lunes, 7 de diciembre de 2015

Tras de una vida sencilla 62


Tras de una vida sencilla                  62

Al alma grande de Olinto

       Mi hijo Adelfo Antonio vive en San Cristóbal, Táchira, Venezuela, y cuando voy a visitarlo, o cuando él viene a visitarme, por alguna circunstancia me habla de un amigo de él, de nombre Olinto, del pueblo Curazao, más arriba de Palmira; y en la tarde del jueves 3 de diciembre me llama Adelfo Antonio, me dice que está buscando un taxi, para que lo lleve hasta un sitio, donde lo espera su amigo Ariel, para asistir al velorio de Olinto; no sé por qué sentí hondo pesar ante tal noticia, solo tenía referencias ocurrentes que me contaba Adelfo Antonio acerca de este ser humano; de entre varias de esas ocurrencias, me vino a la memoria aquella de cuando Adelfo iba con él en la camioneta, y en cierto lugar este señor Olinto le dice al chofer que se detenga, ahí están unos niños, y les pregunta

       ¿Qué hacen ustedes ahí, por qué no están jugando?
       Estamos vendiendo estos mamones, mamá nos dijo que hasta que no los vendiéramos, no podíamos jugar
      ¿Cuánto es el precio de todos esos mamones? Tomen el dinero, móntenlos ahí detrás de la camioneta, y se van a jugar

       Este comportamiento dice todo lo bueno de un auténtico ser humano, porque el juego es el mayor tesoro para los niños… Desgraciados los que esclavizan a un niño o a una niña, desgraciados los que explotan a un niño o a una niña, desgraciados los que maltratan a un niño o a una niña...
       Rato después de la llamada de Adelfo Antonio, nos sentamos mi mujer y yo a coser el borde de una tela de sábana que compramos para nuestro hijo Fabio, yo recordé y le dije a mi mujer Este dedal fue a Mérida conmigo y regresó, se graduó conmigo… Y en algún momento me paro, me dirijo a la cocina y cuando voy entrando al zaguán, siento una suave fragancia varonil, como de una buena presencia, regreso y le digo a María, ella va hacia la cocina y me dice que también siente una fragancia, y digo

       Pensé en Fabio, que había regresado, y hasta abrí la puerta de su cuarto…
      Y María dice Fabio no usa perfume

       Tampoco sé por qué, me vino la idea del señor Olinto, que así nos dice que su presencia ronda junto a los buenos seres; de ser así espero ser digno de tal alma grande, Mahatma, en sánscrito, como dijo Rabindranath Tagore de Gandhi; Trigo limpio, como dice Diego, un amigo de una de las Islas Canarias; Oro puro, como dice Leidi, una participante de la Especialidad de Lengua…
       El viernes cuatro cuando cenábamos, conté a Fabio de la fragancia que sentimos María y yo, y dije Es la presencia de un ángel bueno… Bienaventuranzas para Olinto, alma grande de Curazao, más arriba de Palmira, allá en Táchira, deste este rincón de calle ciega, en esta Misión de los Ángeles, de nuestra Villa de Todos los Santos…

                                                                                       Adelfo Morillo

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