martes, 1 de julio de 2014

Andanza por nuestro idioma 137



Andanza por nuestro idioma            137

     Cuando llegué a Mérida de estudiante universitario, tuve que ocuparme de arreglar mi ropa, lo que me molestaba era lavarla, porque nunca lo había hecho, yo cosía y planchaba, ya que desde los doce años había trabajado en una sastrería en Calabozo; antes de graduarme comencé a dictar clases en el Colegio Arzobispo Silva, y en primer año leía con los alumnos en Castellano y Literatura, y una de las lecturas era Para nacer he nacido, libro de memorias, vivencias, anécdotas, escrito en prosa y en versos por el poeta chileno y mundial Pablo Neruda, y en el Cuaderno 7 Pablo Neruda habla…, encontramos esta nota

     “Hace años, cuando vivíamos en Santiago, Matilde y yo nos sentábamos en la noche a mirar la ciudad desde lo alto. Bajo nuestra casa, en una calle vecina que se divisaba perpendicularmente desde arriba, siempre, como en un rito, aparecían dos velas y una lavandera con su artesa…
     A ella le dediqué estos versos:

                               ODA A UNA LAVANDERA NOCTURNA

                                           Desde el jardín, en lo alto,
                                           miré la lavandera.
                                           Era de noche.
                                           Lavaba, refregaba,
                                           sacudía,
                                           un segundo sus manos
                                           brillaban en la espuma,
                                           luego
                                           caían en la sombra…

     Del latín lavare hemos formado lavandero, lavandera, lavadero, lavadera, lavatorio…
     Mi sobrina Bexy me trajo de regalo dos discos compactos con música del cantor margariteño Francisco Mata y sus guaiqueríes, y les ofrendo parte de la letra de la canción La lavandera

                                        Tengo mi lavandera
                                        que es muy hermosa,
                                        que es muy hermosa,
                                        que me lava la ropa
                                        con agua ‘e rosa,
                                        con agua ‘e rosa…

                                        Tengo mi lavandera
                                        del barrio mío, del barrio mío,
                                        que me lava la ropa
                                        con agua ‘e río,
                                        con agua ‘e río…

                                        Tengo mi lavandera
                                        que es un tesoro,
                                        que es un tesoro,
                                        que me lava la ropa
                                        con agua de oro,
                                        con agua de oro…

lunes, 30 de junio de 2014

Andanza por nuestro idioma 136



Andanza por nuestro idioma            136

     El escritor vienés y mundial Stefan Zweig escribió Américo Vespucio Historia de una inmortalidad a la que América debe su nombre… Y de este libro voy a entresacar partes del Capítulo IV Un mundo recibe un nombre…, y son las que para ustedes transcribo

     "No debe reprocharse falta de conocimientos geográficos quien ignore el nombre de la pequeña ciudad de Saint-Dié; los eruditos mismos tardaron más de dos siglos en averiguar dónde estaba situado aquel Santi Deodati oppidum, que contribuyó de modo tan decisivo a que el Nuevo Mundo recibiera el nombre de América... Por una extraña casualidad –la Historia se complace en el juego de las analogías de poca importancia-, se había dado a luz en esta pequeña ciudad un libro que ejerció una gran influencia en el descubrimiento de América: fue en ella donde el obispo d’Ailly compuso su obra titulada Imago Mundi, que, junto con la carta de Toscanelli, determinó a Colón a buscar el camino de las Indias por Occidente… No se puede, pues, negar cierta relación precolombiana entre América y Saint-Dié… Unos humanistas fundan en el pequeño pueblo de Saint-Dié una especie de colegio, llamado Gimnasium Vosgianum, que tiene por finalidad enseñar las ciencias por medio de la impresión de libros valiosos. En esta academia en miniatura se reúnen legos y eclesiásticos para cooperar en la obra cultural; pero es poco probable que jamás se hubiera tenido noticia de sus discusiones eruditas si un impresor llamado Gauthier Lud no se hubiera resuelto a instalar allí –hacia 1507- una prensa para imprimir libros.
     Libreros, eruditos, príncipes y comerciantes ven aparecer, en la Feria del Libro realizada el 25 de abril de 1507, un libro, de cincuenta y dos hojas, titulado COSMOGRAPHIAE INTRODUCTIO. (Introducción a la Cosmografía. Con los principios de geometría y de astronomía necesarios para ella. Además, los cuatro viajes de Américo Vespucio, así como una descripción (mapa) del cosmos, tanto en forma plana como en la de globo, de todas las partes ignoradas por Ptolomeo y que han sido descubiertas hace poco tiempo).
     Con esta publicación hecha en Saint-Dié, el nombre de Américo Vespucio ha sido exaltado en gran manera, aunque todavía no llega al pináculo de la gloria. En Cosmographiae introductio no se menciona ya el nombre de Colón, circunstancia debida, tal vez, a la ignorancia de los humanistas de los Vosgos. Porque de esta suerte toda la gloria, todo el mérito del descubrimiento se concentran, clara e intensamente, en Vespucio, y solo en él. Y de repente, en el séptimo capítulo, surge por primera vez la propuesta que habrá de ser determinante para los siglos venideros. Al referirse a la cuarta parte del mundo, quarta orbis pars, Waldseeemüller añade, a modo de insinuación personal, quam quia Americus iuvenil Amerigen quasi Americi terram, sive Americam nuncupare licet, porque la descubrió Américo, podríamos llamar en adelante tierra de Américo o América.
     Estas tres líneas son de hecho la fe de bautismo de América. Si el 12 de octubre de 1492, día en que Colón divisa desde la cubierta de la Santa María el brillo de la costa de Guanahaní, es considerado con razón como día de nacimiento del nuevo continente, el 25 de abril de 1507, día en que la Cosmographiae introductio sale de las prensas, debe ser designado como día de su bautismo. Waldseemüller dedica a su proposición un aparte entero… Y puesto que tanto Europa como Asia han recibido nombres de mujeres, no veo qué se puede objetar a que la nueva tierra lleve el nombre del hombre sagaz que la descubrió, aplicándosele, por consiguiente, el de Amerige, tierra de Américo o América…
     Al mismo tiempo, Waldseemüller hace imprimir la palabra América al margen del aparte y la registra además, en el mapa que va adjunto a la obra. A partir de aquella hora, América se llama América, y así ha de llamarse por los siglos de los siglos.
     América comienza y termina con la vocal más sonora del lenguaje humano, entremezclando armoniosamente a las demás. Es palabra a propósito para la exclamación entusiasta, clara para retener en la memoria; palabra enjundiosa, henchida y que cuadra a un país joven, a un pueblo fuerte, de altas miras; el pequeño geógrafo creó con su desacierto histórico, algo muy significativo al designar el mundo que surgía de entre las tinieblas, con esta palabra hermana de Asia, Europa y África.
     Dos palabras, Mundus Novus, dan celebridad a un hombre, tres líneas de un geógrafo nada famoso le hacen inmortal…"
    

Andanza por nuestro idioma 135



Andanza por nuestro idioma            135

     Del latín alecris formamos las palabras alegría, alegre, alegrar; y cuántas cosas menudas, efímeras y no tan efímeras nos producen alegría; si somos creyentes, pronunciar, honrar y glorificar a Dios nos llena de alegría y gozo; si sabemos apreciar colores, formas y perfumes de las flores, nos inundamos de alegría; si nos enamoramos con amor de la persona con que formamos pareja y de cada cosa que nos corresponde hacer en nuestra vida cotidiana, andamos la vida con alegría; si nos gusta la lectura, y nos informamos y aprendemos tantas cosas con alegría; si escuchamos música que nos gusta, cuando saboreamos comidas y bebidas de nuestro gusto, si paseamos y viajamos por donde queremos, si despiertos soñamos y nos ilusionamos, si nos gusta pintar, esculpir, actuar, danzar o bailar, cantar, construir, escribir; si entendemos que las rutinas no aburren, sino que son vitales, inexorables y armoniosas, como la rutina del sol cada día, vuelve a estar ahí de forma inexorable, y la rutina interestelar y planetaria, como la Tierra girando alrededor del sol…
     En el universo de la literatura nos encontramos con un sinfín de alegrías, y es así como me lleno de alegría cada vez que releo la novela poesía La piedra que era Cristo, escrita por Miguel Otero Silva, y sobre todo en la parte cuando  el autor hace que nos hable el viejo Jacobo, y este nos dice

     Al nombrar al Altísimo, Jesús lo llama Abba, Papá, una expresión infantil y familiar que jamás ha empleado antes que él ninguna religión ni ningún sacerdote. La oración que sale de sus labios es esta: Abba, Papá, Padre nuestro, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino, danos cada día nuestro pan, y perdónanos nuestros pecados, pues también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Es así, y no de otra manera, como le habla un niño a su padre…       
    

domingo, 29 de junio de 2014

Andanza por nuestro idioma 134



Andanza por nuestro idioma            134

     Mi mamá nos contaba que allá en Casita de Paja conoció a dos mujeres cobardes, así nos decía Cuando iban a parir una de ellas que tenía de nombre Carmen, y el día que le dieron los dolores, esa mujer no sé cómo se agarró de un colgadero y se subió al travesaño de la casa, se sentó enjorquetada sobre la palma que hacía de travesaño, lloraba y gritaba, pero cuando los dolores fueron de verdad para parir dejó que la ayudaran a bajar; y otra aspaventera cuando sintió dolores de parto, empezó a gritar -¡Ay, yo no vuelvo a estar con ese hombre, qué dolor tan macho, me voy a morir..! Y el hombre estaba en la casa y escuchando a su mujer con esos lamentos, agarró un cuchillo y dijo -¡Me voy a capar…! Y la parturienta escuchó al hombre decir eso y entonces gritó - ¡Atiendan aquí y atiendan allá, porque el hombre es loco y se puede capar..! Esas son mujeres amigas de aspavientos, porque cuando una siente dolores de parir, lo menos que le provoca es hablar y mucho menos gritar
     Aspaviento, del latín expaventis, ser que teme; como vemos la palabra tiene un sentido de sentir miedo, temor; mas casi siempre la usamos con sentido de alguien que muestra exagerados signos de algún sentimiento, y eso se lo trasladamos a fenómenos naturales, como cuando el cielo se cubre de nubes grisnegruzcas cargadas de agua, miramos resplandores de repetidos relámpagos, luego truenos que hacen retumbar el suelo y las casas, y unos brisotes que vuelan planchas de cinc y tantas otras cosas livianas y no tan livianas, y todo eso se disipa sin que caiga ni una llovizna, ante eso solemos decir ¡Solo fueron aspavientos, pura brisa y bulla..!
     En el llano somos muy dados a las exageraciones y a hacer aspavientos por distintas cosas, si cae un fuerte aguacero, decimos ¡Ah, mandilata de aguacero..!, o ¡Tremendo aguacero matasapos..! A los aspavientos también le decimos buche y pluma…, es más la bulla que la cabuya…, plantaje y bulla de alas…