sábado, 15 de julio de 2017

Almas amantes

Almas amantes

Las almas amantes
son amigas de todo,
de la hermosura de cada instante
en mágicos versos
y andan por el mundo
tomadas en sentimientos,
para escuchar otras ideas,
para atender con fundamento;
y siguen por el mundo
entregadas a los que menos tienen,
son almas entregadas a lo bueno;
las almas amantes
son amigas de todo,
de los mensajes de texto
que llegan como viento,
mensajes que hablan
de amores y sueños,
amores por la belleza
de portarse lo mejor que pueden,
sin envidiar nada ni a nadie,
con voluntad de acero,
sin egoísmos mezquinos
de esos que llevan lejos,
lejos de las verdades
que estremecen cuerpo,
alma y sentimiento;
almas amantes de locuras y disparates,
como tender la mano amiga
a tanta gente sin
 catre,
como escuchar con oídos atentos
tantos y tantos sufrimientos.

Las almas amantes
son amigas de todo,
de la pobreza y de la ternura,
de la necesidad sin amargura;
las almas amantes
son amigas de todo,
de la carestía y de la rosa,
de las urgencias y de las mariposas;
las almas amantes,
amantes en silencio,
amantes para tantos más;
las almas amantes
de invaluables quilates,
amantes de razones y dislates,
las almas amantes,
nunca ausentes ni distantes.


                                      Adelfo Morillo

Siembra

Siembra

Desde muchacho
me ha cautivado un tucusito,
ese colibrí o chupaflor
o también chupachupa
y quise tanto tenerlo conmigo
que una vez de una pedrada
maté un tucusito,
lo tuve en las manos
y no comprendí
por qué ya no tenía encanto,
cómo había perdido su calor,
seguía con color,
mas ya no vivo color
y desde entonces
vivo queriendo enmendar mi error,
fue un crimen de lesa culpabilidad.

Ya no soy un muchacho,
mas quisiera olvidar ese crimen,
siembro plantas
y llegan a sus flores,
mariposas, abejas, pegones,
avispas y chupaflores
y ahora solo me encanto,
porque contemplo con amor
el vaivén de vida variopinta.

Ya en edad no soy un muchacho,
mas en mi sentir sí soy un muchacho,
siento la lluvia menuda,
siento su música fragante,
siento cómo pasa el tiempo;
en mis sentidos soy un muchacho,
coloreo emociones,
deletreo canciones,
silabeo madrugadas
y palpo coqueteos de luna;
escribo y me confieso
ante Dios y ante la gente
y por tanto confío
en que ese crimen
yo ya lo haya pagado;
mas sigo en mi siembra de plantas,
siembro frijol negro,
similar a la caraota negra,
siembro espinacas
y también albahacas,
siembro mis ojos
en cada cosa bonita
y me dejo alegrar
por cada momento sin prisa.


                                    Adelfo Morillo 

Bendita la vida

Bendita la vida

Bendita la vida
por el aliento que nos da
y por el alma de pan;
bendita en las mañanas
con caricias de brisas
o en las tardes
templaditas o tibias;
bendita en las noches
con presencia de luna
o en las noches sin luna.

Bendita la vida
bordadita de sonrisas
por riachuelos tardos o rapiditos;
bendita en suspensos arcoíris
o en sueños de cotufas;
bendita en danzantes cocuyos
por las noches sin luna.

Bendita la vida
que nos cobija los sueños,
mientras nos llena los dedos
el helado que saboreamos,
comemos y nos chorrea,
cómo nos llena;
bendita la vida
que nos colma de ilusiones
y nos llena de sueños.

Bendita la vida
cuando nos plena de sonrisas,
cuando no va de prisa;
bendita por el ojo al viento
que dibuja tus formas
y ese instante de ternura,
que se da en colores,
en palabras y silencios,
en suspiros y en miradas;
bendito ese instante de ternura
que deparó el ojo al viento;
bendita la vida,
bendita la vida.


                           Adelfo Morillo   

Cuando hay gusto

Cuando hay gusto

Cuando hay gusto,
las palabras están de más,
cuando hay gusto,
todo es tan bonito,
miramos mejor a los demás,
caminamos y sonreímos,
hacemos bromas y cantamos;
cuando hay gusto,
el tiempo tan rápido se nos va,
las horas parecen minutos
y tan rápido se nos van;
cuando hay gusto
andamos de aquí para allá,
sentimos que podemos volar,
el tiempo se nos va
en soñar y soñar;
cuando hay gusto,
somos dueños del mundo,
nos hacemos vagabundos,
sin hacer mal a los demás,
somos vagabundos por amar,
por sonreír y soñar;
qué bien es vivir con gusto,
para hablar y sembrar,
para mirar y cosechar,
para sentir, pensar y soñar.

Cuando hay gusto,
tantas cosas están de más,
no hace falta hablar,
comprendemos
lo que dicen los ojos,
tantas cosas entendemos,
no hace falta hablar;
cuando hay gusto,
buscamos hacer más,
más cosas bonitas
que favorezcan a los demás;
cuando hay gusto
podemos atender a la humanidad.


                                           Adelfo Morillo

Cuestiones de amores

Cuestiones de amores

En cuestiones de amores
no hay razones ni sinrazones,
en custiones de desamores
no hay razones ni sinrazones,
se ama y ya
o se desama y ya;
qué bien nos sentimos,
cuando estamos a gusto,
qué desubicados nos sentimos,
cuando estamos a disgusto.

Soy lector más que escritor,
soy lector de lo que escucho,
soy lector de lo que miro,
y con frecuencia escribo;
soy lector porque me gusta,
soy escritor porque me gusta;
soy lector de lo que siento,
soy lector de lo que pienso.

En cuestiones de amores
o en cuestiones de desamores
solo hay flores o desazones;
flores que adornan la vida,
desazones que agrian la vida;
en cuestiones de amores
nadie sabe nada,
en cuestiones de desamores
tantos saben bastante;
mas lo que abunda es el amor,
el amor que nunca toca fondo
y siempre tiene más para dar;
mas el desamor
a cada momento se queda sin nada,
toca la tristeza y la soledad;
y el amor
cada vez se acrecienta más,
es cada día nuestro pan,
amor, pan dulce,
aun en migajas,
amor, pan salado,
aun en rodajas;
leo, escribo y canto el amor,
el amor que viene y va,
el amor que no nos deja atrás,
el amor con florecencia de verdad.


                                          Adelfo Morillo

Entre cielo y mar

Entre cielo y mar

No sé cuántas ausencias,
alguna vez nos alcanza
otra ausencia,
la ausencia de un amigo
o de una amiga;
en algún momento
se sumará mi ausencia
y quizás algún amigo
o alguna amiga
me mantenga en la memoria;
algo sabrá de mi historia,
de mi historia sin alardes,
de mi historia menuda;
sabrá que anduve
bajo placidez de sombras,
de frescas sombras de plantas;
y ese tiempo de mi ausencia
confío que sea de firme aurora,
una de esas que sonríen y florecen
sueños y cantos de belleza,
flores y cantos de alegrías,
flores y cantos de amores;
y ese tiempo de mi ausencia
que sea de ternuras,
la de un niño que abraza,
la de un padre o madre
que abraza;
una ternura de perfumes,
una ternura de jazmín,
como la primigenia ternura del Edén.

No sé cuántas ausencias,
la de un maestro amigo,
la de una maestra amiga;
no sé cuántas ausencias,
la de mi abuela materna,
la de mi abuelo materno,
que para mí
fueron mamá y papá;
cuántas ausencias más,
no sé cuántas más;
ya es un caudal de ausencias,
no sé cuántas más,
ya andan entre cielo y mar.


Adelfo Morillo