miércoles, 2 de abril de 2014

Pájaros



Pájaros

                         Un pájaro de oro
                         desnudándose en la flor abierta
                         se apodera del alba
                         Un pájaro azabache
                         vela en el castillo de proa
                         habita en la noche de los océanos
                         Un pájaro de algodón
                         teje sobre el musgo
                         la piel de antiguas semillas

                                                                      Pájaros
                         que incitan al cuerpo presente
                         a develar lo más escondido.
                         En algún lugar de mi memoria
                         habré sido un pájaro legendario
                         el Fénix
                                      El ave del Paraíso
                                                                     seguramente
                         el último día de estas batallas
                         me batiré en los cielos
                         hasta llegar a esa muerte que me persigue
                         en los rostros de los hombres.
                                                                                  Freddy Hernández Álvarez

Cuando los hijos se van



Cuando los hijos se van

     Esta mañana miré en la Luis XV a la portuguesa flaca, dos hombres mayores, la estaban piropeando, le decían que debía agradarle que le dijeran bonita, y uno de ellos me preguntó si ella se molestaría, y yo respondí que seguramente no se molestaba, mientras no le dijeran groserías, la muchacha los escuchaba y solo sonreía; después miré en el mercado a Grelián, la chica de la sonrisa amplia y fresca y de mirada de luz y alegría, y cuando me acerqué le dije que mi hijo me terminaba de llamar desde San Cristóbal, y que le mandaba saludos, ella me regaló tan hermosa sonrisa, y me dijo que también ella le mandaba saludos; llegué a casa y le mandé un mensaje a Adelfo Antonio y le escribí que la chica le mandó saludos, y que miré a la flaca de la panadería, que tiene redondas formas de mujer, y al rato Adelfo Antonio me mandó el mensaje Está muy bien la cosa
     En esta misma mañana me estuve un rato en el patio, y estuve por buen tiempo mirando las nubes anunciadoras de lluvia, y me cayeron algunas goticas, y cuando almorzábamos estaba nublado y umbroso el día, y comenté que muy probablemente hoy llovía, y Fabio dijo que él pensaba lo mismo…
     Me acosté a reposar y dormí un buen rato, y soñé con Catalina y María Cecilia, que habían venido de Dublín a pasar unos días en casa, en el sueño las escuchaba conversando, yo no sé en donde me encontraba, solo las escuchaba, pero no estaba junto a ellas…
     Nunca he podido estar junto a todos mis doce hijos, ahora están dispersos, Adrián en Caracas, Catalina y María Cecilia en Dublín, Adelfo Antonio y José Rafael en San Cristóbal, Jorge Luis en Barinas, Tomás en Ejido, Mérida, Jairo en Los Teques, Javier en San Juan de los Morros, Ilisabel que estudia Odontología en San Juan de los Morros y regresa a casa en las tardes, Fabio que siempre ha estado junto con nosotros, y Cristina que vive con la mamá aquí en Calabozo, y esto me hace recordar el título de la película Cuando los hijos se van, y que mi mamá Cecilia Filomena me decía que quisiera que yo pudiera mirar esa película…

En El Picacho 15



En El Picacho                            15

     Era costumbre en casa de cuando llegaba visita, si era de mañana o de tarde, mi mamá les ofrecía café, y me quedaba mirando a los hombres, porque si el café estaba caliente, lo volcaban del pocillo o taza al platillo, y algunos hasta lo soplaban, y poco a poco se lo iban tomando; también si era en la mañana, mi mamá les servía desayuno, y si se quedaba para el mediodía, preparaba almuerzo para todos, y compartíamos, y si llegaba en la tardecita, le brindaba cena, y se daba ocasiones que se quedaba varios días con nosotros, como recuerdo que lo hacían Adela, la hija la Nena, y el marido de Adela, asimismo Aníbal Olivares y la esposa Calistra Morillo, mi madrina María Morillo, y también mi padrino Luis Castillo…
     Mi mamá tenía el solar sembrado de matas, clavellinas, cuarentonas, capachos, cebollín, pasote, parcha, guayabos, y hasta llegó a sembrar lechugas, y varios días me mandó con una cesta de lechugas por las calles de San Fernando, para que las ofreciera en venta de puerta en puerta, cada mata la ofrecía por medio, pero nadie llegó a comprar ni una sola, y por eso desistió de tal propósito…
     Mi mamá era costurera, ella cortaba y cosía ropa sobre todo para hombres, hacía pantalones, camisas y hasta liquiliquis, y todo eso lo cosía a mano; y los retazos de tela los iba echando en una caja, y con toda su industria y paciencia iba cosiendo retazo tras retazo, y al final terminaba una sábana, y cuando vestía la cama con esa sábana, me parecía estar mirando un calidoscopio adornando la cama y el cuarto…
     Mi mamá no se me acercaba a darme caricias, no era dada para eso, pero cuando me enfermaba, buscaba sobre todo plantas que me bajaran la fiebre, que me hicieran botar el moco de las gripes o catarros, y si las lombrices me atacaban, me cocinaba pasote y me daba agua de pasote, y con eso evacuaba rollos de lombrices como si fueran espaguetis vivientes…

Boras



Boras

                   En solo tres brazadas entro en una zona
                   bien honda
                   de un ramal del pozo.

                   Me dejo ir largo como la chiricoa
                   por encimita del agua.

                   Doy vueltas detrás de la corriente
                   hasta tocar el fondo donde rozo restos
                   de unas raíces
                   y blanduras de arenas.

                   Después hago otra zambullida para llegar
                   más lejos:
                   cuando salgo mi cabeza arrastra
                   una corona de hierbas
                   sobre un campo de boras.
                                                                        Efraín Hurtado

Presencia



Presencia


                                En cada rayo de luz,
                                en cada canto de ave,
                                en cada rosa que florece,
                                ahí estás tú.

                                En cada rincón del día,
                                en cada sueño mío,
                                en cada nuevo amanecer,
                                ahí estás tú.

                                Con el viento juguetón,
                                con el aroma de las flores,
                                como algo muy sagrado,
                                ahí estás tú.
                                                                               Orlando Materán Alfonzo

Que se abran infinitas ventanas para lo mejor



Que se abran infinitas ventanas para lo mejor

     Todos somos iguales, pero diferentes, y como es lógico en la política tenemos la libertad de militar en alguna agrupación partidista, y eso no es menoscabo para que dejemos de ser amigos, hoy en día en Venezuela debemos tener claro la idea de la tolerancia, y dejar a un lado ideas extremistas y fanáticas, nuestro país necesita lo mejor de cada uno de nosotros, porque nuestros niños y jóvenes tengan garantía de seguridad social en todos sus órdenes, y porque los ancianos disfruten de paz y alegrías cada uno de los días que les toque permanecer con nosotros…
     Todos somos iguales, pero pensamos diferente, y eso es una norma de vida natural, tenemos diferentes gustos en cada cosa, y eso nos permite convivir bien en la diversidad…
     Todos somos iguales, unos somos negros y otros son blancos, pero nadie debe estar en condiciones de extrema pobreza, y nunca en la miseria…
     Todos somos iguales, unos tienen mucho, y quiera Dios, y supieran atender lo precario de tantos otros seres humanos, porque tener con indolencia es el colmo de la miseria…
     Nuestro país clama por todo lo bueno y hermoso, y nosotros debemos mirar, escuchar, y dar y servir…
     Cada mañana me levanto pensando ser mejor en mis actitudes, hechos y palabras, puedo reconocer que soy mezquino, pero poco a poco también puedo dejar de ser mezquino, y así con cada una de las cosas que no están bien en mi comportamiento cotidiano…
     Desde esta ventana suelto mis ideas al viento, y Dios quiera otras infinitas ventanas se abran para ir sembrando ideas y que sean las mejores…
     Una canción comienza así.
                                                      Abre tu ventana, mi amor,
                                                      y escucha mi canción…