sábado, 14 de mayo de 2016

El inconcluso aprendizaje de la lengua castellana por más de cinco sentidos


El inconcluso aprendizaje de la lengua castellana por más de cinco sentidos

      La instrucción pública, artículo publicado por Simón Rodríguez en 1825; véase Selección de documentos, en Biblioteca Familiar.
       Gramática castellana para el uso de los americanos, escrita por Andrés Bello, y publicada por vez primera en 1847.
       Diccionario matriz de la lengua castellana, Madrid, 1850; Diccionario de galicismos, o sea de las voces, locuciones y frases de la lengua francesa que se han introducido en el habla castellana moderna, con el juicio crítico de las que deben adoptarse, y la equivalencia castiza de las que no se hablen en este caso, Madrid, 1855; ambas escritas por Rafael María Baralt.
      Cosas sabidas y cosas por saberse, Caracas, 1856, ensayo escrito por Cecilio Acosta.
       Observaciones sobre el caribe hablado en los llanos de Barcelona, Caracas, 1919; Glosario de voces indígenas de Venezuela, Caracas, 1921; Glosario del bajo castellano en Venezuela, Carcas, 1929; escritas por Lisandro Alvarado.
       Literaturas indígenas de Venezuela, Caracas, 1971-1983, escrita por Fray Cesáreo de Armellada y Carmela Bentivenga de Napolitano
       Los conquistadores y su lengua, Caracas, 1977; Buenas y malas palabras, cuatro tomos, Madrid, 1978; ambas escritas por Ángel Rosenblat.
       Con la lengua, cuatro tomos, Valencia, Venezuela, 1987-1988, escritos por Alexis Márquez Rodríguez.
       Realidad y literatura, Caracas, 1979; En torno al lenguaje, Caracas, 1985; ambas escritas por Rafael Cadenas.
       Diccionario de venezolanismos, dos tomos, Caracas, 1983; dirigidos por María Josefina Tejera.
       Apuntes castellanos, Ortografía, Mérida, Venezuela, 1985; Anotaciones castellanas, Morfología, sintaxis, Mérida, Venezuela, 1987; Lengua castellana, Ortografía, morfología, sintaxis, semántica, Villa de Cura, 2007, Andanzas por nuestro idioma, en calabozotierradedios.blogspot.com; escritas por Adelfo Morillo.

       Una historia acerca de la enseñanza de la lengua castellana en Venezuela no existe; solo podemos leer a los autores que han escrito acerca de la lengua castellana en Venezuela y de sus obras entresacamos líneas filósoficas, metodológicas, andropedagógicas y didácticas de cómo se debe orientar el aprecio, gusto y aprendizaje de nuestra lengua castellana; y es así como empleamos la Ortología, para intentar hablar con justa y acertada corrección en la pronunciación; acudimos a la Ortografía, para tratar de no incurrir en faltas, cuando escribimos, así sea en los mensajes de texto en cada uno de las diferentes modalidades de las redes sociales; tenemos presente la Morfología, para conocer cada una de las partes de la estructura castellana en la conversación y en la escritura; hacemos uso de la Sintaxis, para adecuar las formas a sus correspondencias de concordancias funcionales; en cada momento y espacio, cuando hablamos y escribimos, tenemos presente la Semántica, para emplear cada palabra según su exacta significación; la Lingüística es para estudiar con absoluta libertad la vida de una lengua, en nuestro caso de la lengua castellana; y la Literatura es el alma de la lengua, para estudiar cada uno de los aspectos formales e informales del idioma, y para ello como una de tantas estrategias nos apoyamos en el universo ilimitado de las producciones literarias; y asimismo quizás debamos iniciar el aprecio, gusto y aprendizaje de la lengua castellana, por lo más vivo que se da en la forma de hablar natural y espontánea de la gente en su convivir cotidiano, y una de esas formas es la canción, porque la letra de cada canción es una poesía a la alegría, al dolor físico o espiritual, a las vicisitudes o a los éxitos particulares o colectivos.
   Adelfo Morillo


SERÁ CALABOZO, PORQUE AGARRA LOS SUEÑOS

Lucas Guillermo Castillo Lara en noviembre de mil novecientos noventa y siete me regaló el libro Villa de Todos los Santos de Calabozo El derecho de existir bajo el sol, del cual él es autor, ahí en la primera página escribió esta dedicatoria

       Para el Prof. Adelfo Morillo con admiración y aprecio por la obra que realiza  
             Firma autógrafa

       Y de este libro de Ediciones Fundación Carlos del Pozo, Calabozo- Edo. Guárico, 1996, transcribo desde su página 11 hasta la 14, correspondientes a su

INTRODUCCIÓN

SERÁ CALABOZO, PORQUE AGARRA LOS SUEÑOS

       Guárico abajo vienen navegadoras las aguas quietas. Entre remansos y madreviejas, entre barrancas y playones siempre rumbo al Sur.
       Con ojos de ternura mansa, el perro fiel del río guarda el costado de la ciudad. La acoge en la curva suave de su brazo verde de árboles o la comprime en su cabrillante embalse de juncos y soles.
       El río viene resbalando lentamente por una cadencia ocre de playas arenosas. La piel desbaratada de la tierra se arrastra a pedazos entre el agua, por los meandros barrosos. Un color de tierra sucia acompaña al río desde muy arriba. Aquí abajo, después de tantas vueltas y revueltas, de acollararse de barrancas y playas, el color importa poco porque es agua. Simple. Poderosa. Vital. Agua! Por ella, por su hálito y su huella, existe vida en aquellla sabana ardida de crucificados veranos, desdentada de apretada sed. El agua que lleva la escorrentía del río, se sume de arenas y cascajos en su múltiple penar. Esa agua barrosa de color de limo, de sabor de tierra, tiene un destello de gloria en la aridez de la sabana. El agua derrumbada en un temblor calcinado de soles, canta en la soledad del río que da nombre a la tierra.
       El Guárico recogió nubes por el Sur de Aragua. Retrató cielos en Camatagua y por arterias de tubos envió vida a la gran Capital. Dejó los pretiles de las galeras, se adelgazó por Barbacoas y El Sombrero. Oyó el graznido mañanero de las guacharacas y chenchenas, el canto de los pájaros en los árboles ribereños. Garzas y cotúas rayaron su cristal. Se rizó con el subiente temblor de coporos en las rumazones de marzo. Se arremansó quieto en el espejo líquido de su embalse. Se marchó manso a entregar su función de vida por los regadíos de sus canales. Termina sin prisa por entregar su fluvial cabellera de caños al abrazo de los grandes ríos, sus hermanos mayores.
       En invierno es otra cosa y otra la cara del agua. Cuando San Pedro sacude el seco cuero de los cielos, retumba desde la cabeza al rabo, y caen las amontonadas nubazones. La tierra retostada se vuelve entonces espejo de agua y laguna de soles sumergidos. Todo es un verde renacido entre un verde anegado. Los pardos pajonales, con su doblado tallo, levantan otra vez sus espigas. Se alisa la cara arrugada de los terronales y el ganado tiene una húmeda mirada de ternura.
       La vida, como los hombres, está amarrada a las vueltas y revueltas del agua, que viene sembrando pueblos a cada recodo del río.
       Primero fueron las pisadas que venían rumbeando andaduras hacia el Sur. Igual que el río o igual que las aves. Caminaban despacio. Despacio. En busca de un pedazo de sueño para amarrar su quehacer. La tierra estrenaba un rumor de voces y de sangre, mientras oleaba el viento su repasar de pajonales.
       Venía la noche y nacían las estrellas. Venía el alba y todo era sol. Pero todos se preparaban para una mañana. Alba y noche. Estrella y sol. El polvo era igual en las pisadas, como era igual el cansancio de los cuerpos derrumbados. Todo pasaba y repasaba, hasta que llegó el momento, uno marcado por Dios, el 1º de febrero de 1724. Entonces fue la Villa de Todos los Santos de Calabozo.
       Un año antes, en 1723, dos humildes franciscanos, Fray Bartolomé de San Miguel y Fray Salvador de Cádiz, erigieron en la Mesa de Calabozo dos poblados indios, Nuestra Señora de los Ángeles y la Santísima Trinidad. La Misión de Arriba y la Misión de Abajo. Por su propia voluntad los indios habían salido de las selvas ribereñas del Orinoco y bajo el patrocinio misionero decidieron plantarse allí. Como apoyo y espaldar a las fundaciones indígenas, en la fecha ya citada de 1724, los mismos franciscanos erigieron la cercana Villa de españoles de Todos los Santos de Calabozo. Eran doce hombres que esa mañana fundacional se reunían con banderas de fe, junto a la cruz que plantara el misionero para marcar el sitio de la Iglesia.
       Nunca como entonces se había sentido más plena la tierra calaboceña; ni sabía tanto a padre la plegaria de los Hombres. El sol era frutal y el aroma de mastrantos llenaba la sabana. El silencio aventado con el rumor de los hombres se arrolló como una etcétera en el moño de los palmares. Sobre el aire azul danzaban rocheleras nubes blancas. Ya no había retorno para las pisadas, ni para la mirada cansina que allí se aposentaba. El corazón de la sabana se abrió y la voz enronqueció sus distancias para hacerse aguaite cercano. Había agua para el sorbo nuevo y pan reciente para el hambre vieja.
       Después fue la fe en el barro. En el de los hombres y en el de la tierra. Fe en su voluntad para levantar muros de cobijo y bahareques de esperanzas. Para levantar sueños. Para edificar un mundo circundante a la aventura. La tierra no pudo nunca enterrar las pisadas y nacieron las casas. Las calles no terminaron nunca en la llanura, sino que allí empezaron. Siempre estaban comenzando. Cada día un poco más lejos, cuando se le empataba otra casa.
       Así nació la Villa de Nuestra Señora deTodos los Santos de Calabozo. De aquí en adelante todo fue contradicción. Los poderosos resolvieron que debía morir, pero el pueblo se negó a desaparecer. Nunca como frente a esta población puede decirse con mejor razón, que fue un pueblo que se negó a morir, o quizás mejor, un pueblo empeñado en vivir. Los hombres decretaron su extinción. Así, con un simple plumazo o una brutal palabra, el pueblo debía desaparecer. Estorbaba para las ansias de posesión y dominio de unos pocos hombres. Cabildo Caraqueño. Gobernador. Autoridades Reales. Consejo de Indias. Todos los poderosos estaban de acuerdo en que no podía subsistir. Pero el pueblo dijo no a todos los poderosos. Ayudados por los misioneros a quienes inspiraba Dios, la Ciudad de Calabozo fue en lucha tenaz.
       ¡Calabozo! Un pueblo vigía de la llanura. A los cuatro lados sus calles atisban el pasar solitario. Del camino, de los hombres, de las puntas de ganado. Del río que venía del Norte. Del viento que soplaba del Este y doblaba los pajonales hacia el otro lado. Del barinés seco y caluroso que venía del Oeste, con su carga de lluvias y tormentas.
       Los muros -ladrillos o tierra- observaban callados la sabana o las barrancas donde verdeaban las vegas del río. Las ventanas conversadoras siempre tenían algo que comadrear del camino que venía o se alejaba, de los hombres que aparecían o se marchaban.
       Mañanas volandonas y parejeras. Las nubes pastoreando garzas por las orillas del estero. Mañanitas alegres de vidrios recién nacidos en el rocío mañanero. Con su bramar de vacada mansa, su ternura húmeda de becerros y un rudo galopar de caballos sabaneros. Calor de los mediodías sofocantes, cuando hasta las hojas desinflaban su vaivén. La vida se sumergía bajo la sombra de un árbol o en un penumbroso corredor donde el tinajero era dueño y señor de la frescura. Tristeza muriente de las tardes moradas, enceladas de nubes y colores ácidos sobre las talanqueras de Occidente. En la noche los hombres colgaban sueños bajo las claras estrellas, en un pausado vaivén de chinchorros moricheros. Por unas esquinas de silencio la luna se iba a los jagüeyes del río y una soledad de portones cerrados dialogaba con los faroles.
       Pedacito a pedazo los hombres construían la historia. Una historia que sabía a guásimos y caros, a cundiamor, a pascua sabanera, a ripio de sabana calichosa, a sed ardida, a agua derrumbada, a bajíos e hileros, a ganado y caballos, a sudor honrado y esfuerzo duro, a fe y voluntad de hombres machos.
       ¡Calabozo! Un poco de llano aprisionado. Un mundo de sol detenido. Un caliente palpitar de vida, cercado y abierto por muros, por casas, por calles y plazas. ¡Calabozo!, un lugar que no cierra ni encierra, que abre y descubre, libera y suelta. No es Calabozo sino aventura de quimeras. O será Calabozo, porque agarra los sueños. Igual que aprisiona a los hombres para que vayan y vengan y siempre vuelvan. Es un Calabozo, no de cadenas sino de amor. Ancho como la sabana, como la sabana abierto a su vital función de sol…

            

lunes, 2 de mayo de 2016

Agua, agua, agüita santa


Agua, agua, agüita santa

                Canta la lavandera canta
                a la orilla del río,
                agua, agua, agüita santa,
                lavo, bato, tiendo y río…

                Canta el sembrador canta
                mientras esparce la semilla,
                agua, agua, agüita santa,
                siembro, sudo, confío y río…

                Cantan los niños cantan
                en el campo o en la escuela,
                agua, agua, agüita santa,
                cómo alegra tu lluvia y encanta…

                Canta la madre canta,
                cuando a su niño amamanta,
                agua, agua, agüita santa,
                llenas mis senos de lactancia…




                Cantamos todos, todos cantamos,
                cuidemos el agua, el agüita santa,
                la miramos en rocío o en llovizna,
                y miramos a Dios en agua santa…

                                                                      Adelfo Morillo


Aprendizaje significativo

       Sembremos plantas en cualquier espacio y momento. Las plantas nos dan oxígeno en el aire y en el agua… El agua es bendición de Dios…



       Adelfo Morillo, Licenciado en Letras, 1978 (U. L. A.)… Profesor desde 1977 de Castellano, Literatura, Latín, Francés. Actualmente dicta la cátedra de Redacción y estilo en la Escuela de Historia (U.N.E.R.G.), ad honorem, y la Especialidad de Lengua en la Micromisión Simón Rodríguez; en Internet escribe en calabozotierradedios.blogspot.com

domingo, 1 de mayo de 2016

Aquí y ahora


Aquí y ahora

Aquí y ahora giran Planeta y Universo,
aquí y ahora estamos cada una de las personas en este mundo,
aquí y ahora pienso y siento,
pienso en mis ratos idos,
pienso porque el bien se imponga en cada uno de nosotros,
siento una brisa que llega y pasa,
refresca mi cuerpo sudoroso,
siento a mi mujer que hace rato salió,
y la pienso en sus cosas buenas,
siento en mi boca el pedazo de coco,
del coco que encontré hace un rato en el suelo,
siento una rana que croa,
anoche escuchaba su cro cro cro,
siento el canto del cucarachero,
siento la hoja que cae,
siento a la gente, cuando da y se da,
siento cómo va avanzando el tiempo,
hace casi sesenta años estaba en aulas primarias,
y ahora todo se me empata en memorias,
mas recuerdo los buenos momentos,
cuando no tenía novia
y soñaba como si la tuviera,
y le escribía cartas y a ella cantaba,
y me sumergía en añoranzas;
aquí y ahora siento a las gentes
y las cosas de este mi pueblo,
siento a los villatodosantinos en mi aliento,
los siento en los pastos y en los verdes de la tarde…
Siento a las villatodosantinas en mi tiempo,
cuando florece el alba
y cuando declina el ocaso más allá de los apamates…
Siento en casa olor a café mezclado entre jazmines,
llegan desde espinitos, azahares y limoneros,
inundan mientras se mecen con la brisa,
regalan delicias matutinas y traen remembranzas atardecidas…
Siento que canto a los perfumes,
por esta Villa de Todos los Santos,
y también canto a la Luna, a los aguaceros y a los chubascos…
Aquí y ahora pienso y siento,
sueño y canto a las formas de la Luna,
siento y pienso,
amo, canto y revuelvo cien besos y mil más;
pienso y siento,
vuelo, vuelvo y revuelvo esos besos y otros mil besos,
inicio y reinicio la cifra, cien y mil y otros mil más…
Pienso y siento, ando con huellas de este mi pueblo,
este pueblo que huele a pastos y a mastranto,
este pueblo con amanecer de josefinos
y en ocaso que declina más allá de los apamates…
                             
Adelfo Morillo

                                                                                

martes, 19 de abril de 2016

La conquista por la espada y por la prédica misionera dizque civilizadora


La conquista por la espada
y por la prédica misionera dizque civilizadora

       Comienzo con líneas entresacadas del libro Los conquistadores y su lengua, del filólogo Ángel Rosenblat, y a partir de la página 91 y siguientes, Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela, 1977, vamos a ir leyendo con interpolaciones, aclaratorias y cambio de la palabra español por castellano que son de mi responsabilidad, de cómo este autor nos señala la manera cómo el castellano nos fue impuesto por la Iglesia y por los conquistadores armados desde los primeros días de Cristóbal Colón y de los que con él vinieron y siguieron viniendo en años y siglos sucesivos, y así empezamos a ojear a Rosenblat

       Ya en la isla de Guanahaní, el 14 de octubre, tomó Cistóbal Colón por fuerza, siete indios, con el propósito de llevarlos a Castilla y hacerles –dice- deprender nuestra fabla, de aprender nuestra habla. También en Cuba cogió prisioneros –cinco indios- porque aprendieran nuestra lengua –dice el 12 de noviembre-
       El castellano era el instrumento general de la catequización. Y la hispanización significó la desaparición del indio antillano. La diversidad de lenguas indígenas favoreció la imposición del castellano, como única lengua general.
        La conquista implicó la hispanización. La lengua es compañera del Imperio. La conquista tenía en última instancia solo una justificación religiosa, cuyo fin supremo: extirpar la idolatría, convertir a los indios al cristianismo.
       La lengua castellana está impuesta en toda Hispanoamérica, aunque quedan pueblos, algunos muy grandes que conservan las viejas lenguas indígenas…
       Así, desde 1492 hasta hoy asistimos, por todas las vías, a una progresiva hispanización

       Y el trasnochado Colón comenzó por llamar indios a estos pobladores de estas tierras tan distantes de la India, y su confusión la mantuvo hasta el último día de su existencia, en el año 1506 en Valladolid, porque nunca se dio cuenta de que había llegado a unas tierras amplísimas, que quizás en lengua quechua pachamama, madre tierra, podía ser el nombre que le daban sus naturales pobladores aborígenes, ya que la idea de Colón era demostrar que la tierra era redonda y que por esa vía marítima se podía llegar a las Indias occidentales.
       Podemos afirmar que de las lenguas originarias de esta pachamama, madre tierra, que en la mitología quechua todavía hoy día pervive como deidad de pueblos aborígenes del noroeste argentino y del altiplano peruano-boliviano, solo encontramos muestras de tales lenguas en el vocabulario que usamos, y en la mayoría de los casos ignoramos su natural procedencia aborigen; y así pues en este continente que en fecha posterior a 1492, exactamente el 25 de abril de 1507, se le va a empezar a llamar América, nos vamos a encontrar con palabras de auténtica raíz de preconquista, entonces enterémonos que son de la lengua taína, Santo Domingo y Puerto Rico, canoa, cacique, bohío, maíz, batata, carey, naguas o enaguas, sabana, nigua, guacamayo, tabaco, tiburón, yuca, hamaca; del caribe usamos, caimán, caníbal, loro, piragua, butaca; del nahua tenemos, aguacate, cacahuete, cacao, chocolate, hule, petate, nopal, petaca, jícara, tiza, tomate, del quechua, alpaca, vicuña, guano, cóndor, mate, papa, pampa, carpa; del guaraní, mandioca, ombú; del arahuaco, ají, iguana; del nahua, guajolote, sinsonte, del quechua, china, chacra, choclo; del guaraní, tucán, ñandú, yaguaré, tapera; del araucano, malón
       Concluyo diciendo que los pueblos aborígenes de esta pachamama, ahora América, fueron aniquilados en su gran mayoría por el imperio de la conquista armada de España, y que sus lenguas y creencias originarias igualmente fueron desplazadas y sustituidas por la lengua castellana y por la religión católica, que va en clara oposición a los dictados de Jesucristo que se basa en el amor a cada uno de los seres humanos de este mundo; fue en resumen la imposición de la espada y de la prédica misionera dizque civilizadora

Adelfo Morillo 


miércoles, 13 de abril de 2016

Naturaleza, escrituras impresas, internet


Naturaleza, escrituras impresas, internet

Si leemos, andamos, miramos y aprendemos,
leemos en los signos de las plantas,
algo nos dicen sus hojas mustias,
alguna otra cosa nos cuentan sus hojas retostadas
olorosas a resolanas
y algo mejor nos cantan sus hojas en colores y esplendores,
sí, aprendamos a leer el libro de la naturaleza,
andemos en ella, miremos y aprendamos…

Leemos la naturaleza,
tantas escrituras impresas
y también internet,
y en ese mundo leemos, andamos, miramos y aprendemos,
y también navegamos…
Con Julio Verne empezamos a navegar en submarino,
y con él también viajamos a la Luna en cohete espacial,
era solo un sueño Cabo Cañaveral…
Y Homero en la Odisea
nos dice que la nave más veloz es el pensamiento…

Hoy, mi hijo Tomás anda de cumpleaños,
desde el corredor de mi casa marqué en el celular,
me contesta y lo felicito con alegría,
y me dice de su casa cercana a las aguas del río Chama,
y le digo Estoy allá junto a ti,
gracias a Dios, y al pensamiento
Y sí, recordaba ese sitio cercano al Chama,
mas de inmediato volví a mi estancia,
y ahora sigo celebrando por Tomás, mi séptimo hijo,
uno de los ocho nacidos en Mérida…
Y leo a Mérida
y a mi Villa de Todos los Santos;
me bañé en sus ríos y lagunas,
allá en lo alto, en los páramos,
como también me he bañado en ríos, caños y quebradas,
acá en estos llanos de sequías o chubascos….
Y mientras leo en cada tiempo y lugar,
sigo andando, mirando y aprendiendo,
y también navego sobre todo en mi blog de internet…

Adelfo Morillo