sábado, 26 de enero de 2013


Óscar Guaramato

La otra señorita


     La maestra rural fue trasladada a otro pueblo. Nos comunicó la noticia momentos después de haber cantado un nuevo himno, cuando estábamos frente a ella, atentos a sus manos guiadoras del compás. Habló brevemente. Explicó que desde el lunes tendríamos otra maestra, que ella pasaría a regentar otra escuela, perdida en la maraña de un remoto caserío, y recomendó a todos que fuésemos amables con la nueva preceptora, por cuanto nosotros constituiríamos su prueba de fuego, su primer experimento de recién graduada.
     Era viernes y atardecía sobre las casas.
     Pero esto no sucedió ayer, ni anteayer.
     Ella era nuestra maestra de primeras letras, hace veinticinco años. Sin embargo, el tiempo transcurrido no impide que recuerde claramente las cosas ocurridas aquel día, lo que hicimos en la calle. Fue allí donde noté que había olvidado mi pizarra y regresé corriendo al salón. Busqué por todas partes y, al no encontrarla, llamé a mi maestra. Salió y vi sus ojos enmohecidos de llanto. Sin decirme nada, me abrazó sollozante. Recuerdo que yo también lloré, que era viernes y que el sol muriente lamía en el patio las hojas de un rosal.
     El domingo la acompañé a la estación.
     Yo cargaba su maleta. Fue un domingo a las once de la mañana. La locomotora tenía un nombre  –gavilán- y resoplaba como un animal cansado. Al fin, un hombre de uniforme gris ordenó a los pasajeros que subieran al tren. Fue entonces cuando ella me estrechó contra su pecho y me besó en la frente. Recuerdo claramente su pañuelo blanco, aleteando a lo lejos, y aquella dulce paz que me quedó en la cara.
     La otra señorita tenía pecas y fumaba.
     El lunes siguiente se encargó de la escuela. El mismo día encontré mi perdida pizarra.
     Yo no la oía. Pensaba en mi otra maestra. Veía su cabello de oro viejo, sus ojos llorosos, sus labios de frambuesa.
     Tal vez fue esto lo que me impulsó a escribir en mi pizarra: Señorita, yo la quiero mucho. Lo hice con una letra grande, redonda, y firmé al pie.
     Repentinamente una pregunta flotó en la sala. Yo no la oí. No hubiera oído nada, a no ser por el codo de un compañero de pupitre que me hizo volver en mí. La señorita me miraba ahora, esperando mi respuesta. No contesté. Ella se acercó y me quitó la pizarra de las manos. Recuerdo que era lunes y que hacía mucho calor y que el sol danzaba en el patio, como un conejo rubio.
     Yo mismo llevé la nota a mi casa. En ella se decía la causa  de mi expulsión de la escuela rural.
     Pasé muchos días apenado, vagando solitario por las riberas del río vecino, y recuerdo también, que me agarré a trompicones con más de un discípulo que me llamó “picaflor de alero”.
     Un día cualquiera me enviaron a una escuela de la ciudad.
     Pero nunca llegué a referir que lo escrito había sido para mi otra maestra, la del pañuelo blanco, la del cabello de oro viejo, y labios de frambuesa. La del primer beso.    



     Quizás en el existir cotidiano de los pueblos sean los cuentos los que más llenan el tiempo en la conversación de hombres, mujeres, jóvenes y niños. Sin lugar a dudas, cada pueblo se ha ido construyendo al abrigo de los cuentos, anécdotas y demás formas de expresión que le dan cuerpo a la literatura oral y escrita en la tradición. El cuento en la literatura venezolana nos ofrece maestros en la oralidad y en la escritura, cada uno de esos exponentes con sus particularidades en los temas y en las formas. En este caso nos referimos a Óscar Guaramato, natural de Barcelona, Venezuela (1916), que en su primer libro de cuentos Biografía de un escarabajo (1949), luego en su segundo libro Por el río de la calle (1953), en La niña vegetal y otros cuentos (1956), y en los tres libros con el título de Cuentos en tono menor nos presenta escenas, rasgos y colores de la vida cotidiana en ambientes rurales y citadinos. Leer la cuentiística de Guaramato es sorprenderse con pinceladas frescas de parajes encantados, gracias a su estro de poesía de cristal; en la narración de Biografía de un escarabajo nos envuelve con la imagen “rastreaba la brisa un olor a orégano”… En el cuento Caballo Blanco nos dibuja el encanto que todo niño en cualquier lugar y momento disfruta cabalgando sobre un caballo de madera, cuando imagina aventuras, hazañas y sueños; el autor con su particular forma de hermosear el lenguaje nos dice: “Mi caballo no tenía nombre como otros caballos. Pacía tras las nubes, o galopando incansable sobre senderos de almendras, en un prado de lirios agridulces cruzado por arroyuelos de miel. ¡Mi caballo vivía más allá del relámpago y la estrella!”  En Vecindad nos ofrece todo un inventario de nombres para describir los afanes, humores, labores, juegos cotidianos de una convivencia entre ratones, un marido, la mujer y el hijo, que según el lugar, el momento y la circunstancia nos va mostrando un calidoscopio de humana sencillez y ternura, en donde el ratón tiene voz y nos dice: “La señora harina-guiso-azúcar me ha tropezado a la orilla de la puerta… El señor podía ser por las mañanas jabón-café-colonia, por las tardes sudor-coñac-cigarro y por las noches aceite-anís-pantuflas. A veces el señor vociferaba y rompía floreros, y entonces la ecuación temperamental nos daba arena-hiel-jabones, o lumbre-.terrón-hierro. Era en esos momentos cuando la señora, lechuga-esponja-brisa, lloraba amargamente. Por cierto que el pequeño, plumón-almendra-tallo, fue buen amigo nuestro. El hombre, vinagre-ron-madera y ella, mermelada-tul-hoja, o trébol-lirio-espiga, el chico, mamila-musgo-grano, o el hombre, eructo-lima-piedra, o la señora, pavesa-humo-espina, o pañuelo-nudo-lágrima. Mi hijo ratón susurró al mirar al amigo que, tanto olía como él: - Padre, ¿es durazno-esperma-hielo? Podría ser, también, sudario-nardo-sueño… Pero mi mujer ratona agregó: -Yo creo que es cerrojo-tierra-vuelo”…  Para el año 1984 nos refiere Guaramato una práctica de uso por alguna gente conocedora de las propiedades curativas de las plantas, en Juan Herbolario el autor identifica con ese nombre el oficio de este hombre, y aún para estos momentos que vivimos existen seres dedicados a tales ejercicios. “Juan Herbolario se refugió en su hamaca y entre mecida y mecida charlaba con Eloísa: -Este caserón es mucho techo para nosotros dos. Pediremos a los amigos que nos regalen bancos y mesitas para crear una escuela. Luisa Lina será la maestra. Y llegaron los asientos y tras estos los tímidos alumnos. Luisa Lina: -Cebolla empieza por ce: / Ce, de, e, efe, ge… / Ajo se escribe sin hache: / Hache, i, jota, ka… / Esta innovación didáctica deslumbró al joven inspector escolar enviado para el registro del plantel. Le gustó el método y le agradó Luisa Lina. Conversaba largo y tendido con Juan Herbolario. –Ya son treinta los niños, y llegarán más. Podríamos darle a este centro categoría de escuela graduada. Yo me encargo del segundo y el tercero y Luisa Lina de los pequeñitos. Esto significa que debo radicarme aquí, y… -Prosiga, no se turbe. –quiero casarme con la novel educadora. Consulté con la viuda y me recomendó pedir permiso a usted.
     Aprobó en tres bajaditas de mentón. El amador corrió a dar la noticia…”


Safo: la de todos los bellos epítetos

     Safo, “la décima musa”, así la llamó Platón, nació en Éreso, isla de Lesbos alrededor del año 600 a. C… El poeta Alceo dice de ella: “Safo, la de los rizos violeta, la pura, la de la dorada sonrisa”, también la pretende, pero Safo no lo acepta…Safo tenía en Mitilene junto con su hija una escuela de música, danza y poesía para jóvenes doncellas, de distintas ciudades acudían a la casa de Safo, a la que ella denominaba “el hogar de las musas”…La poesía de Sabor está dedicada a Afrodita y a Eros, de allí la denominación de estro erótico, versos con los que canta el gusto por los cuerpos y rostros bellos, y Safo para eso vivió, escribió y se consagró, para preparar, admirar y disfrutar de la hermosura de las formas físicas… Sus versos sáficos en griego, aun traducidos al castellano o algún otro idioma nos transmiten el encanto auténtico de esta mujer poeta:

                      “Afrodita divina, diosa del áureo trono, hija de Zeus,
                       que tejes los encuentros del amor: yo te ruego
                       que no me hagas perder de tanto hastío
                       los deseos de vivir…

                       Para mí es como un dios
                       el que se sienta frente a ti, y escucha
                       tu dulce voz cerca y esa risa
                       que me para de golpe el corazón.
                       Pues yo te miro un solo instante, y ya no puedo
                       decir una palabra, se me hiela la lengua,
                       una delgada llama me recorre las venas,
                       mis ojos no ven nada, los oídos me estallan,
                       me baño en sudor frío, y tiemblo toda, pálida
                       como la hierba mustia, y siento que me voy a morir…
                      
                       Dicen que es una hueste de jinetes,
                       o una escuadra de infantes, o de naves,
                       lo más hermoso en la sombría tierra. Y yo digo
                       que es el ser que amamos…

                       Quisiera ver su andar amable
                       y el claro brillo de su rostro,
                       más que todos los carros de los lidios
                       y todos los soldados y sus armas…

                       Llueve hermoso rocío, y se abren
                       las rosas , y el perifollo delicado,
                       y el meliloto…

                       Eros sacudió mi alma,
                       como una ráfaga en el monte
                       cae sobre los árboles…

                       Volviste… e hiciste bien…
                       llegaste… yo mucho te extrañé…
                       y sosegaste
                       mi corazón ardiente de añoranza…

                       No puedo tejer, madre, mi tela; estoy enferma
                       por obra de Afrodita y por la añoranza
                       de un esbelto muchacho…         

                       Se han puesto la luna
                       y las pléyades… Ya es
                       medianoche… Transcurre el tiempo…
                       Y, para mi pesar, yo duermo sola…”

viernes, 25 de enero de 2013


Alberto Hernández

     La escritura de Alberto Hernández busca descifrar los misterios de la noche… Se adentra en la distancia entre la ciudad y el llano… A veces se vuelve erótica sin ser grosera, canta las formas de mujer y los encantos del amor…Si andamos sus letras nos invita a andar y a desandar el mundo de las preguntas y de respuestas que siguen aleteando en el viento…Por momentos se ovilla en las sombras, retorna a las luces del alba y al romance de la amada… Son palabras que trascienden la prosa y se tornan versos en pieles, miradas y aromas…
     Alberto Hernández, poeta de Calabozo y del mundo, transita con su mirada triste, preguntona y decidora, nos habla de las cosas sencillas, cotidianas en verbo de galanuras…En este papel dibujo significados buscando su poema y su música…En letras despliega hogueras memoriosas y torna al canto insomne de la noche: “asunto de pasear por la sombra y tropezar con tu aliento”…Nos transmite signos de vida, mas también nos recuerda el norte que nos lleva a la muerte…Como hombre de mundo y de lecturas hojea y ojea galerías de autores universales: ronda el estruendo bélico y erótico en Homero, se hunde en el mundo de ambición, poder y muerte en Hamlet, elogia silvas telúricas y lo desvela el estro amoroso de Safo…Se adentra en el pasado y lo asombra el recuerdo…Alberto se busca en lo interno, filosofa a lo socrático, y nos entrega ecos de ausencias y regresos… Anda sumido en su sombra, se encuentra en el espejo, se cuela en la arena del tiempo, se hace vértigo y espera…Esos vocablos en clave, como acertijo o metafísica que humaniza a Dios y nos recuerda lo feo y grosero de tantas cosas…Y en un momento se topa con esa revelación sublime: el silencio…Y siempre la presencia de mujer en sus ojos de poeta, la mujer danzante en el tiempo, en su hermosura de acercamiento o de desdén…Y se encumbra en voces, luces y sombras, y en el tiempo y en el canto de aves, y en la vida que es muerte y amenaza…
     Leamos, sintamos el canto de Alberto Hernández:
                      “Hacia dónde se dirige la noche Qué espacios ocupa
                       en el vació Qué horror nos contiene al descifrarla
                      
                       aléjate
                       de tu sombra:
                       vuelve al espejo
                       donde
                       el tiempo
                       aquel interior intacto
                       es vértigo
                       y espera

                       después del cuerpo
                       emigran
                       las miradas:
                       horas de litigios
                       tardes
                       revelaciones
                       estaciones para obedecer
                       al silencio

                       por el ángulo más estrecho
                       te ves y te alejas:
                       este hondo espacio
                       entre el sol y la muerte

                       Queda un lugar para la luz y la despedida: allí, sin pensar,
                       deambulas por el espejo
                       Hay una vieja costumbre que nos desaparece y nos acosa:
                       ventanales solos de hace milenios, la imagen de la
                       mujer en el patio, con el poema en las manos y la mirada
                       perdida en la figura que se aleja sin ella”


Alberto Hernández en su libro de poesías Nortes. Grupo Editorial Sobrevivientes Asociados. Maracay.
                      


Homero: Ilíada… Odisea

     Homero vivió en Grecia alrededor del siglo VIII a. C., canta y narra en la Ilíada la cólera de Aquiles y el rapto de Helena por Paris… Aquiles discute e insulta a Agamenón, jefe del ejército griego, a causa de Briseida, por lo que Aquiles decide no seguir en la lucha contra Troya… Patroclo le solicita a su amigo Aquiles que lo deje ir a combatir, para socorrer a los griegos, Aquiles consiente y le entrega sus armas… Patroclo se enfrenta a Héctor y este lo mata en la contienda…Aquiles vuelve a la lucha después de recibir de su madre, la diosa Tetis, las armas que le había fabricado el dios Hefesto… Aquiles encara a Héctor, lo persigue y lo mata… El padre de Héctor, el rey ya anciano Príamo, va hasta las tienda de Aquiles a rescatar el cadáver de su hijo, y ante el venerable anciano suplicante “que besa las manos del terrible matador de hombres, que ya arrebató la vida a varios de sus hijos”, Aquiles cede y le entrega el cadáver… El hilo emotivo del poema épico la Ilíada lo conduce el hecho de que Paris, príncipe troyano hijo de Príamo, ha raptado a Helena, esposa del rey griego Menelao… La vida de los griegos se circunscribe a los espacios del campamento en la playa, al frente de las murallas de Ilión o Troya: Aquiles, Agamenón, Menelao, Néstor, Diomedes, Odiseo o Ulises… En cambio en Troya el escenario es diferente: Héctor cuenta con la ayuda de Paris y de los jóvenes Sarpedón y Glaucón, al calor de sus padres, el rey Príamo y la reina Hécuba… Este épico poema está adornado por la seguidilla de epítetos que usa el rapsoda Homero: la aurora “de rosáceos dedos”, el mar “de abundantes rumores”, la lanza “de larga sombra”, Príamo, “el de la lanza de fresno”, Helena, “la de níveos brazos”, Aquiles, “el de los pies ligeros”… Una escena característica de la presencia fatídica en la creencia griega, como el referido a la muerte se da cuando Aquiles derrota a Licaón, también hijo de Príamo, y se niega a dejarlo con vida, y antes de matarlo Aquiles le dice: “Troyano, tú también debes morir. ¿De qué te quejas?  Murió Patroclo que valía mucho más que tú. ¿No me ves a mí, que soy un varón fuerte y hermoso? Hijo soy de un padre noble y una diosa ha sido la madre que me alumbró; pero también sobre mí está suspendida la muerte y sobre mí pende el duro destino. Alguna mañana, o una tarde, o un mediodía, hombre habrá que me arrebate la vida en plena contienda, hiriéndome con lanza, con espada, o con flecha disparada de lejos por un arco…”
     Homero nos canta y relata en la Odisea la historia de Odiseo o Ulises, que tras muchos infortunios y avatares vuelve a Ítaca, la isla donde él es rey, donde le ha esperado pacientemente durante 20 años Penélope, su esposa reina, que está sitiada por un buen número de pretendientes, a quienes Odiseo finalmente castiga dándoles muerte…A lo largo de este poema épico nos vamos a encontrar cuando Menelao le cuenta a Telémaco, hijo de Odiseo, acerca de Protego de Egipto que se transformaba en diversas formas engañosas… Leemos cuando Odiseo se separa de Calipso, se da a la mar, naufraga, y es salvado por Ino, el espíritu del mar… Odiseo llega a la orilla del mar, y ahí dormido y exhausto es despertado por los gritos de las doncellas de la princesa Nausicaa, hija del rey de los reacios, Odiseo les pide auxilio y las doncellas huyen asustadas, pero Nausicaa lo atiende y lo conduce a la ciudad, y al rey Alcinoo le cuenta Odiseo sus aventuras…Seguimos y nos encontramos con el relato de Odiseo y sus doce compañeros con el cíclope Polifemo, el gigantesco pastor de un solo ojo en medio de la frente que devora a algunos de los compañeros de Odiseo, hasta que este y los demás sobrevivientes lo ciegan con una estaca, y por una ingeniosa estratagema escapan de la cueva…Más adelante Menelao le cuenta a su esposa Helena la noche siguiente al día cuando introdujeron el caballo de madera en Troya…Continuamos y vemos cuando Penélope aparece con el arco de Odiseo y los pretendientes fracasan intentando realizar la hazaña del héroe Odiseo, consistente en pasar una flecha por la serie de unas cabezas de hacha… Al fin permiten, entre burlas, que el supuesto mendigo, Odiseo, haga la prueba. El héroe tiende el arco, dispara y la flecha pasa por los ojos. Luego dispara flechas contra cada uno de los pretendientes, y con la ayuda de su hijo Telémaco les dan muerte. Odiseo entierra a los pretendientes y se da a conocer a su esposa y a su padre. Homero narra la escena cuando los espectros de los pretendientes se acercan a la orilla del río Océano y conversan con los héroes de la Ilíada

jueves, 24 de enero de 2013


Víctor Hugo

     Víctor Hugo nació en Besancon; Francia (1802)… En 1829 publica Las orientales (Les orientales), florilegio del cual dijo Carducci que son “un tesoro de formas, de colores, de músicas”… Dos años después Víctor Hugo da a conocer Las hojas de otoño (Les feuilles d’automne), y el propio Victor Hugo dice que estas poesías son “unas hojas caídas, de unas hojas muertas como todas las hojas de otoñó. Esta no es la poesía del tumulto y del ruido; son versos serenos y apacibles, versos de la familia, del hogar doméstico, de la vida privada: versos del interior del alma. Son una mirada melancólica y resignada, aquí y allá, sobre cuanto existe, y más aún, sobre cuanto ha existido”… En 1850 publica Los castigos (Les châtiments), poemas que eran leídos en público, porque para entonces y siempre todo ser humano tiene derecho a la protesta, a la crítica a toda injusticia social… Las contemplaciones (Les contemplations) es el libro de poesías publicado en 1856, del cual podemos leer estos versos: “¡Poeta, haces bien! Poeta de triste frente, / que sueñas junto a las ondas / y sacas del fondo de los mares muchas cosas que están / bajo las olas profundas. / La mar es el Señor que, con miseria o con dicha, / todo destino muestra y nombra, / El viento es el Señor; el astro es el Señor. / El navío es el hombre”… Quizás una de las novelas maestras del romanticismo sea Nuestra Señora de París (Notre-Dame de Paris) publicada por Víctor Hugo en 1831, y trata de Esmeralda, linda muchacha gitana, que le llama la atención al principal de los diáconos de Notre Dame, Claude Frollo, devorado por mezquinas pasiones, la hace raptar por el jorobado Quasimodo, campanero de la catedral. Sin embargo, Esmeralda es liberada por el capitán de los arqueros, Phébus de Chateaupers, de quien se enamora la muchacha. Claude Frollo apuñala a Phébus y hace detener a Esmeralda a la que acusan de asesinato, la declaran culpable y la condenan a morir en  la horca; mas el jorobado también se ha enamorado de la muchacha, la libera y la lleva a la catedral, donde la mantiene fuera del alcance de Frollo; este se cubre con una máscara y se lleva a Esmeralda diciéndole que va a salvarla, pero ella lo reconoce y lo rechaza otra vez, Frollo para buscar ayuda, la deja en manos de una reclusa que odia a los gitanos, porque estos le habían robado a su hijita, pero la reclusa se da cuenta de que Esmeralda es su hija raptada, y Frollo y los arqueros luchan para arrebatársela y ahorcarla. Entonces Quasimodo enloquecido precipita a Frollo desde lo alto de la catedral, y se va a morir bajo el cadáver de Esmeralda que ya había sido ajusticiada…Y en 1862 Víctor Hugo publica los diez tomos de Los Miserables (Les miserables)… Monseñor Myrial hace que Jean Valjean deje a un lado la mácula de expresidiario, y se dedique a una vida recta, y así este se cambia el nombre por M. Madeleine, comienza a trabajar como obrero, invierte en un pequeño negocio y este le produce grandes ganancias, se vuelve empresario exitoso y comienza a socorrer a los necesitados, especialmente a Fantine, víctima del machismo; pero el inspector Javert lo observa de cerca. Un día M. Madeleine se entera de que un expresidiario de nombre Jean Valjean ha sido detenido, y para salvar al inocente da a conocer su verdadera identidad… Es enviado a la cárcel, se escapa y se lleva a la hija de Fantine, a la pequeña Cosette, se va a París, y al poco tiempo vuelve a aparecer Javert. Mientras tanto Cosette va creciendo y un joven Marius se enamora de ella, a la que ve a escondidas de Jean Valjean… Un día París está cubierto de barricadas, Jean Valjean encuentra una tarjeta donde lee acerca de los amores de estos dos jóvenes. Va hasta la barricada en que Marius combate, lo encuentra herido y desmayado, se lo lleva cargado, y lo salva llevándolo por entre las cloacas. Cuando Marius se restablece Jean Valjean acepta que se casen, prodiga buena dote a Cosette, revela a Marius su verdadera identidad y resuelve alejarse de la vida de ambos; con el tiempo Jean Valjean muere de nostalgia, por la ausencia de Cosette…
     Esta novela es una serie de episodios de digresiones, meditaciones y reflexiones, donde cual la vida cotidiana encontramos escenas de bondad y belleza hasta las ruindades más miserables, de esta obra se dijeron y se seguirán diciendo tantos más loables epítetos, vamos a destacar las palabras de Lamartine acerca de esta singular obra: “Este libro de acusación contra la sociedad podría titularse más justamente la epopeya de la plebe; es la novela del pueblo, ora crapuloso, ora soñador, a menudo sublime, sobre todo utópico, a veces perjudicial, frecuentemente heroico…”


Jesucristo

          “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos…
     Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados…
     Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra…
     Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados…
     Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia…
     Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios…
     Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos…
     Bienaventurados son cuando los insulten y persigan, y digan de ustedes todo mal por mi causa, mintiendo…
     Gocen y alégrense, porque su recompensa es grande en el cielo, que así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes…
     Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres…
     Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede esconder…
     Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de una caja, sino sobre el candelero, y así alumbra a todos los que están en casa…
     Así alumbre su luz ante los hombres, para que vean sus obras buenas, y glorifiquen al Padre que está en el cielo…
     No piensen que he venido para abolir la Ley de los Profetas. No he venido a invalidar, sino a cumplir…
     Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra, ni un punto de la Ley perecerá, sin que todo se cumpla…
     Por lo tanto, el que viole uno de esos Mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será en el reino de los cielos…
     Porque les digo, que si su justicia no es mayor que la de los escribas y los fariseos, no entrarán en el reino de los cielos…
     Oyeron que fue dicho a los antiguos: No matarás. El que mata será culpado del juicio…
     Pero yo les digo, cualquiera que se enoje con su hermano, será culpado del juicio. Cualquiera que diga a su hermano: “Imbécil”, será culpado ante el sanedrín. Y cualquiera que le diga: “Fatuo”, estará en peligro del fuego del infierno…
     Por tanto, si al llevar tu ofrenda al altar, te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y ve a reconciliarte primero con tu hermano. Entonces vuelve y ofrece tu ofrenda…
     Reconcíliate pronto con tu adversario mientras estás con él en el camino; no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al guardia, y seas echado en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí, hasta que no pagues el último centavo…
     Oyeron que les dijeron: “No cometerás adulterio.”
     Pero yo les digo, el que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón…
     Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti. Es mejor que pierdas uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno…
     También fue dicho: Cualquiera que se divorcia de su esposa, déle carta de divorcio. Pero yo les digo, el que se divorcia de su esposa, a no ser por fornicación, la expone a cometer adulterio. Y el que se casa con la divorciada, comete adulterio…
     No jurarás en falso, sino que cumplirás al Señor tus juramentos. No jures en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios…Sino que tu “sí” sea “sí”, y tu “no” sea “no”. Lo que pasa de esto procede del maligno…”


Parte de la doctrina de Jesús… Escrita por Mateo poco antes del año 70 d. C.