miércoles, 9 de abril de 2014

Del aljibe a la tinaja



Del aljibe a la tinaja

     Aljibe, palabra árabe alyubb, el pozo… Aquí en Calabozo es muy común el uso de los aljibes, casi en cada patio de casa podemos observar uno de estos ojos de agua cristalinos, en las mañanitas el agua de aljibe es tibiecita como senos de mujer amada, y en el resto del día el agua es friíta con misterios de venas subterráneas…
     En casa tenemos un aljibe, bajo la sombra de los mangos de la vecina, y al lado sobre el piso coloqué agua corriente y distintos pájaros llegan a regalarse, saltan, bailan, cantan, se cortejan, vienen y van, y nosotros nos regocijamos mirando el desfile de cosas que tales pájaros nos ofrendan…
     A algunos de esos aljibes les meten galápagos y ahí retozan, y al mediodía es un espectáculo de colores la visión que nos deparan las aguas del aljibe, cuando se filtran en ellas los rayos del sol, el agua se mira límpida de un azul cristalino que atrapa todos los colores del arco iris… Cada vez que contemplo tal impresión en las aguas del aljibe, sueño despierto con un mundo de fantasía y de santas verdades, y siento que las venas del aljibe manan amor…
     Haz, Dios santo, que los corazones de nosotros los seres humanos sean venas de aljibes, que manen amor, bondad y verdad para vencer cada manifestación de maldad en este mundo, y que tu cielo y tu reino de amor comiencen a florecer entre nosotros…
     Canto al aljibe con música de arpas, bailo con juegos de sebucán y de capachos, bebo en sus aguas de miel caricias de querubes, y le escribo con letras de mastranto y con colores y fragancias de flores de boras…
     Me gusta caminar llevando agua del aljibe hasta el tinajero, me acaricia la música que produce, cuando la escancio desde la totuma a la tinaja, y en horas de la tarde es un don de Dios disfrutar del agua de aljibe con sabor sombreado de tinaja…

martes, 8 de abril de 2014

En El Picacho 20



En El Picacho                        20

     Era costumbre cada mes de agosto que llegaran a El Picacho canoas y bongos cargados de maíz jojoto, y los vendedores competían, unos decían a cinco bolívares, moneda de plata,, un fuerte, un cachete por un ciento de jojotos, y otros replicaban a cuatro bolívares y hasta a tres bolívares, y los compradores elegían a los que ofrecieran más barato, mi papá había salido con un saco grande y al poco rato volvió con el saco lleno de un ciento de jojotos, de inmediato vació los jojotos sobre el suelo del patio frente a la casa, y nos sentamos mi papá, mi mamá, Aleida y yo a pelarlos, cuando terminamos, mi papá buscó una totuma, amoló el cuchillo en la piedra, y después se sentó a cortar el maíz de mazorca, si conseguía algunos de grano duro, los apartaba para que mi mamá hiciera masamorra, y apartaba otros tiernos para asarlos en las brasas bajo el budare, y mientras él hacía eso, mi mamá me dio una peseta, moneda de plata de dos bolívares, para que comprara huevos, azúcar, mantequilla y queso blanco de cincho, salí brincando y saltando, me tropecé la mano con la pierna y la moneda se me salió de la mano, y fue a caer al río, que de crecido llegaba hasta la cerca de alambre gallinero del patio delantero de la casa, le dije lo sucedido a mi mamá, me regañó y me dio unos correazos, y me dio otra peseta y me dijo ¡Vaya y la bota otra vez…! Me fui lloroso a hacer el mandado, cuando regresé, miraba el caudal anchuroso del río…
     Había pasado la época de lluvias, ya era el mes de marzo, el río estaba muy bajo de caudal, y una mañana me bajé hasta la orilla, me acuclillé, metía las manos en las aguas y las sentía fresquitas, de pronto se retiró el agua y miré una peseta, el agua regresó rápido y la tapó, esperé a que la ola volviera a retirarse, y cuando lo hizo, metí la mano y agarré la peseta, que por el lado de la efigie de Bolívar tenía una manchita amarilla de orín de óxido, me fui corriendo hasta la casa con la moneda en la mano, y le conté a mi mamá cómo la había conseguido; mi papá estaba ausente de casa en alguno de sus trabajos, días después cuando volvió, le conté delante de mi mamá cómo había encontrado la peseta, y él dijo ¡Hijo, eso fue un prodigio, un milagro, una de esas tantas cosas extrañas que depara Dios..!

lunes, 7 de abril de 2014

En El Picacho 19

En El Picacho                              19

     Mi papá buscaba bejucos flexibles, los cortaba y con un pedazo de nailon lo curvaba en forma de arco y así construía una marimba o monocordio, y de esa sola cuerda dejaba salir ritmos monótonos y armónicos; y tomaba algún tallo de hoja de lechoso y lo cortaba por ambos extremos, le hacía un corte en la parte superior y cortaba del mismo tallo una cuñita, que colocaba debajo del corte, y de esa especie de flauta lechoseril dejaba salir acordes melódicos; también me enseñó a hacer gurrufíos, tomaba chapas de refrescos, las aplastaba con el martillo, le hacía dos agujeritos, por donde dejaba pasar una cabuya, y giraba y zumbaba el gurrufío, y zumbaba y giraba, y hasta cortaba cabuyas, y si uno se descuidaba, nos podía cortar el gurrufío; mis hermanos Greta, Wistrimiro, Ciriaiza y Wilfredo, que vivían en la calle Muñoz de San Fernando de Apure, con nuestra mamá Cecilia Filomena y con Ramón Ceballos, el padre de ellos, hacían los gurrufío con botones, que agarraban a escondidas de nuestra mamá,, que era modista y tenía un amplio surtido de cosas de modistería y de costurería en el mismo sitio, donde tomaba medidas a las clientas, que se medían ahí los vestidos, y también donde mi mamá trazaba, medía, cortaba, fumaba, pensaba, creaba, escuchaba canciones en la radio y cantaba…
     No puedo enumerar el sinfín de cosas que vivíamos cada día en nuestra casa de El Picacho, y yo me divertía, reía bastante, jugaba y soñaba, tiraba piedras sobre las aguas del río, buscaba lajas, piedritas planitas que cuando las lanzaba, se desplazaban raudas por buen trecho sobre las aguas del río, miraba las garzas y cotúas hundiendo el pico y al momento lo sacaban con un pez atravesado, le iban dando vuelta hasta que lo tragaban completo; y pasaban agua arriba y agua abajo canoas, bongos, fuera de bordas, voladoras y chalanas, y miraba cómo el río iba creciendo y cómo iba disminuyendo su caudal, algunas cosas ya no se ven, pero todavía quedan muchas otras que se tiñen de colores y sentires que son de la tierra y que permanecen en ella, como la espuma, los caribes y las boras en las aguas cobrizas del Apure…

Mariíta, María



Mariíta, María

     Mariquita es el nombre que se le da a un escarabajito de color rojo y punticos negros. Mariquita es diminutivo de María. Mariquita es broche de mujer. Mariquita es un coctel, bebida sugestiva de colores y de grato regalo al paladar; y mariquita es una fea manera en el decir de tantas personas, hombres, mujeres y jóvenes, para referirse a algún hombre, y a quien también le dicen gay, en castellano guei o guey…
     Aquí en Venezuela podemos decir que mariquita es mala palabra, por tanto de forma sencilla canto
Mariíta, María

                                   Mi María refulge luna y luceros,
                                   y es la morena mujer que quiero…
                                   A cada rato me sorprende algo bueno de ti,
                                   tu forma de andar,
                                   tu olor que me llega
                                   o solo tu idea en mi pensamiento…
                                   No sé decirte que es lo que siento,
                                   solo sé que renuncio a todo, menos a ti…
                                   Mi María se crece
                                   en pequeñas cosas cotidianas,
                                   y es mi dama,
                                   por ella pienso, siento, vivo y escribo,
                                   y por ella  sueño y despierto…                                   
                                   Camino y pienso,
                                   me detengo y pienso
                                   y en mi sentir te amo despierto
                                   y también cuando sueño,
                                   y si te quiero pequeñita,
                                   solo te digo Mariíta,
                                   Mariíta de mis días,
                                   Mariíta de mis noches…
                                                                                        Adelfo Morillo

domingo, 6 de abril de 2014

En El Picacho 18



En El Picacho                       18



En cualquier momento de cuando estaba jugando, pescando o haciendo algún mandado, me gustaba escuchar el comercial
                                                                         Emeterio, ¿por qué tan serio?
                                                                        ¡ Si la movida es con Pepsi..!
     Mi mamá me mandaba a la bodega a comprar ese refresco y también una barra de hielo, y cuando regresaba a casa con ese mandado, ella echaba el contenido de las botellas de ese refresco en un tazón de peltre, le agregaba agua, hielo y azúcar, batía con un cucharón, y ya listo le daba a cada quien un vaso completo de ese nuevo preparado, y puedo asegurar que sabía tan sabroso…
     Con nosotros también vivía mi prima hermana Aleida, nieta de mi mamá, hija de mi tía Amelia, la otra hija de mi mamá, y a quien mi mamá también crió, y Aleida a los catorce ya había formado pareja con Roberto Flores, chalanero y dueño de la chalana Mi Cabruta, y de Roberto tuvo dos hijos, el mayor Nelson Vicente y la menor Isnerda Rosa, y a Aleida le gustaba escuchar las canciones de moda, y cerca de la casa del lado arriba del río estaba el bar El Manguito, y en las noches temprano me daba un bolívar y un papel donde había anotado el nombre de las cinco canciones, para que el botiquinero las marcara en la rockola, y como nuestra casa estaba hacia donde soplaba la brisa, allá se escuchaba claritas la música y la letra de las canciones, todavía, a pesar de que son mas de cincuenta años transcurridos, recuerdo algunas de ellas
                                                                          Únicamente tú
                                                                          eres el todo de mi ser,
                                                                          porque al faltarme tu querer
                                                                          me muero de inquietud.
                                                                          Sabes que para mí
                                                                          no hay otro amor como tu amor
                                                                          y nada iguala la pasión
                                                                         que siento yo por ti…
    

Gavilán Blanco de las Sierras



Gavilán Blanco de las Sierras
          
           Venga conmigo y sea un gavilán que aspira al cielo
           Suba aquí Tenga sus ojos en el viento
           Échese este vestido Anúdese estas perlas
           Vea que se levantan las aguas Fíjese como todo es ya cielo
           —Cielo Ven
               Nubes esténse aquí
               Ahora las alas se le encienden
               Ya siente el aire resoplando
               Ya la pluma se agita y ya el día se revuelve
               Quién dijo Céfiros  y Quién querubines y quién luceros parejos
               Miren lo que es la puerta de la luna
               Aquí Aquí Noches veladas con luces de sirenas
               Aquí tristezas que se fueron al cometa
               Tráiganme el manto de los búhos que esto se refina más que el alba
               Asciende Corazón
               Asciende porque tuyo es este Reino
               Aquí llegan los Adanes / Las Evas aquí llegan
               Y noten qué sedas las que desenvuelve la nieve
           No sabía Aire que tuvieras tales veredas
           Qué de caminos y qué de arboledas naciendo
           He conseguido el color azul y estaba dormido
           Déjalo dormir
           Gavilán Blanco de las Sierras.                 
                                                                                          Ramón Palomares