domingo, 21 de julio de 2013

Demos en silencio


Demos en silencio

     No he sufrido hambre, pienso que sufrirla debe ser fatal como laberinto de Minos… Sí perdí la cuenta de la cantidad de veces que no he tenido para desayunar, almorzar o cenar… En Mérida me divorcié por primera vez, me mudé solo a una casita en la Pedregosa arriba, y hubo veces en la noche, cuando me acostaba sin cenar, porque no tenía ni un céntimo, y me levantaba a mirar en la cocina, y solo había agua en el grifo, llenaba un vaso de agua y me lo tomaba, y recuerdo que me levantaba varias veces, es como si la falta de comida nos resta cordura…
     Afuera frente a la casita estaban unos rosales que florecían rosas rosadas de suave fragancia, mi amiga Mariela me visitó una vez, yo no estaba, y después me dijo cómo le habían gustado los rosales, también había un orégano de hojas menudas, oloroso y buen condimento para la sazón de las comidas… La gente que había estado alquilada anteriormente dejó un perro, y me hizo compañía fuera de la casa, no lo dejaba entrar, se echaba en la parte de atrás y ladraba, nos acompañábamos con respeto… Un poco más allá, no muy lejos de la casita estaba un moral, daba unas moras grandes agridulces y muy sabrosas, y también por ahí un poquito más allá del moral pasaba el río la Pedregosa, yo me iba hasta él y como habían hecho una poza honda y grande, me lanzaba al agua fría y agradable…
     Ahí en la casita disfrutaba de una vista maravillosa, salía a la puerta y podía mirar la cresta de la sierra nevada, y qué espectáculo mágico y sin par cuando nieva sobre la montaña… Las veces que no he tenido para desayunar, almorzar o cenar, no me crea nostalgias, me lleva a comprender que si podemos dar a gente que sufre tantas privaciones, demos en silencio, sin que la mano izquierda se entere de lo que ofrenda la derecha…

sábado, 20 de julio de 2013

Regalo de luna


Regalo de luna

     Ella entró luciendo un vestido azul rey, que resaltaba sus formas de mujer joven de belleza singular, yo estaba sentado cenando, se acercó y yo retiré una silla y la invité a sentarse, se sentó y solicitó una merengada de lechosa, yo miraba ese regalo de tanta hermosura frente a mí, cada segundo que pasaba, yo lo hacía una fiesta, le dije varias expresiones galantes, ella me las agradeció, y de pronto me dijo que me quería entregar un regalo, solo si yo vivía solo, le dije que estaba divorciado, y me mantenía solo en un apartamento, me preguntó, si tenía carro, y dije que no, y salimos en su carro hasta mi sitio de residencia, llegamos a mi habitación, coloqué música en el equipo de sonido, me dijo que me sentara y por nada me fuera a levantar, me senté y empezó a seguir la cadencia de la música, se libró de las zapatillas, soltó las trenzas del vestido y lo fue dejando caer muy despacio, lo recogió con la punta de los pies, y yo seguía mirando su cuerpo bronceado contoneándose tan cerca de mí, me bañaba una fragancia de jazmines, cuando comenzó a librar el brasier azul celeste de finas blondas, siguió dándome su regalo, y muy suavemente se deshizo de una tanga también azul muy delicada y fina, me preguntó, si la deseaba, le dije que sí, y ella me dijo que siguiera sentado, mientras se volvía a vestir… Me elogió por ser tan caballero, y le pregunté en qué trabajaba, me dijo que era artista nudista en Maracay, también le pregunté el nombre, me dijo que su nombre verdadero era Selene, le dije que yo escribía y publicaba, me dijo que si escribía de ella, podía escribirle con su nombre, le dije que siendo una mujer tan hermosa y joven por qué se dedicaba a esa labor, si no le temía a los riesgos, dijo que mientras estaba en el Night Club estaba protegida, y que fuera de ahí corría los mismos riesgos de los demás, le hablé de los riesgos ante hombres de malas intenciones, y me dijo que desde el momento del nacimiento todos empezamos a correr riesgos… La acompañe hasta el carro y me dejó un beso en los labios, que todavía me sabe a regalo de luna…



Un mundo así


Un mundo así

     Sueño un mundo, donde todos nos respetemos con auténtico sentido humano… Imagino un mundo, donde asumamos la igualdad con la presencia de las innumerables diferencias, donde somos iguales, pero con gustos diferentes, si vemos una película, la comprendemos con distintos puntos de vista, un mundo donde si escuchamos una canción, la misma nos evoca pensamientos y sentimientos diferentes y hasta contradictorios, pero en todo momento nos respetamos con sincero sentido humano…
     Creo en un mundo lleno de fe y amor al prójimo, y esto significa que nadie busca perjudicarse ni perjudicar, donde reine la buena conciencia de justicia, para que todos podamos cubrir las necesidades materiales y espirituales, un mundo donde florezca el amor y la amistad, donde la muerte sea un suceso normal en la ley de la vida, donde nacemos, nos reproducimos, crecemos y morimos…
     Añoro un mundo de luz y amor, un mundo de sabiduría en libros y en vida cotidiana… Vivo por un mundo, donde todo sea importante, el fluir menudo de un manantial, que poco a poquito se va transformando en río, donde nada en silencio diversidad de peces, donde recordemos que el sol mantiene su rutina de alumbrar cada día, y la luna se viste de varias fases, para decirnos cuándo sembrar, podar o fructificar, un mundo donde ser importante sea común a todos, y que no nos sintamos más importantes que nadie, donde es importante ser campesino, y es importante ser médico o maestro, y donde cada quien sea importante, el obrero en los distintos oficios, pero donde todos nos respetemos, sin que nadie se sienta más importante que otro, sencillamente donde todos seamos importantes sin grados comparativos de ningún tipo…
     ¿Seremos capaces de construir un mundo así?


viernes, 19 de julio de 2013

El más alto grado de Historiador


El más alto grado de Historiador

     En el acto de grado de la primera promoción de Licenciados en Educación, en Calabozo, el Rector Federico Brito Figueroa en un momento de su discurso habló de Gallegos y de la novela Doña Bárbara, y  de pronto preguntó si alguien del público recordaba las palabras finales de esa novela, después de un momento de espera yo me levanté de mi asiento y dije tierra de horizontes abiertos, donde una raza buena, ama, sufre y espera… Después del acto la Decana de Educación, Cecilia, me invitó para acompañar a cenar al Rector, ahí se enteró de que yo era el profesor que dijo la cita de Doña Bárbara, él estuvo hablando conmigo de aspectos académicos, y pocos días después fui sorprendido, cuando me designó Decano del Área de Educación, y en la mañana antes de juramentarme en el Consejo Universitario, me recibió en el Rectorado, me preguntó de que filiación política era yo, le respondí que yo me debía a la política institucional universitaria, me dijo que eso le alegraba… Meses después el Rector me confesó de la cantidad de gente que fue a llevarle chismes de mí, hasta el día cuando él les dijo que se ocuparan de sus asuntos, que yo era un profesor que me entregaba con amor y dedicación a mis responsabilidades universitarias, y terminó diciéndome que lo considerara mi amigo, y así fue hasta el día, cuando lo miré por última vez en su apartamento en San Juan de los Morros…
     Brito Figueroa fue un venezolano con el  más alto grado de Historiador, su obra escrita muestra la visión del estudioso a tiempo completo, y el poco tiempo que compartí con él, me sirvió para orientar mejor mi visión de mundo y de estudio… Brito Figueroa discernía con claridad, desbrozaba confusiones con sencillez de hombre del mejor intelecto…
     Escribo sin nostalgia momentos que pude atesorar junto al hombre que se equivocaba, pero lo conocí pleno de buena voluntad y de sorprendente entusiasmo por la universidad, el país y la vida…


El mundo está ahí esperando


El mundo está ahí esperando

     A mi amigo Rafael Bello el Fondo Editorial del Caribe, Barcelona – Venezuela, 2007, le publicó el cuento El día después en Antología del Trasnocho, y bid & co. editor, Caracas, 2010, le publicó el cuento Días de humo en Fiesta de la ficción
     Rafael me trae libros de diversos autores, y un día me trajo unas novelas escritas por Naguib Mahfuz, nacido en El Cairo en 1911, que recibió varios premios literarios antes de ser galardonado con el Nobel de Literatura en 1988, y Rafael no se dio cuenta de que me había regalado a este escritor, que terminó de abrir para mi escritura la puerta inmensa de vigilia y de sueño…
     Rafael en El día después presenta un cuadro de fatalidad, y en Días de humo nos entrega a un hombre dominado por el vicio del cigarrillo, narración y pintura de una hipérbole realidad…
     Mahfuz me regala cada día distintas posibilidades de escritura, porque leyendo su obra me doy cuenta de que para él el mundo está ahí esperando, porque lo volvamos palabras pensadas y sentidas…
     Hay detalles en cada lugar y tiempo, y hay circunstancias que le dan vida a las diversas escenas tristes o alegres, un hijo que se casa, una hija que obtiene un premio, una madre orgullosa de sus hijos, un padre entregado a la formación de sus hijos, la promesa que se hacen los enamorados, la lluvia benigna o trágica que alegra o causa daños, los distintos matices que depara un amanecer o un atardecer, alguna despedida que encoge los sentimientos, aspectos como estos y miles y tantos más que suceden en la percepción de miles de millones de personas de este mundo, y si los escribimos, estamos guardando retazos de alma, que hasta pueden llegar a ser transformados en películas seguidas por el gusto de un sinnúmero de sensibles espectadores…

jueves, 18 de julio de 2013

Los ojales eran mi especialidad


Los ojales eran mi especialidad

     Yo trabajaba en la sastrería La Nacional con unos italianos, y una tarde por primera vez me mandaron a comprar unos cafés fríos, me extrañé y pregunté cómo era eso, y Piero me dijo anda, allá saben, y me dirigí hasta la cafetería en la calle 6, entre carreras 11 y 12, y le pedí al dependiente 4 cafés fríos, él los coló en la máquina Gaggia, le echó azúcar y a cada vasito de café le colocó un cubito de hielo, y cada tarde calurosa me mandaban a comprar cafés fríos, pero en la cafetería había un salón grande, donde estaban ubicadas mesas de pool y de billar, y antes de comprar los cafés yo me quedaba a mirar jugando pool o billar, me gustaba mirar cómo realizaban las carambolas, el empleo de las bandas, y cómo hacían girar y retroceder las bolas, y algunos hacían varias carambolas seguidas, observaba cómo le untaban tiza a los tacos, algunas jugadas necesitaban que el jugador se pasara el taco detrás de la espalda, y en jugadas donde la bola quedaba retirada debían usar el burro, los que perdían, pagaban el costo del tiempo de la jugada y había jugadores que apostaban dinero…Ahí también vendían y sellaban cuadros de caballos, mi papá y mi hermana me mandaban a sellarle los cuadros los sábados temprano en la noche, y ahí se me iba el tiempo mirando jugar pool o billar, y como me tardaba bastante, cuando llegaba a casa mi papá me regañaba, y me preguntaba por qué me había tardado tanto…
     La vieja casa donde funcionaba la sastrería, ya no está, la tumbaron, construyeron un edificio de tiendas, y el viejo caserón donde estaban la cafetería y el salón de pool y de billar, tampoco está, lo tumbaron y edificaron unos locales comerciales; pero a veces en casa, cuando hace bastante calor y mi mujer me da un guayoyo caliente, le agrego un cubito de hielo, la primera vez que lo hice, se sorprendió, lo probó y le agradó, como a mí también me gusta, sobre todo porque recuerdo con alegría aquellos tiempos, cuando en la sastrería yo cosía a mano o a máquina, y cuando cosía a mano, en la sastrería decían que los ojales eran mi especialidad…