedica a reorganizar las diversas facultades, crea nuevas cátedras, organiza sus bibliotecas y relaciona la universidad con otras instituciones. En consecuencia, al término de su desempeño como rector, la universidad se ve convertida en un modelo de eficiencia administrativa y en un prestigioso centro de estudio. Como profesor de anatomía inicia las disecciones de cadáveres, procedimiento que era sumamente novedoso para la época, lo que le confiere extraordinaria reputación como docente. En 1.827 funda la Sociedad Médica de Caracas, con la cual se comienza a practicar reuniones científicas en el país. Durante este período desarrolla una amplia labor de investigación en botánica, que le lleva a establecer relaciones con hombres notables de esta ciencia en el mundo entero. Como ejemplo de esta circunstancia, tenemos que De Candolle, uno de los más importantes botánicos de la época, bautiza algunas plantas con el nombre de Vargasia en homenaje a los trabajos realizados en tal materia por Vargas. En 1.829, al ser fundada en Caracas la Sociedad Económica de Amigos del País, Vargas es designado su primer director. Una vez concluido su rectorado, Vargas se dedica a la instrucción, funda en 1.832 la cátedra de Cirugía; simultáneamente con sus actividades científicas y educativas, Vargas toma parte en las actividades políticas, asiste al Congreso Constituyente de 1.830, donde despliega una gran actividad en las comisiones de trabajo, en las sesiones plenarias y en  oportunidades salva su voto al estar en desacuerdo con algunos planteamientos del Libertador, lo que no le impide ser nombrado ese mismo año como albacea testamentario de Simón Bolívar. En 1.834, cuando se comienza a hablar de los candidatos para el período presidencial 1.835-1.839, su nombre se menciona con gran insistencia, sobre todo en los círculos intelectuales, lo que de alguna manera expresa cierta actitud antimilitarista. Por tal motivo, ciertos sectores de la sociedad venezolana, que ven con desconfianza a esta multitud de militares con ambiciones políticas y de poder, tratan de reforzar el poder civil mediante la prestigiosa figura de José María Vargas. En este sentido, la opinión pública caraqueña y nacional comienza a presionar sistemáticamente a un reticente Vargas para que acepte la primera magistratura, a lo que accede finalmente. Es elegido presidente en las elecciones de 1.834, voto ratificado por el Congreso el 6 de febrero de 1.835 y se encarga de la presidencia el día 9 de febrero de 1.835. Posteriormente el 8 de julio de 1.835 estalla la Revolución de las Reformas, dirigida por Pedro Carujo, lo apresan y exilian el 9 de julio a Saint Thomas. Después de su experiencia como primer magistrado, se dedica exclusivamente a la educación. Durante esta etapa de su vida asume la presidencia de la Dirección general de Instrucción Pública, la cual ejerce desde 1.839 hasta 1.852. Asimismo, continúa dando en la Universidad sus clases de anatomía y cirugía, funda además en 1.842 la cátedra de Química. Preside también la comisión encargada de exhumar en Santa Marta los restos del Libertador y conducirlos a la patria, misión que es completada en diciembre de 1.842. En agosto de 1.853 enferma y viaja a Estados Unidos, reside primero en Filadelfia y luego en Nueva York, donde muere el 13 de julio de 1.854.

Adelfo Morillo

 

Juan Germán Roscio

Juan Germán Roscio Nieves nace el 27 de mayo de 1.763 en San Francisco de Tiznados (Estado Guárico), pasa ahí los primeros años en un ambiente de campo, desde niño empezó a hablar italiano y recibe lecciones de latín, gracias al padre. Viaja a Caracas en 1.774 para iniciar sus estudios formales bajo la protección de la hija del Conde de San Javier. Durante este período cursa estudios de teología, sagrados cánones y derecho civil. En 1.794 obtiene el título de doctor en derecho canónico y en 1.800 el de derecho civil. En 1.796 hace la petición a la Real Audiencia de Caracas, para solicitar su inscripción como abogado en aquel distrito judicial, que le fue concedida; pero el Colegio de Abogados pone trabas para admitirlo en su seno, alegando que en el expediente de limpieza de sangre presentado por Roscio no figura el calificativo de india que en otros documentos se le da a su madre y a su abuela materna. Esta circunstancia da a Roscio la oportunidad de iniciar un contencioso en el cual presenta brillantes alegatos que dejan en evidencia su formación jurídico-ideológica y la orientación filosófica de su pensamiento. El proceso dura hasta 1.805, año cuando Roscio logra su definitiva incorporación al Colegio de Abogados. Gracias a este proceso y a otro conocido como Juicio a Inés María Páez, Roscio es considerado un precursor de la defensa de los derechos civiles y en la lucha contra la discriminación en América. Roscio Nieves protagonista de los acontecimientos ocurridos en Caracas el 19 de abril de 1.810 al incorporarse como diputado del pueblo al Cabildo que se celebró ese día, miembro de la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII, ocupa la Secretaría de Relaciones Exteriores, de Defensa, Fomento, y secretario de Gobierno de la misma. Durante este tiempo sostiene una labor propagandística a favor de la emancipación, la cual desarrolla a través de la prensa, correspondencia epistolar y en sus declaraciones y discursos expresados en el Congreso Constituyente instalado el 2 de marzo de 1.811, al cual asiste como diputado de la Villa de Todos los Santos de Calabozo, redactor del Acta de la Declaración de Independencia de Venezuela, participa asimismo en la elaboración de la Constitución de Venezuela de 1.811, sancionada el 21 de diciembre de 1.812, se ocupa de la publicación de la Gazeta de Caracas, a partir de octubre de 1.810 interviene de manera decisiva en su edición, para lo cual se apoya en Andrés Bello, desde ese momento el periódico adquiere un mayor tinte político, en agosto de 1.810 funda, por decreto, la histórica Sociedad Patriótica, en la cual participa luego Francisco de Miranda y ahí da Simón Bolívar su célebre primer discurso de: Acaso 300 años de calma no bastan...; en marzo de 1.812 es elegido miembro del Poder Ejecutivo Plural —triunvirato— en calidad de suplente, en ejercicio de su papel de miembro del ejecutivo le toca la misión de imponer a Francisco de Miranda el título de generalísimo y dictador de Venezuela. Sin embargo, después del triunfo del jefe realista Domingo de Monteverde y pérdida de la Primera República a mediados del mismo año, Roscio es remitido preso a España, a las cárceles de Cádiz. Luego es trasladado a Ceuta con siete compañeros de presidio —referidos por Monteverde como los ocho ilustres monstruos —incluyendo a José Cortés de Madariaga, Juan Pablo Ayala, Juan Paz del Castillo, Francisco Isnardi, José Mires, Manuel Ruiz y Juan Baraona. Roscio con tres de ellos se fuga en 1.814 hasta encontrar refugio en Gibraltar, aunque al llegar allí, el gobernador británico George Don los entrega de nuevo a las autoridades españolas. No obstante, el príncipe regente de Inglaterra, luego de una brillante carta enviada por Roscio a través de su amigo Thomas Richard, intercede por la libertad de los cuatro presos ante el rey Fernando VII, quien se ve forzado a liberarlos. Roscio llega a Estados Unidos después de estar en Jamaica. Su obra Triunfo de la libertad sobre el despotismo..., se publica en Filadelfia en 1.817, y en 1.818 se encuentra Roscio en Angostura apoyando a Simón Bolívar en la reconstitución de la República de Venezuela y en la creación de Colombia. Durante este lapso se desempeña como director general de Rentas, presidente del Congreso de Angostura, vicepresidente del Departamento de Venezuela y vicepresidente de Colombia. Ocupa este último cargo cuando muere en Cúcuta el 10 de marzo de 1.821, en vísperas de celebrarse el Congreso de Cúcuta. Roscio introduce en Venezuela el papel moneda —propuso que se llamara bolívar—; además es miembro fundador del Correo del Orinoco y su segundo director, es también el precursor de la creación de la Biblioteca Nacional. Roscio fue un hombre de entera confianza de Simón Bolívar, que desde 1.819 lo mantiene como segundo en la conducción de la República; para el momento de su muerte  está por asumir la Presidencia del Congreso Fundacional de Colombia.

Lecturas sugeridas:

*Bolívar, Reinaldo José. Los Olvidados del Bicentenario. Juicio Final     al Mestizo Juan Germán Roscio Nieves (2.013). Caracas.

**Rodríguez, Adolfo. Juan Germán Roscio. El Máximo Constituyentista Venezolano (2.011). Villa de Cura, Aragua.

***Roscio Nieves, Juan Germán. Triunfo de la libertad sobre el despotismo. (1.817). Filadelfia.   

Adelfo Morillo

 Respeto por la palabra      69 

Remembranzas de Teresa Amelia Gamarra Rico. Estampas de Guaratarito        1

Ante todo doy mis más infinitas a nuestro Dios Todopoderoso por haberme permitido estar aquí para decirles estas palabras que he guardado dentro de mí, las que dedico a la memoria de mis amados padres y a ustedes, el hermoso linaje que el Señor me ha concedido. El humilde trabajo representado en este bello mural fue lo que mi mente grabó en aquellos tiempos de mi infancia. En estos vastos lugares, mis padres eligieron el punto para fundar el hogar de la familia Gamarra Rico. Decidieron llamarle Guaratarito haciendo honor al árbol más llamativo del lugar, un guarataro. La familia estaba compuesta por Don Tomás Gamarra Rodríguez, caballero oriundo de Camatagua, Estado Aragua, descendiente de las islas Canarias, España, y de su esposa Doña Pastora Rico de Gamarra, nativa de Villa de Todos los Santos de Calabozo, Estado Guárico. Fue por el año de 1.930, cuando mi ser comienza a llenarse de los aconteceres del llano; aun mi corazón late y puede manifestar y testimoniar en estos momentos aquello que fue la gran felicidad de mi niñez. Yo, Teresa Amelia, vi sol y luna brillar sobre las arboledas, su luz penetrar el patio de la casa grande, donde su florecido jardín cuidado de manos de mi madre lucía siempre esplendoroso: clavellinas rojas, resedad, jazmines y copo de nieve la preferida de papá. En este mismo lugar. Noche de luna clara, la familia reunida, compartía un solo entretenimiento: desgranar y escoger el maíz y los frijoles cosechados en el conuco. Los niños acostados en cueros de ganado, oyendo relatos y cuentos de los mayores: Las mil y una noches, el viaje del hombre a la luna... Así también contemplé aquellos mediodías que se abrazan con las tardes y las noches, lánguidas y sombrías, repletas de soledad y silencio que nos ofrece el llano. En tiempo de lluvias vi llegar la oscuridad de la noche con rigurosas tormentas acompañadas de relámpagos y truenos ensordecedores que laceran los recónditos espacios del alma, el viento levantarse con furia azotando las montañas, así como también oía el canto triste de las aves nocturnas, el gallo anunciando las horas, el mugido del toro, el relinchar de las bestias, los rodeos de ganado rumiando el pasto en el paradero...

   Editor Adelfo Morillo

 

Respeto por la palabra      68

Ángel Rosenblat escribió Buenas y malas palabras..., libro abundoso en historia y descripciones de sinnúmero de palabras. Ahora delimitamos de forma sencilla que las malas palabras son aquellas que usamos para mentir, para engañar y cada palabra o expresión que usamos para ofender, para insultar, y sobre manera son malas palabras las groserías; en cambio las buenas palabras deben las más sencillas de encontrar para usarlas en elogios, reconocimientos, agradecimientos y en cada momento que queramos dejar constancia de respeto en lugar y circunstancia en que nos toque estar presentes, esto en el mundo de la comunicación oral; y cuando se trata de la comunicación escrita, en este presente continuo en que gracias a Dios nos mantenemos, las palabras deben hablar de nuestro propio respeto y del respeto para los demás; hoy en día usamos teléfonos celulares, computadoras, y frecuentamos las redes sociales, procuremos, cuando enviemos mensajes escritos, ser responsables de las palabras que elegimos y de asegurarnos además de que estén bien escritas con su debida acentuación y los adecuados signos de puntuación y de que el mensaje sea claro y sin que deje lugar a equívocas interpretaciones...      La Luna redonda refulge sobre aguas del aljibe, transcurre la noche entre estrellas y luciérnagas. La brisa se cuela entre naranjos que discurre fragancia de azahares. En el patio rutilan claroscuros y danzan tantos sonidos en la distancia. Me columpio en chinchorro, siento distintas cosas, sobre todo las que me han alegrado y las que me alegran en este presente continuo que fluye en el río inagotable del amor.                           

Adelfo Morillo

lunes, 8 de marzo de 2021

 

A ti, mujer

 A la vida buena y bella

Tú te das y te consagras en amor

Inagotable, porque Dios, te hizo

Mujer, hija, novia, esposa, madre, amante

Universal de agua o fuego...

Joven eres en cada momento, porque

Eres eterna de alma que no se arruga...

Renaces, mujer, una y tantas veces hasta el infinito...

Adelfo Morillo

 

 

 

Respeto por la palabra      67

En poesía la aliteración consiste en repetir la misma letra o más en el mismo verso o línea: Se fue con la tarde fresca, / desde entonces espero en calma (fue, fresca;  entonces, espero, en: aliteraciones); el poeta caraqueño Pablo Rojas Guardia en su poesía Ahora..., ahí encontramos: Verso de ayer y de hoy, y de siempre. / Sonidos equidistantes del cerebro y del corazón.         Y este mismo poeta en la poesía La carreta..., aquí también hallamos: No hay una línea en el paisaje / que se muestre potente para la emoción... / La carreta que no era el todo en el paisaje / ahora está allí sola en el camino... / Cómo sus ruedas van rimando un poema...                       El poeta cumanés (Sucre) Andrés Eloy Blanco en su poesía La cita..., aquí apreciamos: La tarde y yo te esperamos... / ¡Mira el viento!, ¡se ve el viento!, / ¡la nube está echando lirios!; / mira el pinar, cómo viene, / pino a pino, pino a pino...

Adelfo Morillo