miércoles, 10 de marzo de 2021

 

Respeto por la palabra      71

A nuestra vecina, Caena Medrano

En este rincón de calle ciega de Misión de Arriba de Nuestra Señora de los Ángeles, esta tarde 10 de marzo nos llegamos, María y yo, hasta la casa de la vecina Caena Medrano, hacía calor mas a medida que íbamos conversando, empieza poco a poco a soplar fresca brisa; y es así como ella, Caena Medrano empieza a contar: Yo nazco el 31 de marzo de 1.940 en San Juan de los Morros; ya a los cinco años de edad me gusta cantar y bailar: en 1.948 comienzo a estudiar primaria en el Grupo Escolar República del Brasil, y aquí hago mis primeros seis años de estudio; luego en 1.954 inicio bachillerato en el Liceo Fermín Toro, donde obtengo el título de Bachiller en Ciencias; en 1.956 ingreso en la Escuela de Enfermería en el Hospital Guárico, dependiente de la Iglesia Católica, con pasantías rurales en Palo Seco, El Venado, San Francisco de Tiznados; en 1.949 soy Enfermera Graduada, desde 1.962 empiezo a ejercer con cargo fijo de Enfermera en el Hospital Guárico hasta 1.965, cuando me caso con Rafael José Pulido y nos vamos a La Victoria, donde ejerzo de Enfermera en el Hospital Padre Lazo hasta 1.967, cuando me voy a Maracay donde laboro de suplente y luego en San Juan de los Morros con cargo fijo; en 1.987 me vengo a esta Villa de Todos los Santos de Calabozo, comienzo a trabajar en Lecherito de suplente, hasta cuando Fetrasalud me consigue cargo fijo en el Hospital Mercedes de esta Villa de Calabozo, hasta 1.982 cuando consigo un cambio mutuo con cargo fijo de Enfermera en Margarita; en 1.987 vuelvo a Maracay y a Cagua y en 1.988 vuelvo a  esta Villa de Calabozo; a partir de 1.989 empiezo a ser agricultora, sembrando arroz en el Sistema de riego del río Guárico, pero también supe desempeñarme de comerciante, contabilista, porque buena parte de mi vida la he andado sola y así he podido mantener la buena crianza y educación de mis hijos, y siento que en mi condición de mujer he cumplido con responsabilidad como madre, como profesional dedicada y con vocación; así que si estos tiempos son difíciles, puedo decirle a la gente y sobre todo a los jóvenes que procuren estudiar y formarse y que se desempeñen en la vida con decoro y dignidad...

Adelfo Morillo

 

Respeto por la palabra      70

Remembranzas de Teresa Amelia Gamarra Rico. Estampas de Guaratarito       2

Mil caminos transité sobre la yerba verde, los charcos llenos de lirios y el corocillo blanco, también corría sin miedo por los enredados pajonales. Sentía tristeza por las entradas de agua, renace el pasto, huele a tierra mojada empapada por el primer chubasco del año, la flora se engalana haciendo majestuosa gama de colorido. En esta época el llanero se prepara para la vaquería, en la madrugada se reúnen y salen en caravana dispuestos a recoger el ganado disperso en las sabanas, monta su cabalgadura arrebiatando la remonta, llevando su cobija de pelo, el morral, la tapara de agua, papelón y queso. El jinete arrea el tropel de ganado que va reventando corrales y tranqueros dejando nubes de polvareda. Me conmovía el bramar de las vacas por sus becerros, el canto del ordeñador llamándolas para el ordeño en la puerta del corral, para exprimirle la ubre y sacarle la deliciosa leche, prosigue el canto triste: noche buena, noche buena; poma rosa, poma rosa; nube de agua, nube de agua... Tuve en mis manos el rejo y la totuma, mientras de la camaza me servían la sabrosa postrera, presencié con asombro el sacrificio del maute o de la novilla y luego convertirlos en ternera, detrás del guarataro donde mi viejo amarraba su caballo. Crucé sabanas y caminos, atravesando ripiales y troncones buscando hacia la laguna, la laguna de Guaratarito, la que sació la sed de los animales del hábitat campestre y nos brindó los baños más felices. Comía gustosa el fruto de la palma, el manirito, guayabita sabanera, el dulcito en los ramales del bejuco de melero, que crece en los rastrojos y praderas, también correteé en los torrenciales aguaceros, recogiendo la cosecha de merecure y caruto, frutos de mi tierra, trepé árboles para alcanzar los nidos de turpial y arrendajos y robarle sus pichones, me detenía para oír el acordeón de las abejas llenando la colmena y saboreando la miel de sus panales, me extasiaba en la flor del espinito al pie de los palmares, en el guamacho que ostenta su olorosa flor a mateguán (componente de la miel), el rey de las sabanas, el viejo o legendario carnestolendo que esparce su amarilla flor en laderas y matorrales. En la lontananza vi pastar juntos becerros y venados cerca del potrero en los linderos del fundo...

Editor Adelfo Morillo